o verdadeiro heroísmo está en transformar os desexos en realidades e as ideas en feitos "sempre en Galicia"

viernes, mayo 26, 2006

Adiós

Aquí se acaba esta historia. Espero que os halláis entretenido acompañándome en este viaje. Es cierto que todo podría haber salido mucho mejor de lo que salió, y que realmente podría haber contado una historia más bonita, pero para leer historias bonitas se hacen los libros de aventuras. Y si no os ha parecido una historia bonita, bueno, pues espero que por lo menos halláis aprendido algo de todo lo que he contado, porque he intentado convertirme por un tiempo en un imitador de la rana Gustavo, el reportero más dicharachero, ofreciéndoos una visión más real del tercer mundo, algo diferente a lo que sale por la tele o lo que venden los misioneros que quieren salvar al mundo.

Ojalá alguien que haya leído toda la parrafada que he soltado se anime a hacer algo parecido, a viajar y a conocer otros lugares y personas que enriquezcan su visión del mundo, y si es gallego, mejor que mejor, así se dará cuenta de que vivimos en el lugar más maravilloso del mundo. Si lo hace y las cosas no salen tan bien como estaban planeadas, que no se preocupe, que es parte de la aventura.

Y es que las cosas casi nunca salen como uno se las imagina (para lo bueno, y para lo malo).

Unha aperta a todos.

Saúde e mar.

Miña terra galega

Cuando acabé de comer el bocadillo me dispuse a relajarme en el asiento y contemplar la llegada y salida de aviones por la vitrina que da a la pista de aterrizaje. También es entretenido fijarse en la gente, en como se comporta, en la pinta que tiene y en lo que hace. Quedé sorprendido al ver como pasaba por delante de mí Casimiro, un chico que trabajaba conmigo en la Policía Local de Sanxenxo. Él también me vio, pero no me reconoció. Es normal, porque cuando me fui no tenía barba, pesaba 11Kg más y tenía el pelo más largo. Tuve que echarle un par de gritos para que me hiciese caso. Él también se quedó sorprendido de verme. Había ido a Madrid a presentarse a la entrevista para acceder a las pruebas de la Policía Nacional. Estuvimos hablando de tonterías durante un buen rato. Fue una coincidencia tremenda, porque a parte de que nos habíamos encontrado, viajábamos a la misma hora, en el mismo vuelo y en asientos contiguos.

La salida de nuestro vuelo se retrasó por más de una hora ya que la tripulación de nuestro vuelo procedía de otro avión que también llegaba con retraso. Mientras esperábamos en la puerta de embarque pudimos escuchar por la radio la final de la Champions League que jugaba el Barça. Cuando por fin nos tocó subir al avión iban perdiendo 1-0.

El viaje de Madrid a Santiago ya es corto de por sí, que además teniendo compañía con la que charlar, se hace un mero paseo. A la llegada a Lavacolla nos enteramos de que el Barça había ganado la Champions y se había proclamado campeón de Europa. Yo me fui a la cinta a recoger mi equipaje mientras Casimiro salía, ya que el había viajado sin maletas. Después de un buen rato de espera, en el que me dio tiempo a hacerle una llamada a Guille para contarle que había llegado bien, apareció mi maleta.

Cuando salí para fuera lo primero que vi fue a mi padre aguantando un cartel que ponía “Sr. Franco”. También estaban allí mis hermanas (Lisa y Sonia), mi madre, Luís (el novio de Lisa), y algunos de mis amigos (Pablo, Juan Luís y Juan Manuel). Entre todos aguantaban una pancarta de bienvenida. Supongo que fue un poco vergonzoso para todos ellos, pero es agradable que la gente se tome tantas molestias para saludarte después de todo este tiempo sin verte. Fue muy emocionante volver a ver a toda la gente que quiero, porque, para mí no han sido tres meses y medio, ha sido mucho más que eso, ha sido una experiencia que recordaré toda la vida.

De vuelta al viejo continente

Llegamos de día Londres. Salimos de Miami a las 8 de la tarde y aterrizamos a las 10 de la mañana, aunque sólo fueron 8 horas de vuelo. Esto es lo bueno que tiene viajar en contra del sol. Para que luego digan que viajar en el tiempo no es posible.

La ciudad de Londres estaba cubierta de una espesa capa de nubes bajas. Parecía que en vez de estar entrando en el aeropuerto nos estábamos metiendo en un gigantesco pastel de nata. Esta vez no necesitaba cambiar de aeropuerto, tenía llegada y salida en Heathrow. Es un edificio moderno, bastante mejor que el de Gatwick (donde aterrizan la mayoría de las compañías de vuelos baratos, como Ryanair, y que queda muy alejado del centro de la ciudad). Como casi todos los aeropuertos que he visitado, se caracteriza por tener una zona antigua y otra más nueva, repleta de las últimas tecnologías y de tiendas de diseño. Entre toda esa tecnología, tuve la oportunidad de comprobar de primera mano la efectividad de los inodoros que echan agua automáticamente en cuanto te levantas, porque, como había predicho, la cena que me sirvieron el vuelo anterior, como dicen los nicas, me había dejado el estómago “hecho paste”. Es una pena que se esté acabando este blog, porque esto me recuerda que hay un montón de cosas más que os podría haber contado sobre Nicaragua y sobre los nicas. Una de ellas es la forma peculiar en la que a veces le dan uso al Castellano. Tienen palabras propias, como por ejemplo el saludo “qué iule??” que viene a ser una deformación de “¿qué hubo?”. También utilizan de forma peculiar otras palabras. Por ejemplo, cuando alguien te viene a pedir algo, por ejemplo, una libreta, te dice “vengo a traer la libreta”, pero lo que quiere decir es que se la quiere llevar. Otro ejemplo es la utilización de la preposición “hasta”. Si alguien te dice: “fulanito viene hasta las 5”. Eso quiere decir que fulanito todavía no ha llegado, y que hasta las cinco no viene. Hay muchas expresiones curiosas que quizás se hubiesen merecido un post aparte.

En la escala de Londres tenía menos de dos horas para pasar el control de aduanas, encontrar el mostrador para sacar mi tarjeta de embarque y encontrar la puerta de mi vuelo. A pesar de que tuve que hacer una tremenda cola para pasar por el escáner, me dio tiempo de sobra (con varias visitar al baño incluidas). El problema fue que 20 minutos antes de la hora de despegue del avión nadie sabía la puerta de embarque. Como no, viajábamos con Iberia. Cuando faltaban 5 minutos para la salida nos metieron a toda prisa en el avión. Lo único bueno de viajar con Iberia es que todo el personal de la compañía habla Español. Cuando sales fuera de España te das cuenta de lo importante que es saber Inglés. Leyéndolo todavía me defiendo un poco, pero cuando me hablan no me entero de nada. A los únicos que entiendo hablando en Inglés son a los tripulantes españoles. Nuestro piloto era un tipo muy informal, cuando hablaba por megafonía parecía que estaba de cachondeo. Al poco de que entrásemos en el avión se puso a contar por megafonía que el aeropuerto estaba hecho un desastre por culpa de la niebla, que había muchos vuelos retrasados y que íbamos a tardar un buen rato en despegar porque había que hacer cola para ocupar la pista. Al final la espera fue menor de una hora. Fue aceptable, porque algunos ya temíamos que se cancelase el vuelo. Esta vez sí que no os puedo decir si hubo turbulencias o no, porque en cuanto me senté me eché a dormir y me desperté poco antes de aterrizar.

La llegada a Madrid la hicimos en la nueva y famosa Terminal 4 de Barajas, que consta de dos edificios de una arquitectura espectacular unidos por un metro subterráneo sin conductor. Antes de coger las maletas hay que pasar de nuevo por aduanas. Cuando le enseñé mi pasaporte al policía nacional me dijo; “Sanxenxo... buena marcha, e?”. Resultó que el chaval era de Vigo. Si es que estamos en todos lados y no nos damos de cuenta.

A pesar de que la Terminal 4 está gobernada por la última tecnología, llevan bastante mal el tema de la devolución de equipajes. En primer lugar, porque hay que hacer a pie un recorrido de casi media hora para llegar a las cintas, y segundo porque, habiendo llegado, te toca esperar el pie de la cinta al menos media hora. Casi siempre me ha pasado que cuando llegan las maletas yo soy de los primeros en recibir las mías. Debe ser porque también soy de los primeros en facturar, porque tengo la manía de que en cuanto piso el aeropuerto me voy pitando a dejar las maletas, aunque falten cinco horas para el vuelo.

Yo viajaba a Santiago de Compostela mediante Sapainair, por lo que tenía que desplazarme hacia la Terminal 2. La Terminal 4 funciona como salida y llegada de vuelos internacionales y de los vuelos de Iberia. Como queda bastante alejada de la parte antigua del aeropuerto, a varios kilómetros, hay que coger un autobús para realizar el trayecto que las separa. En estos momentos me encuentro escribiendo mientras tomo un bocadillo de tortilla en la cafetería “El Trébol” de la Terminal 2, tras haber facturado mi maleta y conseguido mi carta de embarque. Son las 19:30 y hasta las 21:30 no sale mi avión a Santiago. Pasaré el rato con este pan que llevo tanto tiempo sin probar hasta que mi estómago diga “basta”.

Despedida de Nicaragua

El día antes de mi partida tenía pensado irme pronto a dormir para afrontar el viaje con energía, pero los chicos que trabajaban en Amigos de la Tierra decidieron que podíamos salir a cenar todos juntos para despedirme. Fuimos a una pizzería de la zona rosa de Managua que se llama Valentis. Creo que Guille tiene mucha suerte, la gente con la que cuenta son todos unas grandes personas.

El día siguiente, 16 de mayo, me levanté a las 5 de la mañana. De la primera en despedirme fue de Ofelia. Creo que echaré de menos a mi cuñada adoptiva. Después fuimos a la oficina y tras pasar un par de horas allí también me despedí de los chicos. A las 10,30 salimos Guille y yo hacia el aeropuerto de Managua (aeropuerto Augusto César Sandino). No es un aeropuerto muy grande, aproximadamente del tamaño del aeropuerto de Vigo. Ahora mismo están en plena remodelación, por lo que algunas zonas lucen muy bonitas, y sin embargo otras te hacen creer que estás en una estación de autobuses de los años 80. Aquí me tocó despedirme de Guille. Tengo mucho que agradecerle, porque conozco a pocas personas que se hayan portado tan bien conmigo. Antes de llegar a Nicaragua yo no había tenido una relación muy intensa con él, no nos conocíamos demasiado ni teníamos una confianza mucho más allá de la que proporciona haber charlado unas cuantas veces. Yo simplemente era amigo de su hermano. A pesar de eso me trató como si fuera su hermano mismo y me hospedó en su casa como si fuese parte de su familia. No creo que encuentre una manera adecuada de agradecérselo. Lo hizo genial. Cuando llegué aquí era el hermano de uno de mis mejores amigos, pero ahora puedo decir que él es uno de mis mejores amigos. Quizás se pueda decir que tuve un poco de mala suerte al coger una infección de amebas al llegar a Nicaragua, pero para compensar me he encontrado con un grupo de personas maravillosas que no olvidaré. Si leéis esto, gracias a todos; a Guille, a Ofelia, a Freddy, a Marcel, a Diego, a Zaira, a Riqui, a Hilario, a Javi, a Kristina, a los chicos del CIDeS, y a todos los demás que se han cruzado conmigo en esta experiencia.

A la una de la tarde salió mi avión de Managua. Estuve tentado a comprar un montón de recuerdos en las tiendas del aeropuerto, pero no lo hice en ese momento ni tampoco antes porque mi billete no me permitía llevar más de una maleta, y ésta iba repleta.

De nuevo viajaba con American Airlines. Los aviones de esta compañía no son una maravilla, pero en general son bastante mejores que los que yo he visto en Iberia. Al embarcar te dan las famosas hojas de inmigración de los EEUU, esas en las que te preguntan una sarta de tonterías. En la que interroga si eres deficiente mental se la deberían aplicar a sí mismos. En pleno viaje las turbulencias dieron unas buenas sacudidas al avión. A mi lado viajaba una señora que parecía bastante novata en esto de volar, porque en cuanto notó que algo no iba bien se agarró al asiento como si en ello le fuese la vida (eso pensaría ella). Yo también me asusté, pero me puse a pensar que de tantos aviones que cruzan los cielos en el mundo cada día, malo sería que se cayese justamente el mío. Es un razonamiento un poco estúpido, pero a mí me funciona. Después de dos horas y media de vuelo, cuando tomamos tierra, más de uno se presinó (la señora de mi lado entre ellos).

Esta vez Miami no lucía igual de espectacular que hace tres meses y medio. El cielo estaba encapotado, el día era oscuro y llovía intermitentemente, pero no por eso hacía frío. Los policías andaban como siempre, vestidos con sus pantalones cortos. A la llegada al aeropuerto hay que pasar por las oficinas de inmigración. Allí entregas los papeles que cubre en el avión, te toman las huellas digitales y te sacan una fotografía digital con una especie de webcam. Con el fin de hacer el mundo un poco más seguro, a los gringos se les ha ocurrido la feliz idea de que la gente que está en tránsito (como yo), tiene que recoger las maletas. Esto es una tontería, porque las sacas de la cinta, cruzas una puerta, y las vuelves a entregar otra vez para que continúe el viaje. Sólo aquí pasan estas cosas.

Cuando conseguí mi carta de embarque y localicé la puerta que me correspondía me dediqué a comerme un bocadillo en un banco de la calle. Cuando lo fui a comprar me asaltó la duda de si sería capaz de pronunciar correctamente en inglés el nombre del bocadillo que se anunciaba en los carteles del restaurante de comida rápida. Cuando me di cuenta de que el camarero que recogía los pedidos charlaba en Castellano con su compañero se me disiparon las dudas.

A la hora de la salida pasé por el escáner. Como son americanos, no les valía un escáner normal, como los que hay en el resto del mundo. El suyo es una especie de cabina de teléfonos donde te metes y te echan chorros de aire por todos lados. Delante de mí iba una pareja mayor y ambos parecían bastante despistados. El policía de aduanas se estaba empezando a desesperar con ellos porque les estaba pidiendo los tickets de embarque y ellos sólo le daban los pasaportes. Estaban más perdidos que un pulpo en una gasolinera. No pude evitar una sonrisita cuando el marido le dijo a la mujer: “Deixa a chaqueta, coño, e busca o que che pide”. Si es que estamos en todos lados...

La salida de Miami fue de noche. Esta vez sí que estaba espectacular con sus grandes rascacielos alumbrados. Como la última vez que crucé el Atlántico, volvimos a volar en un Boeing 747 de British Airways. Es una bestialidad de aparato, con dos pisos. Todos los asientos tienen su propia televisión. Hay 15 canales, todos ellos con buenas películas. Es una lástima que no se hayan molestado en poner ni uno solo en versión española. L@s azafat@s son muy atentos, pero de Español, ni papa. A diferencia con Iberia, aquí te sirven bebidas a todas horas y las comidas son comestibles. Yo pedí un poco de lasaña, pero aquello era una bomba de relojería para mi estómago. A pesar de que tenía hambre, tuve que abandonarla a medio camino porque sabía que más tarde tendría problemas.

Durante este viaje también hubo bastantes turbulencias, más de uno se regó su asiento y a sí mismo con la taza de café que le acababan de servir. Yo estaba tan cansado que a pesar del meneo me quedé dormido.

jueves, mayo 18, 2006

Montelimar beach




Mi tiempo en Nicaragua se acaba. No han sido ni cuatro meses, pero para mí han supuesto una vivencia intensa. Guille, Ofelia y yo decidimos que había que festejar de alguna manera esta experiencia, así que se nos ocurrió disfrutar de unas microvacaciones en Montelimar Beach, el hotel de la cadena mallorquina Barceló que está situado en la playa de Montelimar, en la costa pacífica de Nicaragua. De este modo, matábamos dos pájaros de un tiro, ya que Guille y Ofelia necesitaban un pequeño descanso en sus trabajos.


Montelimar es el típico hotel del Caribe (con la salvedad de que no está en el Caribe, sino en el Pacífico) hecho para turistas extranjeros. La empresa promotora compró un terreno de bosque casi virgen, limítrofe con una playa casi desierta. Es un área cercada, por lo que no es posible acceder a dentro del recinto ni al arenal si no eres cliente del hotel.


Nuestra estancia fue de sólo un día, del sábado al domingo, debido a que no disponíamos de mucho más tiempo y dos días se nos escapaban un poco del presupuesto. Lo bueno era que cuantas más personas fuesen, más se reducía el precio. Al ser tres adultos, un niño y un bebé, con régimen de “todo incluido”, nos cobraron 60 dólares a cada uno de los mayores y 27 dólares por Carlitos. El precio por noche varía bastante a lo largo del año, pudiendo pasar de 40 dólares a más de 100, dependiendo del la época del año y de si es un periodo vacacional, y por supuesto, de si es fin de semana.

Cuando haces la entrada te colocan una pulserita verde que no te puedes sacar durante tu estancia. Esa pulsera te da derecho a realizar todas las consumiciones que quieras y acceder a todos los servicios dentro del hotel. Yo creo que el precio está bastante bien, porque incluye todas las

comidas desde las 12 de la mañana del sábado hasta las 3 de la tarde del domingo. Durante todo el tiempo intermedio puedes consumir lo que quieras a cualquier hora. Distribuidos por todo el recinto del hotel hay varias cafeterías y bares que ofrecen gratuitamente cualquier bebida y gran variedad de comidas. El desayuno, el almuerzo y la cena se hacen en un comedor con servicio de buffet. Yo pensé que al ser un buffet la comida no sería de mucha calidad, pero nada más lejos de la realidad, porque la calidad y la variedad eran excelentes. Las comidas se convertían en un verdadero problema, porque era dificilísimo hacer una elección. Yo opté por coger un plato grande y hacer variada recopilación, en pequeñas porciones, de todo lo que se mostraba apetecible. En casos como este uno se arrepiente de no tener un estómago de gran capacidad. Si Juan Luis me hubiese acompañado...

La pulsera verde también te capacita para poder acceder a otro tipo de servicios en el hotel, además del de la comida, como son la participación en las actividades de animación que organizan (partidos de voleyball, clases de aerobic, juegos, etc.) y el disfrute de varios deportes (bicicletas, tablas de surf, kayak de mar, minigolf, ping-pong, billares, tiro con arco, etc.). Por la noche organizan shows, en los que un individuo anima a la gente y un ballete hace coreografías, todo al más puro estilo “programa de José Luis Moreno”. Es un entretenimiento familiar. Para los que se quedan hasta más tarde, hay una orquesta que toca salsa y merengue. A última hora de la noche un DJ entretiene a los que tardan más en irse a dormir con temas de reagetón. Como Guille y Ofelia viajaron con los niños se fueron pronto a dormir. Yo decidí ir a investigar el ambiente nocturno en las instalaciones, así que me colé en medio de la gente que asistía a estos espectáculos. Fue una pena que no hubiese viajado con nosotros Marcel (al principio la idea era que nos acompañase, pero a última hora nos comunicaron que no había más plazas), porque así podría haberme hechocompañía en la salida de noche. Me limité a sentarme en una silla con un “Flor de caña” en la mano, desempeñando el papel de observador internacional.



Hay un edificio grande en el que se encuentran las habitaciones más pequeñas. El resto de las habitaciones se encuentran distribuidas en bungalows repartidos por todo el recinto.

Estos bungalows son como pequeñas casitas con todas las comodidades, desde aire acondicionado hasta televisión por cable, pasando por tabla de planchar. Todas se encuentran a escasos metros de la playa. La nuestra estaba bien posicionada, a 200 metros del comedor, a 100 metros de la piscina y del jacuzzi y a menos de 100 de la playa. Las palmeras que hay entre las habitaciones y el arenal tienen muchas hamacas para tumbarse a descansar.

El hotel cuenta con una mega-piscina que tiene un bar en el medio, al que sólo se puede llegar atravesando el agua. En ese sentido no tuvimos demasiada suerte, porque cuando nosotros llegamos estaba de remodelación. A parte de la piscina principal había un jacuzzi gigante, una piscina pequeña y una piscina para niños. También puedes ir a la playa. En esta época del año los precios del hotel son relativamente bajos, por lo que los turistas procedentes de otros países centroamericanos (Honduras, El Salvador, Costa Rica...) aprovechan estas fechas para acercarse a Montelimar. Esta gente no disfruta de la playa al igual que nosotros, pasan poco tiempo en ella y, evidentemente, no se tumban a tomar el sol.

La playa es enorme, calculo que puede medir unos tres kilómetros, ocupando a lo largo todo el territorio del hotel. Los clientes se hacen escasos para una extensión tan grande (acostumbrados a ver las playas españolas abarrotadas en verano) y parece que está casi desierta. El agua está caliente y hay unas buenas olas. Cuando Guille y yo fuimos, los vigilantes tenían puesta la bandera roja, pero, como otra gente, nos bañamos sin arriesgar demasiado.








El océano Pacífico tiene un nombre poco conveniente, porque puede ser cualquier cosa menos pacífico. Yo me metí a nadar sumergiéndome por debajo de las olas, pero cuando miré hacia atrás vi que la corriente me había desplazado unos 200 metros de mi punto de partida. La situación me puso un poco nervioso, porque al intentar volver al punto donde me había metido, la corriente me arrastraba en dirección contraria. Menos mal que uno es buen nadador (jeje) y ha ido a tres o cuatro clases de natación... No fue una situación peligrosa ni mucho menos, pero estuvo bien para darse cuenta de que había que andar con ojo.

En un sitio como este no llega el tiempo para aburrirse. A todas horas hay actividades de animación. Nosotros nos entretuvimos jugando al minigolf y paseando por la playa. Realmente, fue una experiencia muy recomendable.





viernes, mayo 12, 2006

Adios, Somoto

Ya ha llegado el último día en Somoto. Finalmente no he salido hacia Managua el jueves 11, sino el viernes 12, por dos razones:

La primera es que dos trabajadores del CIDeS tenían una reunión en la oficina de Amigos de la Tierra con Guillermo, por lo tanto, Freddy y yo aprovechamos que ellos viajaban en el todoterreno para acompañarlos y ahorrarnos el autobús. La otra razón para viajar el viernes por la mañana en vez del jueves por la noche era que ya no necesitaba estar a primera hora en Managua. Y es que ya he dicho que las cosas aquí funcionan de “aquella manera”. El miércoles llamé al hospital Metropolitano para hablar con mi doctor, Jorge Gutiérrez, quería recordarle que para nuestra cita del viernes tuviese listo un informe de mis exámenes médicos. La secretaria me dijo que no podía hablar con él porque estaba en el extranjero y no volvería hasta el domingo. Así es qué, me acababa de enterar de que ya no tenía cita con el médico. Fue todo un detalle haberme avisado.

Algo parecido me pasó con mi vuelo de vuelta a casa. Aquí la gente no se ha acostumbrado demasiado al cambio de horario. A veces, cuando quedas con alguien a una hora te pregunta si es por la hora vieja o por la hora nueva (y eso que ya han pasado dos semanas). Debido a eso, decidí comprobar que mi avión a Miami mantenía el horario previsto. Haber llamado resultó todo un acierto, porque sí que cambiaron la hora. Lo curioso fue que no retrasaron el vuelo una hora, sino dos. Como en el caso del hospital, fue todo un detalle que se hubiesen molestado en avisarme.


Freddy y yo celebramos mi último día en Somoto con una tortilla española y una clara de cerveza. Para él fue todo un descubrimiento el mezclar la cerveza con gaseosa. Estoy españolizando a este hombre. Creo que está un poco triste por mi marcha. En Somoto no hay demasiado que hacer, y si, aún encima, vives solo, las tardes solitarias se hacen eternas, sobre todo si vives en el mismo lugar que trabajas. Hemos tenido una gran amistad estos meses y los dos hemos aprendido mucho el uno del otro; este Freddy es un gran
tipo. Lo echaré de menos.

Al día siguiente amanecimos a las 5 y nos preparamos para la salida. Fue un gran reto conseguir cerrar la maleta con todo lo que tenía que meter en ella. Además de lo que traje debía cargar con varios libros que había fotocopiado para mi proyecto. Tuve que regalar algunas camisetas y un pantalón para que el espacio fuera suficiente. Ya contaba con deshacerme de alguna ropa cuando salí de mi casa, pero es a la ropa vieja a la que le tengo más apego. Además, la ropa vieja siempre hace falta.

Sobre las 6.30 salimos de camino a Managua en el todoterreno de la Alcaldía de Somoto. Viajábamos 5 personas en el vehículo, incluido el chofer. Yo iba en la parte de atrás y al poco rato de salir empecé a oír un ruido extraño. No le di demasiada importancia, ya que el todoterreno está medio destrozado, hace años que acabó su vida útil estimada y pide a gritos un reemplazo. Supuse que sería alguna chapa un poco floja. A medida que pasaba el tiempo el ruido era más frecuente. Cuando se hizo evidente que algo no iba bien, el conductor estacionó a un lado de la carretera. Todos bajamos y pudimos comprobar como una de las ruedas de atrás estaba prácticamente suelta, las tuercas que sujetaban la llanta estaban aflojadas hasta el extremo del perno y a punto de caerse. A los cinco se nos quedó la cara a cuadros al comprobar la situación. Un par de kilómetros más y no lo contamos. El conductor levantó el coche con el gato y apretó las tuercas todo lo que pudo. Según él, la rueda se había aflojado por sobrecargar el todoterreno el día anterior con un reparto de plantas de café. Dijo que ya estaba todo bien y que por tanto podríamos continuar nuestro camino. Todos nos subimos un poco desconfiados. Previamente al incidente viajábamos charlando para hacer más ameno el camino, pero después de lo sucedido todos manteníamos un absoluto silencio. El conductor reorientó su retrovisor hacia la rueda trasera para tenerla controlada con el rabillo del ojo mientras conducía. El resto no quitábamos ojo al conductor para comprobar con qué asiduidad miraba hacia la rueda.

Como es habitual en estas carreteras, tuvimos un par de sustos antes de llegar a nuestro destino; primero casi nos comemos a un coche que adelantaba en plena curva y después casi hacemos lo propio con un trailer que avanzaba hacia nosotros a la par de un autobús, pero tuvimos la suerte de tener un carril supletorio hacia el que desviarnos. Hay conductores en Nicaragua que se piensan que conducen por Inglaterra, porque pasan más tiempo en el carril de la izquierda que en el de la derecha.

Aquí acaba mi experiencia somoteña. Ya falta menos para llegar a Galicia. Sólo me quedan cuatro días en Nicaragua.

Adiós, Somoto.

martes, mayo 09, 2006

Recta final

Ya ha empezado la recta final de mi estancia en Somoto. El jueves 11 de mayo emigro de este bendito pueblo. Los que me conocen aquí dicen se me ilumina la cara cuando sale a conversación los pocos días que me quedan. Lo cierto es que no se equivocan cuando dicen que tengo ganas de irme.

Somoto no es un sitio que esté del todo mal, hasta se le puede coger cariño, pero las circunstancias han hecho que no asocie este lugar con una buena experiencia.

Yo lo comparo con la siguiente situación:

Si te invitan a dar un paseo en barco, y nunca has navegado, es posible que te marees. Eso hace que no disfrutes del viaje y que asocies, a partir de ese momento, el navegar con una mala experiencia. Sería una tontería decir que no volverías jamás a montar en barco porque te mareaste una vez, pero siempre guardarás esa conexión…

No sé que impresión se habrá llevado la persona que haya leído lo que escribí en relación a la temporada que estuve enfermo, pero no exagero si digo que la experiencia me ha marcado. Inevitablemente no consigo desligar la imagen de este pueblo de la idea de haber pasado una temporada fatal. Ya, para mí, es todo la misma cosa. Hay otros motivos a parte de la enfermedad que me empujan a darle un calificación negativa a Somoto, como pueden ser los problemas en mi proyecto, las dificultades con la comida, el calor (es que yo soy más de frío), las cucarachas, etc. Por cierto, el otro día había una cucaracha en mi cama que era tan grande, que si la oigo ladrar diría que es un perro. Además, aquí no hay nada que hacer. ¿Por qué creéis que la gente tiene tantos hijos?. Porque se aburren tanto, que hay que pasar el tiempo de alguna manera y dormir en la hamaca es la segunda opción. Aquí os dejo la foto del vigilante del CIDeS, al que la primera opción se le muestra complicada en horas de trabajo.

Ya he pasado más de tres meses aquí y nunca he explicado qué es lo que hago yo en estas tierras. Creo que ya van siendo horas, ¿no?.

En primer lugar, tengo que decir que la cuestión de hacer mi proyecto de fin de carrera en Nicaragua, era simplemente la excusa para conocer otro país. Normalmente este tipo de proyectos tardan en hacerse bastante más de tres meses. El mío resultará bastante más informal de lo que debería ser, pero confío en que el hecho de haberlo hecho en esta situación, y casi sin ayuda por parte de un tutor, pueda compensar su simplicidad, por lo menos a ojos de los evaluadores del tribunal.

Si el hecho de que disponía de poco tiempo y carecía de la orientación de un tutor, no era suficiente, llegué a Nicaragua sin tener demasiado claro en qué iba a consistir mi proyecto. Supuse que podría improvisar algo sobre la marcha.

La primera idea fue hacer un censo de las obras de conservación de suelos que existían en la subcuenca Aguas Calientes, que se ubica dentro del municipio de Somoto (obras de conservación de suelos son construcciones que ayudan a retener el suelo y el agua, como pueden ser las terrazas de banco o las barreras vivas de árboles). Somoto padece una importante sequía durante los meses de verano (de febrero a mayo), y las obras de conservación de suelos ayudan a que se infiltre agua en el suelo para que se recarguen los acuíferos en invierno. Mi misión consistiría en averiguar quién realizaba las obras de conservación de suelos así como su calidad. Posteriormente la población de Somoto, mediante un pequeño incremento en la factura del agua, compensaría económicamente a esta gente. La idea era buena, pero implicaba que me tenía que recorrer toda la subcuenca Aguas Calientes, de cabo a rabo. El problema era que la Subcuenca mide 47Km2. No sé si os hacéis una idea de cuanto es eso, pero confiar en mí cuando os digo que en tres meses no da tiempo a recorrerla toda.

Fue entonces cuando decidí cambiar de estrategia y pensé en realizar un mapa de riesgo de erosión de suelos. Un suelo erosionado es aquel que ha perdido su capa fértil debido a su exposición a las lluvias o a los vientos, volviéndose improductivo. La erosión es un grave problema en Somoto, ya que los agricultores arrasan los bosques para dedicarlos a la agricultura, dejando el suelo sin su cobertura natural que los protege de la climatología. La metodología consistía en utilizar una ecuación en la que se combinasen los efectos de la lluvia, del porcentaje de pendiente, de la cobertura vegetal, del tipo de suelo, etc. y mediante un programa informático sacar un mapa que nos dijese qué terrenos había que proteger para evitar que se degradasen. Tuve dos problemas; el primero fue la falta de información (no encontré los suficientes registros para completar los factores necesarios), y el segundo fue que escogí un programa informático que, una de dos, o no estaba diseñado para hacer lo que yo pretendía, o yo no sabía hacerlo. Así es que, abandoné también esta idea.

El tiempo cada vez era más escaso. Me tuve que poner las pilas para pensar en algo rápido y útil. Como tenía bastantes libros sobre obras de conservación de suelos, decidí hacer un proyecto llamado “GUÍA PRÁCTICA DE METODOLOGÍAS DE CONSERVACIÓN DE SUELOS EN PARCELAS AGRÍCOLAS DE LA SUBCUENCA AGUAS CALIENTES, NICARAGUA”. El nombre es largo, pero la idea es sencilla. Consiste en hacer una guía que ayude a seleccionar cual es la mejor obra de conservación de suelos a aplicar en las fincas de la Subcuenca, dependiendo de las condiciones de la finca y de las posibilidades del agricultor. Me quedan 3 días en Somoto y estoy a punto de finalizarlo. No es un proyecto muy científico, pero por lo menos creo que es útil.

Lo que sale en la foto es lo que se pretende evitar, que los agricultores dejen los campos como si hubiese caido una bomba nuclear en ellos.


Un nuevo cristiano sobre el sol

Yo pensaba pasar de continuo hasta el 11 de mayo en Somoto, pero el viernes 28 por la noche recibí una llamada imprevista. Era Ofelia, la mujer de Guille, que me invitaba al bautismo de Yalí (su hijo de un año) el domingo 30. Lo cierto es que me daba un poco de pereza levantarme a las 4.30de la mañana del día siguiente para recorrer los 200 y pico kilómetros hasta Managua, pero estaba seguro que lo pasaría mejor allí, que estando solo en el CIDeS todo el puente del primero de mayo.

El sábado me levanté a trancas y a barrancas, me duché, desayuné y fui directo a la estación de autobuses para coger el que salía a las 6,15. Siendo sábado, me imaginé que iría prácticamente solo en el autobús, pero nada más lejos de la realidad. Como es habitual estaba el revisor gritando “¡¡¡Managua!!!”. Bueno, no, en realidad no dice eso, dice algo así como “¡¡¡¡¡¡¡¡¡Menneeeeeeeggggguuaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!”. A mí ya me pareció raro el hecho de que a la entrada dijesen; “pasen, pasen, va vacío” y cuando subí las escaleras me encontré con que únicamente había un par de asientos libres. La explicación es que para el revisor, va vacío quiere decir que no va hiperlleno. El autobús salió de la estación al completo y empezó a recoger gente en las paradas. Al cabo de una hora, el interior de aquel autobús era una imagen dantesca de gente amontonada que luchaba por buscar un sitio en el que respirar bajo la axila de individuo que tenía al lado. Si Amnistía Internacional tuviera constancia de esto, habría denunciado a la empresa de transportes por trato inhumano a sus pasajeros. De hecho, había tanto contacto físico que seguramente salieron del autobús más personas de las que entraron.

A mi llegada a la capital, cogí un taxi y me dirigí a la oficina de Amigos de la Tierra, donde pasé el rato hasta que llegó para recogerme Guille junto con el padrino de Yalí. El padrino era un amigo de Guille, de 60 años, Salvadoreño, y colega de profesión. Dirige una fundación para la protección ambiental del río Lempa, en El Salvador. Este hombre es una persona bastante peculiar, fue un alto cargo de la Guerrilla Salvadoreña (FMLN; Frente Movimiento de Liberación Nacional) durante la guerra de ese país. Una guerra de tantas que han arrasado América Latina durante los años 80 con la inestimable ayuda de los sucesivos gobiernos Norteamericanos. Parece ser que este hombre tuvo un puesto relevante en el conflicto. No voy a contar mucho sobre la guerra en El Salvador, sobre todo porque no estoy muy informado, pero si queréis ver una buena película sobre el tema os recomiendo “Voces Inocentes”.

El resto del día lo pasamos haciendo los preparativos para el bautismo, comiendo pizza en un italiano y yendo de compras.

Al día siguiente, domingo, tocaba cambio de hora. Se reunió el Presidente con unos ministros, y de la noche a la mañana, se les dio por hacer el cambio. Como las cosas funcionan de “aquella manera”, casi nadie se enteró, y de los que se enteraron, a algunos se les olvidó cambiar el reloj, por lo que llegamos tarde a la cita con el cura. No fuimos los únicos, también llegó tarde el cuar, y de 30 invitados que éramos, por lo menos 20 llegaron una hora después de lo previsto. La ceremonia era en la capilla de la UCA (Universidad Centroamericana). No sé si os habréis dado cuenta, pero aquí les encanta utilizar las siglas. Los ministerios, no se llaman “Ministerio de tal cosa”, sino que se llaman MAGFOR, MARENA, MINSA, etc. Volviendo al tema, el lugar elegido para el bautizo fue una capilla de la universidad en la que estudió Ofelia. Allí nos recibió un viejecito bastante peculiar que resultó ser el sacerdote. Se notaba a primera vista que este cura no era como los demás. Se trataba de un jesuita vasco, de 90 años, que había llegado con una misión a Nicaragua hace varias décadas. Tuve la oportunidad de hablar un rato con él: me contó que había estudiado Ingeniería mecánica en Madrid. Luego había vivido en China, donde aprendió Chino Mandarín. También hablaba perfectamente Alemán e Inglés. Cuando llegó a Nicaragua empezó a dar clase de Ingeniería en la UCA, pero más tarde decidió cambiarse de campo y centrarse en la Ecología, concretamente en Malacología (estudio de los moluscos). Freddy fue alumno del padre Adolfo de la Fuente (así es como se llama), y me comentó que este hombre viaja tres meses de cada año Los Ángeles para sacar fotografías de micromoluscos con microscopio electrónico. Charlando con el Padre, comentó que en unos días viajaría a la isla de Ometepe para hacer un estudio con un grupo estadounidense de Nacional Geographic. Este hombre me dejó totalmente impactado, porque, a parte de los conocimientos que tenía, físicamente se conservaba en pleno estado de forma e irradiaba una sencillez impresionante en una persona con tal cantidad de vivencias y sabiduría. Creo que ha habido pocas personas que hayan conocido al padre Adolfo y no se les haya pasado por la cabeza… “Ojalá llegue yo a los 90 años con esa vitalidad”

Antes de iniciar el bautismo, el cura, se presentó a cada uno de los invitados e hizo algunas bromas. Seguidamente pasó un buen rato explicando en qué consistía la ceremonia del bautismo, cuales eran sus pasos y el por qué de cada uno de ellos. Consiguió hacer el tema digno de mi interés. Después dio paso a la misa. Ni tan siquiera se cambió la ropa, conservó su pantalón y su camisa y se puso la cinta característica de los sacerdotes en la misa por detrás del cuello. La sencillez del oficio me dejó impresionado. Básicamente se redujo a los pasos mínimos imprescindibles. Me hizo mucha gracia cuando dijo; “bueno, ahora en este punto tocaba rezar unos cánticos, pero como no tenemos coro y no cantamos muy bien, este paso nos lo saltamos”.

Yo, particularmente, creo que la Iglesia Católica tiene dos opciones, renovarse o desaparecer, y pienso que si todos los curas fuesen como el padre Adolfo, la Iglesia podría sobrevivir. Por lo que tengo entendido, los Jesuitas son una orden religiosa, generalmente dedicada a la enseñanza, compuesta por hombres instruidos en diversas materias, sobre todo en ciencias, que proponen una forma más moderna de vivir el Cristianismo, mucho más flexible y menos ortodoxa. Gracias a esta forma de vivir el cristianismo, los Jesuitas se han ganado la desconfianza de la parte fuerte de la Iglesia (los jefecillos del Vaticano), que los denominan “Los enanos cabezones”, ya que según ellos tienen mucho intelecto y poco espíritu.

Finalizado el bautismo, nos dirigimos a celebrarlo a un conocido restaurante que quedaba cerca de la Universidad. Es curioso que a medio mundo de distancia los Cristianos sigamos empeñándonos en celebrar los actos religiosos con comilonas. ¿Será cuestión de la religión o de la cultura de la comida que expandieron los españoles en la conquista?. El local elegido se llamaba Marea Alta, y es uno de los pocos lugares de toda la ciudad donde se puede comer pescado (una opción exclusiva a un precio exclusivo). Está decorado con un ambiente claramente marítimo, y nada más entrar te puedes encontrar una nevera en la que están expuestos algunos mariscos al más puro estilo “restaurante de zona vieja de Santiago de Compostela”. El lugar donde se ubica el restaurante se llama La Zona Rosa de Managua, que es el barrio de más glamour de toda la ciudad. Se puede decir que es la zona fresa (aquí a los pijos les llaman fresas).






El menú consistía en una curvina que podía ser empanada o al ajillo. Yo la pedí al ajillo, y no sé si era porque hacía mucho tiempo que no comía un pescado de verdad o porque estaba bien preparado, pero me supo a gloria.

La comilona no duró demasiado, y al cabo de un par de horas los invitados empezaron a irse. Yo decidí quedarme con Marcel para dar una vuelta por la ciudad y tomar algo en un bar. Aprovechando que estábamos en la zona rosa fuimos a un local que tenía muy buena pinta. El sitio era bonito, pero el precio de las consumiciones era totalmente del primer mundo. En la factura te incluyen el IVA (16%) y la propina voluntaria (entorno a un 10%).

Luego nos dirigimos a un centro comercial. Está claro que este tipo de sitios están diseñados para los cheles, los fresas y los extranjeros, porque el 90% de la población nicaragüense no se atrevería ni a asomar la cabeza puertas a dentro de estas instalaciones. Charlando de todo un poco, Marcel me comentó que a él nunca le habían gustado los centros comerciales, pero desde que vivió en Cali (Colombia), les había cogido cariño, porque era uno de los pocos lugares por los que se podía pasear tranquilo.Yo tenía pensado aprovechar la estancia en el centro comercial para así poder comprarle algún detalle a Ofelia y a Guille por haberme invitado al bautizo, y de paso, en agradecimiento por el trato tan hospitalario con el que me alojaban en su casa. Di en el clavo cuando me encontré con una tienda de Pórtico. Para el que no lo sepa, Pórtico es una cadena pontevedresa de tiendas de artículos para el hogar. Me pareció bastante raro que Pórtico tuviese una tienda en Managua y Zara, por ejemplo, no. Dicen que en Costa Rica y en otros países de Latinoamérica sí que hay tiendas de Zara, pero no se consideran tiendas de ropa barata, sino todo lo contrario.

El caso es que al meterme en Pórtico ya estaba como en casa, así que no me costó demasiado trabajo encontrar lo que buscaba. Al final opté por un reloj de cocina y un juego de platos.

El día fue bastante intenso, porque, ya que estábamos cerca de la Catedral de Managua aproveché para echarle un vistazo. Es una obra arquitectónica bastante peculiar. Os dejo unas fotos para que vosotros mismos juzguéis hasta que punto el modernismo tiene alguna relación con la belleza. Lo que más me sorprendió de la construcción fue una pequeña capilla situada a un lateral. Es una especie de refugio nuclear donde hay un Cristo dentro de una vitrina circular. Valió la pena entrar a verlo.







Cuando ya empezaba a caer la noche decidí despedirme de Marcel y cogí un taxi para regresar a casa de Guille. Al principio me pidió 80 córdobas (es que está bastante lejos) pero conseguí que me lo dejase en 70. De camino se me dio por sacar tema de conversación y le pregunté al taxista cuanto tiempo llevaba en el oficio. El hombre empezó a hablar, hablar y hablar y acabó contándome su vida. Empezó contando que había sido cabo del Frente Sandinista en la Guerra. Cuando acabó la Guerra trabajó como administrativo, pero al quedarse sin trabajo tuvo que pasarse al taxi. Por lo general, en Nicaragua, los taxistas no son dueños de sus propios vehículos. Lo más habitual es alquilarlo diariamente a una cooperativa (que de cooperativa no tiene nada, porque son de un tío solo), pagar la gasolina que consumen, y llevar a cuantos más clientes mejor. Luego siguió con el tema preferido de conversación del país; que si la política está muy mal, que si mucha corrupción, que si demasiada natalidad… llegados a este punto, te encuentras dos clases de personas; los religiosos que dicen que la excesiva natalidad se debe a que la gente peca demasiado, y los no religiosos (como mi taxista), que dicen que la Iglesia tiene la culpa por fomentar que las familias tengan hijos. El hombre me contó que en estos días su hija estaba viajando de mojada hacia los Estados Unidos. Todas estas historias me llegaron a emocionar. Es el mismo cuento que se repite una y otra vez en estos países, pero escuchada de primera mano impacta mucho más.

Eran las 7 en punto de la tarde y el sol se acababa de poner (todo el año se pone a las 6, pero ya os dije que ese día hubo cambio de hora), pero todavía había suficiente luz en la carretera. El taxi llevaba puestas las luces de posición, pero no las de corto alcance. Pasamos al lado de un control de la Policía y nos mandaron parar. Evidentemente, esto a los taxistas les molesta bastante, porque su taxi es alquilado y el tiempo perdido es dinero perdido. Le pidieron todos los papeles habidos y por haber, y cuando comprobaron que estaba todo en regla, el agente, le dijo: “Le voy a tener que multar, por andar de noche sin las luces puestas”. Por una parte, no era de noche, y por otra, el coche no traía las luces apagadas. Tras un buen rato suplicando, el Policía se hizo el generoso, diciendo que le iba a rebajar la multa a la mitad por llevar puestas las luces de posición. Sólo le iba a cobrar 150 córdobas. ¿En dónde se ha visto que te pongan media multa?. Este policía tenía más cara que espalda y sólo le faltó pedirle el soborno directamente. Mi taxista aguantó bien el tipo y empezó a hablarle del Frente Sandinista. Yo estuve tentado a abrir la boca para defender al pobre hombre, pero pensé que sería mejor estar callado porque en ese momento no llevaba conmigo ni el pasaporte ni ningún tipo de identificación, y si el policía, quería podía amargarme la tarde. Finalmente hubo suerte, el estafador desistió de su intento y nos dejó marchar.

Si hay una cosa importante que me llevo de Nicaragua es haber conocido a mucha gente interesante. En días como este, donde conoces a un taxista que representa la situación de América Latina, a un exguerrillero y a un jesuita bastante peculiar, te sientes como si hubieses participado en un ciclo de conferencias destinadas al crecimiento personal.

jueves, mayo 04, 2006

El Cañón de Somoto



Ya había comentado hace tiempo que cerca de Somoto existía un lugar llamado “El Cañón” donde el cauce de un río (el río Coco) discurre por una falla abierta entre dos paredes enormes que superan los 50m de altura. Esta formación geológica lleva miles de años ahí (evidentemente), pero ha sido en los últimos dos años cuando se ha empezado a considerar la zona como lugar de interés turístico. El motivo fue que en el 2.004 un grupo de geólogos checos vinieron por aquí para hacer un estudio sobre el riesgo sísmico de Somoto. Los aldeanos y habitantes del lugar ya conocían el Cañón desde siempre, pero fueron los expertos los que le dieron fama al lugar, ya que consideraron que era una formación de espectacular singularidad.

Aprovechando que yo soy semi-residente en Somoto, Marcel se acercó un fin de semana al pueblo para visitar el Cañón con un par de amigos vascos, Javier y Kristina. Estos dos chicos trabajan en el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo). Fueron compañeros de Marcel en un master realizado en Bilbao sobre cooperación internacional. Ellos dos accedieron a una beca del Gobierno Vasco para trabajar para las Naciones Unidas en Nicaragua y les ofrecieron la posibilidad de quedarse en el puesto. No me ha quedado muy claro todavía el porqué, pero es generalizado que la gente que trabaja en cooperación para organismos oficiales se manifiesta poco satisfecha con su labor. Todos dicen que preferirían trabajar en ONGs, pero la pela, es la pela. Debe ser que algo se está haciendo mal desde este tipo de instituciones. También es cierto que en este mundillo, en general, reina la idea colectiva de que la cooperación internacional funciona deficientemente. Se podría decir que, visto desde dentro, hay un descontento generalizado. Mi opinión personal también va en ese sentido. Ver como funcionan estas cosas sobre el terreno es un poco desmotivante. La ayuda al tercer mundo, o mejor dicho, la forma en la que se lleva a cabo la ayuda al tercer mundo, es un tema muy criticable. No seré yo el que se dedique a hacer esa crítica, porque se podría decir que yo conozco esto desde ayer. A pesar de eso ya tengo muy claro que esto no funciona como debería.

Es curioso el hecho de que cuando se juntan varias personas que trabajan en cooperación (oficial o no) siempre acaba saliendo el mismo tema de conversación; “qué mal funciona este país”. Por lo general alguien empieza quejándose de algo que no le gusta y al final todos contribuyen a criticar la vida nicaragüense de la forma más descarnada. Se empieza por la política, se sigue por la corrupción, y se acaba hablando de cualquier aspecto de la personalidad de los nicaragüenses o de su vida cotidiana; que si se va la luz cuando llueve, que si un día de cada dos no me puedo duchar porque cortan el agua, que si las tiendas abren y cierran cuando les da la gana, que si todo el mundo te intenta estafar, que si los hombres nicas son vagos, borrachos y machistas, que si la población tiene doble moral, etc. Al final de la conversación, cuando todos se han desahogado de la rabia contenida a cerca de las cosas que odian, uno a uno aclaran, que, de todos modos, le gusta vivir en este país.

Marcel y sus amigos tenían pensado venir un viernes para quedarse hasta el domingo, pero yo les advertí que en Somoto la oferta de ocio los fines de semana era muy, muy limitada, así que decidieron venir el sábado por la mañana. La idea era comer temprano y luego desplazarse hacia el lugar. Fuimos a un restaurante que queda cerca del CIDeS, llamado “El Somoteño”, al pie de la carretera Panamericana. En los restaurantes de pueblo la variedad suele ser bastante limitada, incluidos los que tienen carta, y dentro de la poca variedad, se da por supuesto que todos los platos deben llevar carne (excepto el gallopinto). Si a mí me parece complicado elegir comida (aunque casi siempre acabo optando por el pollo a la plancha), para Marcel, Javi y Kristina se presenta bastante más difícil, porque los tres son vegetarianos (aunque Kristina está intentando reinsertarse a la sociedad carnívora). El camarero les miró con una cara rara cuando le pidieron tres platos de ensalada con arroz y huevos revueltos. Estuvimos más de una hora esperando por la comida.

Cuando salimos del restaurante ya se nos había hecho un poco tarde para iniciar el viaje hacia el cañón, así que decidimos posponerlo hasta el día siguiente. Pasamos la tarde del sábado dando vueltas por el pueblo, comiendo helados y echando unas partidas al billar. El billar goza de una buena afición por estar tierras. Hay un par de locales con mesas, en las que jugar una partida te cuesta 2 pesos (10 céntimos de euro). Por las tardes siempre hay una gran cantidad de hombres jugando. Las mesas no son una maravilla, no suelen estar muy cuidadas, todas las varas están torcidas y los tapetes son más marrones que verdes, por el polvo. Además, las troneras son enormes y es demasiado fácil meter bolas. Estas mesas son una alegoría de los propios nicas.

Esa noche dormimos los cuatro repartidos entre mi cama y la de Freddy. Por la mañana preparamos un buen desayuno, y nos pusimos camino del cañón. Kristina había traído su Suzuki Vitara, ya que para llegar al lugar era imprescindible contar con un todoterreno. La última vez que intenté ir al lugar con los chicos del CIDeS nos quedamos embarrancados en la arena, así que esta vez fuimos por otro camino que se suponía más seguro. Salimos de la carretera principal y nos adentramos por una zona bastante tortuosa hasta que llegamos al cauce del río. Lo cruzamos y seguimos por la arena. Nos volvimos a quedar embarrancados, pero esta vez, empujando un poco y con la ayuda de la tracción 4x4 conseguimos sacarlo. Para no arriesgar mucho, dejamos el vehículo aparcado en un sitio seguro y decidimos ir hasta la entrada del cañón a pie. Otros turistas nos encontraron de camino y nos invitaron a ir hasta el lugar en la tina de su pick up.

Como ya dije, yo nunca había ido al lugar, así que no me hacía una idea demasiado exacta de lo que nos íbamos a encontrar. Al menos, se me ocurrió llevar bañador y chanclas, cosa que Marcel no hizo, porque se vino con vaqueros, pensando que el recorrido era básicamente una ruta de senderismo.

Cuando llegamos a la entrada, donde se empezaba constreñir el río y las paredes que lo encauzaban crecían, nos encontramos con un ranchito de palmas bajo el que descansaban unos cuantos hombres. Nos contaron como funcionaba la logística turística: en primer lugar, había que pagar entrada. Lo curioso es que no se sabía para quien era el dinero porque se supone que el Cañón es terreno público. Pero por 5 pesos no es cuestión de protestar. Luego nos llevaron en una pequeña barca río arriba, en la que el viaje costaba 10 córdobas por cabeza. Al llegar a la base de las altas paredes, desembarcamos y empezamos el camino a pie. La ruta no era complicada, pero había que andarse con ojo para no caerse de los peñascos. Un par de chicos que estaban a la entrada del Cañón se ofrecieron a hacernos de guías.

El recorrido total abarca más de cuatro kilómetros, de los que parte se pueden hacer andando, pero otras zonas consisten en unas pozas de gran profundidad escoltadas por paredes verticales que hay que atravesar nadando. Nosotros no íbamos preparados para nadar, así que nuestros guías nos ofrecieron unos neumáticos de camión para atravesar las pozas. Habría sido un problema no disponer de ellos, ya que no me imagino nadando con una mano y aguantando la cámara de fotos con la otra mano fuera del agua.








El agua estaba templada y era bastante apetecible. Uno a uno nos empezamos a montar en nuestros “flotadores” para poder avanzar el primer trayecto. Lo primero que pregunté era si había culebras; no me apetecía pescar una con el dedo gordo del pie, como hizo Carlitos con el trozo de carne. Según nos explicó uno de los guías que nos acompañaban, las pozas tenían una profundidad media de 17 metros, y una anchura de 5. Decía que el nivel del agua aumentaba muchísimo en época de lluvias, unos 10 o 15 metros más. También nos contó que antes de que llegase el huracán Mitch, todo el cañón podía recorrerse de un solo, con una barca, pero su fuerza hizo que se derrumbasen parte de las paredes, dejando tramos aislados e impidiendo el acceso de las barcas.









Uno de nuestros guías decidió hacer una demostración de valentía al saltar desde una de las paredes del cañón hacia una de las pozas. Aquí os dejo una foto para que os hagáis una idea de la magnitud de la altura desde la que saltó (sin matarse, por cierto). Marcel hizo una imitación más modesta desde una altura inferior.

En el último tramo del recorrido tuvimos que abandonara las cámaras de fotos, escondiéndolas en un agujero, ya que era una parte en la que había que nadar porque no era suficiente con subirse en los neumáticos. Espero que las fotos que saqué hasta ese momento os sirvan para haceros una idea de lo espectacular del lugar.

La vuelta se hizo un poco más dura que la ida, supongo que fue por el cansancio acumulado, pero también nos lo pasamos muy bien. La barca nos volvió a llevar al punto de partida y allí le agradecimos su compañía a nuestros guías con una propina voluntaria.

El camino que nos separaba del coche de Kristina tuvimos que hacerlo andando, ya que no aparecieron por ningún lado los dueños del pick up que amablemente nos habían acercado al Cañón.





Si algún día venís hasta Nicaragua, que no se os olvide pasaros por el Cañón de Somoto (ni tampoco os olvidéis del bañador).

martes, mayo 02, 2006

De paso por Honduras

Yo viajé a Nicaragua en calidad de turista, por lo tanto, me concedieron un visado para estar en este país durante 90 días. El tiempo pasa deprisa, y ya casi se han cumplido tres meses desde que pisé esta tierra de lagos y volcanes. Cuando se acaba el tiempo disponible por la visa tienes cuatro opciones. La primera y más evidente es irte para tu casa. La segunda es dirigirte al consulado a que te renueven la visa. La tercera es pagar una multa por cada día que te hayas excedido al salir del país, y la cuarta, la más práctica desde mi punto de vista, es salir Nicaragua y volver a entrar.

Somoto queda al norte de Nicaragua, relativamente cerca de la frontera con Honduras, así que le propuse a uno de los chicos del CIDeS que me acompañaran hasta el país vecino. Fue Éder el que se ofreció, con la condición de que yo le pusiera gasolina al Jeep de su hermano para hacer el recorrido. Después de haber parado a repostar en la gasolinera de Somoto, cogimos la carretera Panamericana con dirección norte. Éder me dejó conducir el Jeep. Era como un tractor que pasaba de 100. Fue muy divertido, parecía de juguete. No tenía capota, el parabrisas estaba roto y de lo que fue algún día el salpicadero ya quedaba poco. Dudo mucho que hubiera pasado la ITV. Con respecto a la foto en la que aparezco conduciendo el Jeep, tengo que decirle a Éder que tome unas clases de fotografía, para, por lo menos, mejorar un poquito el encuadre.

Cuando llegamos a la frontera del Espino lo primero que encontramos fue un buen número de camiones aparcados. Los camiones aquí son como los que aparecen en las películas estadounidenses; son bestiales. La cabeza tractora parece una pequeña casita. El trailer que aparece en la foto no es especialmente grande, pero sirve para que os hagáis una idea de cómo son aquí estos vehículos.

Lo primero que te encuentras en la frontera es el control de salida de Nicaragua. Éder y yo nos dirigimos a la ventanilla que decía “Salida”. Allí nos atendió un aduanero. Yo le expliqué mi situación, diciéndole que lo único que quería era sellar el pasaporte para que me renovaran la visa de 90 días en Nicaragua. Lo primero que me respondió era que no iba a poder ser, porque yo debería pasar al menos 72 horas en el extranjero. Lo mejor de todo (o lo peor de todo, según se mire) es que los funcionarios del Estado después de decir “no puede ser”, suelen acabar la última frase con un “pero…”.

“Pero, ya que el chico que te acompaña, Éder, lo conocemos, podríamos hacer la excepción, lo que pasa es que vas a tener que pagar unas tasas… Tendríamos que hablar con el aduanero de Honduras para que te sellase el pasaporte con la entrada y salida a su país y yo te sellaría la entrada en Nicaragua como si ya hubieses pasado allí las 72 horas. Lo que pasa es que ese trámite cuesta 20$ y nosotros sólo te podemos dar la factura de dos dólares por cada salida”

No sé si lo habéis entendido bien: el tema es que salir de Nicaragua cuesta 2$ y salir de Honduras para volver a Nicaragua cuesta otros 2$. Lo que pasa es que el “amable” aduanero nica se ofrecía a amañar el tema de pasar 72 horas en Honduras con el aduanero de Honduras siempre que yo pagase 20$.

Por supuesto, no me quedó más remedio que aceptar, ya que si tenía que pasar tres días en Honduras iba a gastar mucho más que 20$. Quizás si tuviese algún plan o un compañero de viaje para ver algo por el país pudiese ser interesante, pero sin plan y sin compañero la idea no era del todo apetecible. Además, los días en Somoto se acaban y yo voy a andar un poco justo para acabar mi proyecto.

Cogimos el Jeep para volver de regreso a Somoto. Lo más interesante de toda las historia fue que, más tarde, me enteré de que la multa que tendría que pagar por excederme de los 90 días de visado era menos que 20$. Estas cosas pasan por no informarse.

martes, abril 25, 2006

S.I.I.

El lunes después de Semana Santa me tocaba ir a recoger los resultados de las biopsias al Hospital Metropolitano. A primera hora de la mañana me dirigí con Guille a la oficina de Amigos de la Tierra. Allí estuve un par de horas. Aproveché que también estaba Freddy en la oficina y que había venido en coche para pedirle que me acercase hasta el hospital. Guille no pudo venir esta vez, tenía una reunión importante con gente de la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional). Freddy me dejó en la puerta de centro de salud entorno a las 10. Hasta las 11 no tenía cita, así que me dediqué a leer un libro mientras esperaba mi turno.

Esta vez el doctor Gutiérrez fue puntual y me hizo pasar a su consulta a la hora esperada. Empezó preguntándome lo típico; que cómo me encontraba, qué tal me había sentado el tratamiento, etc. Yo estaba un poco nervioso. Esperaba que este fuera el momento clave de los dos últimos meses, en los que me había preguntado una y mil veces lo que le sucedía a mi cuerpo.

Me dijo tres cosas importantes: Lo primero fue que ya no tenía ni amebas ni infección intestinal, es decir, que ya no era medio de transporte para pasajeros indeseables. Lo segundo fue que la hernia de hiato que yo consideraba origen de la mayoría de mis males estomacales desde tiempos remotos, no era la principal culpable de mis malestares, ya que la endoscopia había revelado que no era grave. La tercera noticia, y más tranquilizadora, si cabe, fue que no se apreciaba ningún daño estructural en mi aparato digestivo.

Si releo lo que acabo de escribir, parece que vengo a decir que en realidad no tenía nada. Pero no es así, el médico me entregó los resultados de las biopsias, en las que se podía leer:

Gastritis crónica superficial

Colitis crónica inespecífica.

Estas palabras, en cristiano, se traducen en que tenía el sistema digestivo maltratado, inflamado y resentido. Volvemos entonces a la pregunta original; “Si ya no tengo amebas, no tengo infección bacteriana, ni tampoco tengo una hernia de hiato que me dé problemas importantes… ¡¡¿¿qué narices tengo??!!”

El doctor me dijo que mis síntomas se correspondían con una enfermedad, a cuyo diagnóstico se llega por el método del descarte: es decir, es el cajón desastre de las enfermedades digestivas. Viene a ser lo que te diagnostican cuando ya no se les ocurre qué decirte; Síndrome de Intestino Irritable (SII). Bueno, y ¿qué es esto del Síndrome del Intestino Irritable?

Entre lo que me ha explicado el médico, lo que he podido leer por mi cuenta, y la experiencia personal que he sufrido a lo largo de estos meses y de los años que les preceden (ya que se supone que todos mis achaques estomacales del pasado se debían a esto), puedo contaros algo sobre esta enfermedad:

El síndrome de intestino irritable es un trastorno crónico que origina una serie de síntomas que se consideran debidos a la desincronización general del aparato digestivo. Esta disfunción se debe a un incremento de la sensibilidad a los estímulos originados en el intestino. El colon es más sensible y reactivo de lo normal, por lo que responden agresivamente a estímulos que no afectarían a otras personas. Por un lado, la persona que sufre SII desencadena un fuerte rechazo a sustancias irritantes, se muestran más proclives a tomar infecciones (amebas, bacterias…) y son más sensible al estrés o la ansiedad. En realidad nadie sabe qué es lo que causa el SII, pero casi todos los especialistas coinciden en que es una especie de disfunción del sistema nervioso intestinal, por lo que las sensaciones emocionales dominan el comportamiento (o mejor dicho, el mal comportamiento) del sistema digestivo. Junto con los síntomas intestinales, es frecuente que existan factores psicológicos. Esto no quiere decir que los síntomas no sean reales (lo son, os lo digo yo), sino que el síndrome de intestino irritable es el resultado de una compleja interacción entre factores psicológicos y físicos. Los síntomas pueden empeorar cuando se está bajo mucho estrés, tal como cuando se viaja, se tienen compromisos sociales o se cambia la rutina diaria, como es mi caso. Esta es la otra razón, por la que, cuando me pongo nervioso me empieza a doler el estómago.

El trastorno del tubo digestivo puede afectar a cualquier segmento del mismo, desde la boca hasta el ano, lo que justifica la amplia variabilidad de los síntomas que pueden aparecer con dicho síndrome. Los síntomas dependen de la parte del tubo digestivo que esté involucrada y es habitual que se superpongan síntomas originados en diferentes regiones. Algunos pacientes sólo tienen trastornos achacables a una parte del tubo digestivo mientras que en otros son varias las regiones afectadas. Además, los síntomas pueden modificarse a lo largo del tiempo. Mis síntomas más habituales son la sensación de tener un nudo en la garganta que inhibe el apetito, las náuseas, la distensión abdominal por culpa de los gases, dolor estomacal, alteración entre diarrea y estreñimiento y ganas de ir al baño cuando en realidad no hay a nada a qué ir (no sigo porque no deseo convertir este blog en un diario escatológico). Dicen también que son frecuentes el cansancio y la fatiga que a veces siento, alteraciones del sueño y en algunos casos depresión. Yo no sé si se podría decir que yo llego a sufrir depresión, pero sí sé que en estos dos meses, entre amebas, bacterias y SII, le he dado millones de vueltas a la cabeza.

Dicen que no hay fórmulas mágicas para esta molestia, y lo único que te aconsejan es que trates de evitar comidas que parecen hacerte sentir peor y buscar maneras para evitar el estrés; que trates de ver las cosas con calma. Los síntomas intestinales y la ansiedad forman un círculo vicioso que en ocasiones te impiden quitarte de la cabeza lo que estás sintiendo. ¿cómo me voy a relajar cuando me empiezo a encontrar mal?. Me pongo de tan mal humor que no soy capaz de pensar en otra cosa. Estar en un país extraño con una enfermedad que no se da curado, no es una situación que invite a la relajación.

A veces es curioso darse cuenta de que incluso las malas noticias te pueden llegar a alegrar. Me sentía como si me hubiese quitado un peso de encima, porque, aunque me hayan diagnosticado una enfermedad, un poco cogida por los pelos, me queda el consuelo de tener un poco más claro qué es lo que le pasa a mi cuerpo.

Cómo son las cosas… quien me iba a decir a mí hace un año que tendría que viajar a Nicaragua para descubrir que tengo el Síndrome de Intestino Irritable.

Salí del hospital con el diagnóstico en una mano, una nueva receta para pastillas en la otra, y una pequeña sensación de alivio en la cabeza.

El Hospital Metropolitano queda un poco alejado del centro de Managua (lo del centro de Managua es un decir), o sea , que queda lejos de la mayoría de los sitios, así que la única opción para volver a la oficina de Amigos de la Tierra era conseguir un taxi. Como desde la puerta del edificio no se divisaba ninguno, decidí poner rumbo a mi destino, aunque no habría mucha diferencia si esperaba sentado a que apareciese uno, porque me haría falta casi todo el día para llegar andando a mi destino (a parte de que sería bastante probable de que no diese con el camino correcto). Pero como me amarga más esperar que andar, decidí empezar la caminata.

Llegué a la carretera Masaya. Es una de las carreteras más grandes de Managua. Se podría decir que es una especie de autopista, porque tiene tres carriles para cada dirección separados por una mediana. Pasaba el tiempo y no aparecía ningún taxi por ningún lado. En una situación normal, en Managua, si tiras una piedra tienes un cincuenta por ciento de posibilidades de darle a un taxi y otro cincuenta por ciento de posibilidades de darle a otro vehículo, persona o cosa y que te saquen una pistola (estoy exagerando). No sé cuanto tiempo estuve andando, pero fue bastante más de una hora. Bendito fue el momento en el que giré la cabeza y apareció un taxi. Extendí la mano y paró unos metros más adelante de mí. El rito habitual en este tipo de casos consistiría en pedir el precio y luego regatear a la baja antes de subir, pero en este caso, opté por una técnica más conservadora y sólo me limité a preguntar el precio por llevarme a mi destino cuando ya estaba dentro, para que al llegar no me pidiese lo que él quisiese.

Por fin llegué a la oficina. Pasé con los chicos el resto del día. Hicimos una interrupción para ir a comer a un restaurante de los alrededores que se llama el Toro Huaco. Este sitio me gusta porque las condiciones higiénico-sanitarias que presenta son bastante aceptables (en comparación con todo lo demás que se puede ver por aquí). Además, el precio es económico (35 pesos, menos de 2 euros). Partiendo de la base de que la comida Nica no es mi fuerte, existe una variedad de platos que siempre te permite encontrar algo a tu gusto. El menú que yo intento consumir se vuelve bastante limitado, ya que no puedo comer nada que tenga un sabor fuerte, ni muy dulce, ni muy salado, ni muy picante, ni muy amargo. Tampoco debo beber cerveza porque tienen alcohol, ni refrescos porque tienen gas, ni jugos por tener demasiado azúcar, así que me limito al agua embotellada. Por otra parte, durante mi estancia en Nicaragua he decidido eliminar de mi dieta en restaurantes las frutas y verduras frescas (ya que dicen que son el principal vector de amebas y parásitos). Resumiendo, comer fuera de casa se ha vuelto una tarea difícil.

viernes, abril 21, 2006

Plena semana santa

Recuerdo que cuando yo era pequeñito en el colegio teníamos una cartulina en la que estaban dibujadas las estaciones del año. Era una circunferencia que estaba dividida en cuatro sectores que representaban las estaciones: el muñeco de nieve para el invierno, la flor para la primavera, el sol para el verano y la hoja seca para el otoño. Supongo que ya sabréis que las estaciones en todo el planeta varían en función de la latitud. Pero yo pensaba que era algo más o menos exacto, es decir, que se mantenían las cuatro estaciones pero se iban desplazando gradualmente, de modo que en las antípodas estaban exactamente en la estación contraria. Me sorprendió ver que las cosas no son tan sencillas. En Nicaragua no hay estaciones marcadas. No pueden decir que exista una fecha oficial para el inicio y final de cada una de ellas. El verano empieza en diciembre y acaba en mayo (más o menos). El invierno o época de lluvias es el resto del año, a excepción de un periodo de unos 15 días en el mes de agosto, en los que no llueve, que se llama canícula. Por tanto, aquí no hay primavera ni otoño. Esto tiene como resultado que no exista un mes de vacaciones para todo el mundo, como es el de agosto en España (a parte de que no hay 14 pagas anuales, sino 13). Como la Semana Santa cuadra en la época de mayores temperaturas es considera el clímax del verano. Todo cierra, Managua se paraliza y la gente se desplaza en masa a las playas, lagos y ríos. Los periódicos dejan de emitirse a partir del jueves santo y a partir del viernes es casi imposible encontrarse un establecimiento abierto. Gran cantidad de nicas dedican las vacaciones al guaro (la bebida), así que puedes encontrarte a gente borracha a cualquier hora del día (aunque eso también pasa el resto del año). Ya he comentado otras veces que el alcoholismo tiene una gran incidencia en Nicaragua, a todos los niveles sociales y a todas las edades. Muchas personas pasan días y semanas borrachos sin interrupción. La cirrosis es una causa relevante de muerte. Sin ir más lejos, el otro día se murió de cirrosis un vecino de Ofelia, sólo tenía 24 años.

Todos los días de Semana Santa salen en los medios de comunicación noticias de personas que murieron ahogadas en ríos, lagos o playas tras meterse en el agua en estado de embriaguez. Este año el saldo fue de 29 ahogados. Además, los de la televisión no se cortan un pelo y muestran las imágenes de cuerpos medio podridos en las orillas de los lagos, a los que los peces han arrancado los ojos. La prensa y la televisión son totalmente amarillistas, y gustan de publicar cuanta más sangre mejor. Les encanta.

Todo este lío de hospitales y pruebas médicas me pilló en medio de la Semana Santa. Por suerte mi endoscopia y colonoscopia pudieron realizarse sin problemas el lunes. El jueves me tocaba ir a buscar los resultados de las biopsias. Para variar, el médico llegó más de una hora tarde. Lo peor fue que nos dijo que no tenía los resultados porque el laboratorio estaba cerrado por vacaciones. Este doctor ya no me caía tan bien como al principio. No me quedaba más remedio que esperar al lunes para volver al hospital a por los resultados.

Guille me invitó a pasar toda la semana en su casa, así de paso podría llevar un poco mejor mis molestias e intentar recuperar un poco de peso. Difícilmente podría haberme encontrado con una persona más hospitalaria que él. No tenía mucho sentido que volviera a Somoto para pasar la Semana Santa, pues en tres días tendría que estar de regreso, y toda la gente que trabaja en el CIDeS no estaría, así que pasaría varios días en total soledad.

En Amigos de la Tierra las vacaciones empezaron el martes. El miércoles fuimos a la finca de Guille en Villa El Carmen para pasar el día con amigos y compañeros de trabajo. La idea era echar una mano para adecentar la zona, pero mi apoyo fue más psicológico que físico, porque no me sentía en condiciones de realizar ningún tipo de esfuerzo. Como yo no aportaba mucha fuerza de trabajo, decidí acompañar a Ofelia y a Marcel al río. Ofelia le había prometido a Carlitos (su hijo de 5 años) ir a pescar esa tarde. El problema es que el río, en esta época del año se reduce a un charco de un metro y medio de profundidad al pie de una presa. El chaval estaba todo ilusionado, así que le construyeron una caña de pescar con un palo, un trozo de hilo de tanza y un anzuelo. Como cebo colocaron un cacho de carne asada que había sobrado de la comida. Yo sugerí que el trozo de carne asada era el doble de grande que las hipotéticas presas (renacuajos de rana), pero me hicieron callar para no acabar con las ilusiones de Carlitos. Tras media hora sentados en el borde de la presa, y viendo que ningún pez picaba, los ánimos del chaval empezaban a minarse. Cuando ya estábamos pensando en irnos del lugar, Carlos empezó a gritar que habían picado, mientras la tanza tensa tiraba de algo que se movía con fuerza en el agua. Cuando levantó el palo que hacía de caña sacó hacia arriba una serpiente de más de medio metro que luchaba por soltarse del anzuelo. Creo que el que menos se acojonó fue Carlitos. El hombre había conseguido la gran pieza del día.

Ofelia y Guille tenían pensado regresar a la finca y pasar allí de viernes a domingo. Me invitaron a ir con ellos. Como no me sentía en plenas condiciones de pasar unos días en una casa de campo, preferí no acompañarlos. Así es que me quedé como amo de llaves cuidando de la casa en su ausencia, aprovechando tanto tiempo libre para estudiar para mis exámenes de junio. De todos modos, acabé solo, como si estuviese en Somoto, pero por lo menos aquí tenía una televisión para disfrutar de la interminable retahíla de películas religiosas que emiten las cadenas nicaragüenses durante todo el día; desde “Los 10 mandamientos” hasta “Espartaco”. Echaron absolutamente todas las películas bíblicas y de romanos que existen. No dejaron ni una.

Lunes día D

La exploración médica que me harían el lunes precisaba que tuviese mi aparato digestivo perfectamente vacío y limpio desde el día anterior. La técnica a utilizar consiste en ingerir en grandes cantidades un promotor de diarrea. Tuve que comprar en la farmacia una pequeña garrafa de un galón (unos 3,8 litros) que contenía unos polvos. Aprovecho para contar, ahora que hablo de galones, que el sistema métrico en Nicaragua es un auténtico desastre, porque mezclan varios sistemas métricos; el inglés, el internacional y el nica. Las masas pequeñas se miden en libras y las grandes en quintales. Las distancias grandes en kilómetros, las cortas en varas, y las muy cortas en pulgadas. Los volúmenes en galones y las áreas en manzanas.

Sigo con lo que estaba. En la tarde del domingo debería rellenar la garrafa de agua para diluir en contenido, y beberme ese líquido hasta el final del día. Los tres o cuatro primeros vasos los llevé bien, pero cada vez veía más difícil acabar los casi cuatro litros, el líquido me producía náuseas y mi cuerpo lo rechazaba. A las 2 horas de empezar el tratamiento fui directo al baño. Y allí me pasé la mayor parte del tiempo hasta el día siguiente. No pude alejarme a más de 10 metros del inodoro. Es una sensación especial ver como por el sitio por donde normalmente salen cosas sólidas ahora sale la misma agua que ingerí. Mi cuerpo se convirtió en una cañería por la que salía lo mismo que entraba por la boca. Ahora sé lo que sienten las mujeres cuando se sientan para mear.

Inevitablemente, llegó el lunes. No voy a negar que tenía bastante miedo, pero a estas alturas, ya estoy tan desesperado por solucionar mis problemas que me dejo hacer cualquier cosa. Guille me acompañó en todo momento y fue un gran apoyo. Quise que me sacara una foto en la entrada del hospital. En momentos como este, cuando estás en la sala de espera, te preguntas a ti mismo; ¿por qué, con la de horas, días, semanas, meses y años que hay en mi vida, me tiene que tocar vivir este preciso instante de sufrimiento?. ¿No podría estar viviendo justo dentro de una semana o dentro de un año?. ¿Por qué me toca vivir justo ahora este momento?.

Antes de mí le tocaba a una señora hacer una broncoscopia. No debería de quejarme de lo mío sabiendo lo que le iban a hacer a ella. Al rato de que entrase empezamos a oír fuertes arcadas. Esos sonidos me estaban poniendo los pelos de punta, así que decidimos esperar mi turno en el pasillo, en vez de hacerlo en la sala de espera. Antes de entrar te piden que firmes un papelito en el que dice que eres consciente de que todo procedimiento médico tiene unos riesgos y que estás dispuesto a asumirlos. Es decir, que si te pasa algo malo, que luego no te quejes, que ya sabías que había.

Como siempre, casi una hora tarde, me hicieron entrar. Me desnudé y me dieron un camisón de hospital. Luego me tumbaron en una camilla durante una media hora que se hizo interminable. Me sentía como un cordero a punto de ser degollado.

Normalmente, en los hospitales públicos españoles estas operaciones las llevan a cabo mientras estás plenamente consciente, por lo que se convierte en una experiencia traumática. Yo ya había hecho una endoscopia en Santiago de Compostela hace un par de años en una clínica privada. Aquella vez me consideré afortunado porque me inyectaron una droga tranquilizante. Mientras me hacían la exploración estaba consciente pero plenamente relajado. Era algo parecido a estar borracho. Aún así fue desagradable. Pero esta vez fue mejor todavía. Poder pagar más de 500$ porque te metan un par de tubos por el cuerpo tenía que tener alguna ventaja, no?. Me pusieron las ventosas para monitorizar las constantes vitales y me tumbaron de costado en una camilla de quirófano. Luego vino el anestesista. Me metió una vía en la mano y me prometió que no me iba a enterar de nada. Y fue cierto. Lo último que recuerdo es la sensación aguda de un líquido frío ascendiendo por todo el brazo desde mi mano...

Al cabo de una hora, más o menos, me despertaron. Ya todo había terminado. Estuve hablando con los médicos mientras me recuperaba en la camilla, pero tengo unas pequeñas lagunas y no sé exactamente qué me dijeron. Me pareció entender que no habían encontrado nada grave dentro de mí. Según me dijo el doctor Gutiérrez, tenía en intestino inflamado como consecuencia de una infección bacteriana. Me tomaron muestras para hacer una biopsia, de la que me darían los resultados el jueves. Así terminó la historia, mucho mejor de lo que me hubiese imaginado.

De los errores también aprende uno, y ahora sé que nunca volveré a viajar a un país del tercer mundo sin un seguro médico en condiciones. Antes de viajar a Nicaragua iba a contratar uno, pero el precio era de 350€. Yo, ingenuo de mí, pensé; “malo será que me pase algo tan grave como para gastar más de 350€ en médicos”. Dicho y hecho. Como no estaba muy dispuesto a gastar 350€, me justifiqué a mí mismo recordando que el Carné Joven tiene un seguro de viaje, así que me imaginé que si me ocurría algo podría recurrir a él. Antes de ir al hospital me puse en contacto con la aseguradora, pero me dijeron que ellos sólo cubrían hasta 30 días en el extranjero, y como yo llevo en Nicaragua dos meses, me fastidiaba y me lo pagaba yo.

Mi situación actual es de drogadicción total. Tomo más medicamentos que los ancianitos de los asilos. Mi dosis diaria consiste en;

- dos pastillas de antisecretor de ácido
- tres pastillas reparador enzimático de intestino.
- tres pastillas de antiespasmódico intestinal
- dos pastillas para las náuseas
- dos pastillas de antibióticos
- un litro de suero oral
- un litro de complejo proteico-vitaminado para recuperar peso.

Y todo esto a la espera de lo que salga en la biopsia de jueves. Me voy a volver yonki perdido.

martes, abril 18, 2006

Volcán Masaya

Aprovechando que estaba en Managua, Guille y yo dedicamos la tarde del sábado a hacer una pequeña visita turística por los alrededores de la ciudad. Un sitio importante que no había conocido aún era el volcán Masaya. Este volcán activo se encuentra a escasos kilómetros de la capital, y da nombre a la ciudad que se encuentra a sus pies. Está formado por 5 cráteres, de los cuales el más importante es el llamado Santiago. Todo el conjunto y su entorno constituyen una reserva natural, siendo el primer parque natural constituido en Nicaragua. La entrada de ambos nos costó 90 pesos (4,5€) que valió la pena pagar. Una pista asfaltada lleva prácticamente hasta la cima del cráter. De camino hicimos una parada en un pequeño edificio de interpretación natural, donde se explican las características de los volcanes, su formación, su distribución por Nicaragua y expone la flora y fauna autóctonas del lugar.

Tras ver la exposición fuimos hasta la cima, donde asomados a la propia boca del volcán pudimos observar el humo de azufre que emana desde el interior de la tierra, y que advierte al visitante de que todavía está activo. Este humo asciende y da lugar a la lluvia ácida que deja desolados los campos del parque natural. Varios carteles anuncian que el lugar no es del todo seguro y que es posible que el volcán se despierte sin previo aviso. Te dicen que debes aparcar el coche en dirección a la salida y que en caso de que haya erupción de piedras, lo mejor que puedes hacer es meterte debajo del automóvil. Es un volcán relativamente joven (hablando en términos geológicos), y existen crónicas del siglo XVI que dicen que cuando estaba en plena actividad alumbraba tanto que permitía leer de noche en la ciudad de Granada (a unos 15 km de distancia). La última erupción se produjo en 1852.

Si acostumbráis a leer lo que escribo os habréis dado cuenta de que a menudo hablo de volcanes. Por algo a Nicaragua se le llama “Tierra de lagos y volcanes”, aunque se podía completar la frase con “…terremotos, huracanes, guerras e insectos”, pero estas últimas cuatro palabras no favorecen el marketing turístico. El hecho de que este país esté salpicado por multitud de volcanes pertenecientes a una cordillera volcánica que lo atraviesa de norte a sur formando una perfecta línea recta. El que tiene un pasado más interesante es el volcán Cosigüina, siendo el culpable, en 1.835, de una de las erupciones más brutales que haya contemplado la humanidad. Cuando entró en erupción los pobladores de la zona pensaron que había llegado el fin del mundo (al menos para ellos). En la actualidad se contempla como un cono truncado cuya cabeza fue reventada por la explosión. Tras la detonación las ascuas llegaron a Mexico, Colombia y Jamaica y el atronador sonido de las detonaciones se pudo escuchar a más de 1.000 Km de distancia.

Volviendo con el volcán Masaya, en épocas precolombinas los indígenas consideraban que era la morada del un dios furioso que de vez en cuando expulsaba lava como muestra de su rabia. Para calmarlo, aquellos hombres ofrecían en sacrificio a niños y a vírgenes que tiraban al cráter.
Curiosamente, cuando llegaron los cristianos, interpretaron que aquel agujero humeante con lava en el fondo no era la morada de un dios, sino la boca del infierno, así que no tiraban a vírgenes ni a niños, sino que tiraban a herejes que no comulgaban con la fe cristiana. Como huella de su paso, los cristianos dejaron puesta una cruz que gobierna la parte más alta. Ahora mismo ya no está la cruz original, pero hay una réplica en su lugar. Esto de poner cruces por donde pasan me recuerda a los americanos, que siempre andan colocando la dichosa bandera allá donde pisan. Me quedó el pesar de no poder sacarle una buena foto, pero es que en la actualidad tienen cerrado el camino que lleva hasta la zona por peligro de derrumbes. Sólo pude sacar la que tenéis a continuación, pero al sacar la cruz de perfil se ve como un palito en lo alto de la montaña.

Al final de la tarde nos dirigimos a una pequeña fortaleza llamada Coyotepe. Es un lugar que ofrece una vista espectacular de la planicie pacífica de Nicaragua, estando sobre una colina cercana a la ciudad de Masaya. Esta fortaleza fue creada a mediados del siglo XIX para la defensa de Masaya. En tiempos de la familia Somoza, la cárcel que tiene en sus sótanos fue utilizada para dar hospedaje a sus disidentes políticos (Sandinistas, principalmente). Cuando llegó la revolución, los mismo que habían estado encerrados, la utilizaban para retener allí a los enemigos de la Contra. Curiosamente, en la actualidad se mantienen como centro de Boy Scouts. Subidos a una de sus torres almenadas pudimos sacar una foto de la vista que ofrece de la ciudad de Masaya. Al igual que Managua y muchas otras ciudades nicas, se intuye su presencia, escondida entre una gran cantidad de árboles.

Visita al hospital

El sábado 8 Guille me acompañó al hospital para acudir a mi cita con en gastroenterólogo Jorge Gutiérrez. Fuimos al hospital Metropolitano, el más moderno de Managua (y de Nicaragua). Dicho
hospital pertenece a la familia Pellas (que se pronuncia Pelas, curiosamente). Esta familia es la propietaria de la mitad de los negocios del país: dueños de casi todos los concesionarios de automóviles (Suzuki, Toyota, Isuzu, Hyunday, etc.), fabricantes del ron Flor de Caña, de las dos marcas de cerveza más importantes (Victoria y Toña) y del agua embotellada, importadores de bebidas alcohólicas del país, dueños del Hospital Metropolitano, de un banco, de una compañía de seguros, etc. Es decir, están forrados.

El hospital tiene una apariencia que resulta de la mezcla entre un hospital al puro estilo americano y un hotel cinco estrellas del Caribe, con sus jardincitos y palmeras. Lo que más me sorprendió fue que el edificio estaba prácticamente vacío. No había casi ningún paciente, y en la sala de espera sólo nos acompañaban cinco o seis personas. No es de extrañar, porque hay poca gente que se pueda permitir este lujo en un país tan pobre. La televisión de la sala de espera sintoniza canales en Inglés y los formularios que cubres al entrar en el hospital también están en Inglés. Por una parte, este hecho se debe a que vienen más gringos a este hospital que nicas, y por otra, a que el Inglés da standing. Por aquí todo lo americano es sinónimo de calidad, pero quizás esté mejor considerado lo europeo, que es sinónimo de distinción.

Parece ser que aquí también funcionan con hora nica, porque a pesar de que teníamos cita a las 10 de la mañana el doctor nos recibió pasadas las 11. Pero ese fue el único fallo que tuvo, porque en mi vida me había encontrado con un doctor tan atento. Me hizo un historial completo de todas mis enfermedades y antecedentes familiares. Me revisó de arriba abajo e hizo que saliera del consultorio con más enfermedades que con las que entré. Dijo que tenía una pequeña hernia en el ombligo (es una bolita que no causa mal ninguno, y que yo pensaba que tenía todo el mundo, pero parece ser que es defecto mío), que estaba deshidratado, y que tenía unos hongos en la piel, en la zona del abdomen. Lo de los hongos consiste en una pequeña mancha que ya llevaba conmigo desde hace algunos años, pero nunca le había dado mayor importancia. El doctor me dijo: “¿Te pica?”. Y yo le respondí: “Hombre sí, ahora que lo dice, me pica de vez en cuando”.

Después de una hora de consulta, el médico concluyó que posiblemente mi problema principal fuese provocado por una infección intestinal distinta a la producida por la ameba. El Dr. Gutiérrez sugirió que yo tengo una sensibilidad especial en el aparato digestivo que me hace proclive a infecciones y agresiones, por eso pillo amebas, bacterias y todo lo que se me cruce por delante. Es algo parecido al asma, pero en el aparato digestivo. Pero... hay que comprobarlo, y para eso hay que hacer una endoscopia y una colonoscopia. En una situación normal me habría echado las manos a la cabeza cuando me lo dijo, pero a estas alturas ya estoy tan harto de mis molestias que me da igual lo que me hagan. Para los que no lo sepáis, la endoscopia consiste en que te meten un tubo con una cámara en la punta por la boca hasta el estómago, y la colonoscopia, pues lo mismo, pero por el culo. Yo ya viví una vez la experiencia de la endoscopia y no se puede decir que sea una vivencia agradable, pero en este momento estoy dispuesto a hacer lo que sea por quitarme este eterno malestar. Ahí no acaba todo; no es suficiente con haber tenido una ameba, con tener una infección bacteriana, con tener un intestino hipersensible, con tener una hernia en el ombligo, con tener hongos, con que tengas que sufrir una endoscopia y con que tengas que sufrir una colonoscopia, que además de todo ello, tienes que pagar una pasta tremenda por que te las hagan. Sólo deciros que el costo de este examen supera con creces el precio que yo había imaginado: 550 dólares más 35 por cada vez que me cite con el médico. Este es el precio de la mala suerte de viajar a un país al que vas con la intención de aprender y pasarlo bien y acabas contrayendo una enfermedad. Pero a la vez es el precio de la buena suerte, de ser tan afortunado de poder estar en un país tan pobre y poder pagar un tratamiento médico que el 95% de la población no puede afrontar.

Si hay una cosa que realmente no me gusta de Nicaragua es que hay multitud de enfermedades: aquí puedes coger amebas, bacterias, dengue clásico, dengue hemorrágico, tifus, difteria, lepra de las montañas, malaria, parásitos intestinales, mal de chagas, etc. etc. etc. Teniendo en cuenta la existencia de todos estos peligros la gente debería de tener mucho más cuidado, seleccionar lo que come y guardar su higiene personal. Por el contrario, los nicas se atreven con todo, comen cualquier cosa que les vendan en la calle y no se preocupan demasiado de conservar las mínimas medidas higiénicas. Ellos argumentan que viven en un país pobre y que no tienen dinero para guardar todas esas medidas sanitarias, pero lo cierto es que ese no es el problema, el problema es la poca educación y el desconocimiento. Además el sistema de salud es precario y los medicamentos son muy costosos. Es muy probable que si una persona está gravemente enferma su visita al médico únicamente le valga para saber de qué va morir. Si tienes más suerte, como yo, y tienes más de 600 dólares ahorrados para alguna emergencia, posiblemente puedas recurrir a un buen hospital donde solucionen tus problemas.

A pesar de las malas noticias, salí contento del hospital. El doctor me pareció excelente y el hospital de lo mejor que había visto en mi vida. El lunes volvería a que me metiesen los tubos.

7 de Abril

Siento demorar tanto las actualizaciones de mi blog, pero es que he pasado una temporada fuera de Somoto y no he podido conectarme a Internet.

Empezaré por contaros de nuevo algo sobre mi salud. Mi aparato digestivo no da tregua. Pasan las semanas y cada vez estoy un poco más delgado. Ya he roto el soporte psicológico de los 70 Kg y estoy en 69. Desde que salí de mi casa he perdido 11 Kg. Cuando llegue a Galicia va a parecer que vengo de “La Isla de los Famosos”. Lo lógico es que estos problemas estomacales remitan por sí solos con el tiempo, pero lo que me pasa a mí empieza a perder la lógica. He acabado de tomar las pastillas indicadas para terminar con la ameba, he hecho los análisis para comprobar si seguía conmigo y han salido negativos. En teoría, la biodiversidad interna de mi cuerpo se ha reducido. Entonces, yo me pregunto ¿¿¡¡qué narices tengo!!??. Ya no soporto más las náuseas de las mañanas, la continua necesidad de ir al baño y el cansancio que no me abandona. Harto de la situación decidí que ya era hora de acudir a algún sitio serio donde me hiciesen una revisión en condiciones. El jueves 6 de abril llamé a Guille desde Somoto y le pedí que me reservara cita en el mejor hospital de Managua para el sábado.

El viernes 7 era mi cumpleaños. Ya son 24 (como pasa el tiempo). La mitad del día me la pasé en el autobús dirección a Managua. A medio camino atropellamos un ternero que cruzaba la carretera. El conductor estacionó en el arcén, se bajó del bus, y estuvo más o menos una hora buscando por la zona al dueño del ternero para que le pagase los daños en la defensa. Cuando por fin llegué a Managua, cogí un taxi que me dio una ruta turística de casi una hora por la capital, ya que tenía que dejar a un cliente a la otra punta de la ciudad. Finalmente llegué a la oficina de Amigos de la Tierra. Al poco rato apareció por allí Guille. El plan de esa noche consistía en salir a cenar fuera para celebrar mis 24 años.

Fuimos con unos cuantos compañeros de trabajo de Guille a un cenador al aire libre que se llamaba El Bosque. Era un lugar parecido al Mirador de Tiscapa, una especie de restaurante que únicamente tenía una cubierta. Contaba también con una pista de baile y una orquesta que amenizaba la noche con ritmos latinos. El ambiente era familiar, y se podía encontrar a gente de casi todas las edades. Este no es un lugar habitual para extranjeros. Aquí te puedes encontrar la esencia de la noche Nica. A mí me sacó a bailar una señora que pasaba por allí y podía ser mi madre. Intenté evadirla pero no hubo manera. Aguanté una canción y salí pitando.

Los compañeros de trabajo de Guille me compraron una tarta al puro estilo americano. Son de estas tartas que parecen de mentira, con colores fuertes y dibujitos de nata. Estaba personalizada y todo, ponía “Felicidades Manuel”. Les estoy bastante agradecido a todos ellos, porque me hicieron sentir muy acogido estando tan lejos de mi casa. No nos fuimos muy tarde para casa porque todos teníamos compromisos al día siguiente. Yo tenía cita en el Hospital Metropolitano Vivian Pellas.

viernes, abril 07, 2006

Lunes 3/4

En un principio tenía pensado regresar a Managua el lunes, pero Guille y Xulio me invitaron a acompañarlos a un pueblo llamado Puerto Morazán, cercano a la frontera con Honduras en la Costa Pacífica, donde Xulio tenía que hacer una evaluación de un proyecto que había financiado Amigos de la Tierra. El viaje era largo, pero al hacerlo en coche se hizo mucho más llevadero que mis habituales viajes en autobús. A mitad de camino pasamos cerca del volcán San Cristóbal, el volcán más alto de Nicaragua. Al lado de éste se encuentra otro más pequeño y de aspecto menos amenazador, el volcán Casitas. Cuando fue el huracán Mitch, en el año 98, en la ladera de esa montaña se hizo un deslave que arrasó gran cantidad de terreno. Un deslave es un fenómeno geológico, en el que una zona de tierra con poca cobertura vegetal se satura de agua y se derrumba, creando una especie de tsunami de lodo. Se llamó el deslave de Casitas, y en él murieron 4.000 personas. Como huella de aquello todavía se puede observar un corte en la falda del volcán. Xulio y yo nos sacamos una foto con el volcán San Cristóbal de fondo, que es más bonito y menos peligroso, aunque humee constantemente.

Más adelante, el camino se hizo duro, porque buena parte de él transcurría sobre carreteras de tierra sin asfaltar. Si alguna vez venís a Nicaragua y lo que queréis es compraros un coche resistente acordaros del Toyota Yaris familiar. Cualquier otro coche no soportaría ni la cuarta parte de los caminos por los que ha transitado este. En esta zona las casas son mucho más pobres que las que puedes encontrar en las aldeas de Somoto. En Somoto la mayoría son de adobe y teja, pero aquí no llega a ese nivel y la gente se tiene que conformar con unos ranchitos de palmas. Quizás no me creáis si os digo que la gente, en el fondo, no parece infeliz ni se siente desafortunada. De hecho, la mayoría parece más contenta de lo que puede ser mucha gente en el primer mundo.

A la llegada al pueblo al que nos dirigíamos nos recibió el personal de la alcaldía y los integrantes de la cooperativa con la que había trabajado Amigos de la Tierra. El proyecto consistía en llevar a cabo una granja camaronera, en la que dar trabajo a antiguos leñadores de mangle, haciendo que estos abandonaran su antiguo oficio, ya que el mangle es parte de uno de los ecosistemas más delicados y útiles de la zona. La experiencia fue muy interesante. Por tercer día consecutivo nos tocó hacer senderismo para poder llegar a la granja. Lo que llaman granja, no es realmente una granja (no tienen a los camarones pastando). Es una planicie tierra adentro que se inunda cuando sube la marea río arriba (lo que llaman el estero). Son playas salitrosas como la que se puede ver en la fotografía. El color blanco procede de la sal que deja el agua de mar al retirarse cuando baja la marea. Para cultivar el camarón se levantan unos muros de tierra que cercan una gran cantidad de playa salitrosa haciendo una especie de piscina. En la época indicada del año se depositan las larvas de camarón en la playa y se rellena la piscina con el agua del estero por medio de una bomba. Cuando las larvas se vuelven adultas, al cabo de unos meses, se hace salir el agua de la piscina por unos filtros, donde queda atrapado el marisco. Cuando comáis un camarón que no sea de la ría, pensar que igual viene de Nicaragua.

Teníamos pensado comer en Puerto Morazán, pero el único restaurante que daba comidas no ofrecía las condiciones mínimas higiénico-sanitarias que nosotros exigíamos. Quizás las de Guille y Xulio sí que las cumplía, pero se acordaron de mi delicado estómago, y decidimos que era mejor comer en otra parte.

De regreso a Managua, paramos en la ciudad de León. Como ya dije, León es la segunda ciudad de Nicaragua y llegó a ser la capital durante la República. Creo que Granada es más conocida que León, pero Granada es una ciudad turística. León es una ciudad más activa, que tiene mayor poder cultural, económico y social. Es una ciudad con mucha vida. Cuando Hernández de Córdoba la fundó, estaba situada un poco más al sur, más cerca de lo que hoy es Managua y al pie del volcán Momotombo. No duró mucho tiempo en esa ubicación ya que una erupción la devastó. Fue refundada posteriormente en su situación actual. Lo más interesante de León es su Universidad (al estilo de Santiago de Compostela) una de las más importantes de Centroamérica, y la catedral, que queda en la plaza central de la ciudad.

Precisamente nosotros comimos en un restaurante para extranjeros que queda enfrente de la catedral, llamado El Sesteo. Xulio pidió para beber un batido de plátano con leche y canela. Estaba riquísimo. Tras dar la ruta turística de rigor, compramos el pastel típico (El Pío V) y volvimos a Managua (no sin antes estar a punto de que me atropellase una bicicleta).

La estancia en Managua la rematamos en el restaurante “Mi Pueblo”, al que había ido hace tiempo con un cura, una vieja y Ofelia. Pedimos unos platos sencillos para picar un poco de todo, y de nuevo, cansados, nos fuimos a dormir.

Al día siguiente viajé de nuevo a Somoto.

Domingo 2/4

Ese día nos levantamos temprano y tomamos camino de una finca que compró Guille recientemente en una zona que se llama Villa El Carmen. Está a poco más de media hora en coche de Managua. La finca está compuesta por una gran cantidad de terreno. Creo que su superficie ronda las 70 hectáreas. Para los que no se os den bien los números, imaginaros una superficie de aproximadamente 70 campos de fútbol. El recinto fue utilizado hace unos años como granja experimental para la cría de un híbrido entre oveja y cabra. Por tanto, en ella hay ya varias instalaciones: un par de pequeñas casas, lo que queda de una estación metereológica, un río con una presa para una estación de bombeo, unos barracones transportables de guerra adaptados como pequeñas viviendas, etc. Pasamos un buen rato de la mañana dedicándonos de nuevo a hacer senderismo. Por lo que pude ver, la zona tiene un gran potencial, porque se puede dedicar tanto a cultivos como a senderos para la interpretación ambiental. El único problema es que hacía un calor tremendo, así que en cuanto pudimos volvimos a la casa principal de la finca para poder recuperarnos.

Otra de las ventajas de esta finca es que se encuentra cercana a la costa. Tras un viaje de unos 10 km en coche llegas a la playa de Masachapa. No sé si recordaréis una canción de los 70 que se titulaba “cuando calienta el sol”. Pues esa canción fue escrita por un paisano de la zona, y su título original es “Cuando calienta el sol en Masachapa”. Nosotros fuimos a comer a un restaurante de la playa, más que nada para comprobar leyenda de que en Nicaragua se puede comer pescado. Aquí os dejo la fotografía que atestigua que es cierto. Yo esperaba encontrarme las playas abarrotadas de gente, pero por el contrario la zona estaba bastante vacía. Como lo de venir a la playa no estaba planeado, no llevamos bañador. Decidimos entonces visitar un complejo turístico que quedaba cerca de donde comimos. Se llama Montelimar y es propiedad de una cadena mallorquina de hoteles (cadena Barceló). Es el complejo turístico más importante de toda Nicaragua. Con toda la geta del mundo nos metimos dentro del recinto diciendo que íbamos a preguntar precios. Estuvimos un buen rato chequeando las instalaciones, y hasta nos hicimos unas fotos junto a la piscina. Es el típico hotel en el que piensas cuando ves los escaparates de las agencias de viajes, solo que este no queda en el Caribe, sino en el Pacífico.

Cambiamos de nuevo de rumbo y fuimos dirección a Masaya. Es la cuarta ciudad más importante de Nicaragua, después de Managua, León y Granada, y es conocida como la capital de la artesanía y el folclore nicaragüense. Lo más interesante de Masaya es su fortaleza almenada, dentro de la cual te puedes encontrar un mercado, mayoritariamente dedicado a la artesanía, donde cada vendedor vende todo lo que puede y estafa lo que le dejan. Es lo de siempre, regatear y regatear hasta que te lo dejan un poco más barato. Xulio compró una buena colección de camisetas y otra de azucareros de artesanía.

Sabado 1/4

La mañana del sábado la dedicamos como siempre a hacer la compra y dar unas cuantas vueltas al mercado Huembes. Estuvimos ojeando algunos recuerdos para llevar antes del regreso a España. Lo que más triunfa son las típicas camisetas con eslóganes, las hamacas y los lagartos disecados.

Tras la comida pusimos rumbo a una finca que está en las afueras de Managua para poder hacer una pequeña ruta de senderismo. La caminata la hicimos Xulio, Guille, Carlitos (el hijo de Guille) y yo, partiendo de una hacienda cafetalera hacia el fondo de un valle donde había una pequeña catarata. Era una zona de mucha vegetación y era más parecido a una selva que a un bosque. El recorrido nos llevó un buen rato. Por el camino pudimos encontrar muchas cosas interesantes, como un corte de una pared donde se podían observar los estratos volcánicos de formación del suelo. Los diferentes tonos de gris representan las diferentes erupciones del cercano volcán Masaya a lo largo de los siglos. Vimos un ojo de agua que surgía de una pared y la pequeña catarata de la que os hablaba. No fue fácil fotografiarla, porque al verla desde arriba había que asomarse demasiado. La subida se hizo muy dura. Mi bajo estado de forma, y no haber dormido demasiado la noche anterior pasaron factura. Aquí os dejo una foto de un arbolito de los muchos que había por el camino. Al pie están Xulio y Guille para que os hagáis una idea del tamaño.

De vuelta a la hacienda cafetalera ya empezábamos a sentir un pequeño agujerillo en el estómago, así que nos dirigimos a uno de estos restaurantes de los que os hablaba hace tiempo, donde se puede tomar algo rodeado de bosque. No teníamos muy claro lo que pedir, así que la curiosidad nos llevó a solicitar un fondue de frutas con chocolate. Yo me hacía una pequeña idea de lo que era un fondue, pero no podía relacionarlo con la fruta y el chocolate. Resulta que te sirven un pequeño hornillo sobre el que va un recipiente con chocolate, que gracias al calor se mantiene siempre líquido. Entorno al hornillo está colocada la fruta (melón, papaya, plátano, sandía, piña…), que tú coges con un pincho e introduces en el recipiente de chocolate para revolverla. Estaba muy bueno, pero quizás otro tipo de alimentos compaginen mejor que la fruta.

Viernes 31/3

No es que las cosas en Nicaragua sean caras, pero algún día se me tendría que acabar el dinero que traje conmigo de España. La idea consistía en que mi hermana me lo enviase a un banco que únicamente tiene sucursal en Managua. Existen otros medios mediante los que se puede recibir el dinero en Somoto, pero este método es, con diferencia, el más rápido y barato (sólo te cobran 5€ por enviar hasta 3.000€, mientras que por cualquiera de las otras maneras siempre te van a cobrar al menos un 5%). El caso es que, ya que tenía que desplazarme a Managua, aprovecharía para viajar con Freddy y Xulio Xulio es un chico de Ourense que trabajaba con Amigos de la Tierra e hizo un viaje a Nicaragua para evaluar los proyectos de la ONG. Uno de los proyectos era el de Somoto, así que nos hizo compañía a Freddy y a mí durante unos días. Es un tipo peculiar.

Los nicas nunca te van a decir que no a nada. Esto, que parece una ventaja para cualquiera que les solicite algo, no lo es en absoluto, porque ellos te dicen “si, si”, pero están pensando “y una leche…”. El método más habitual al que suele recurrir un extranjero en Nicaragua para lavar su ropa es pedirle a una señora que lo haga, ya que aquí las casas no tienen lavadora. Te suelen cobrar por ello unos 20 o 30 pesos. Yo se lo pedí a una, y me dijo “si, pero ahora no tengo detergente, mejor mañana”. Se lo pedí al día siguiente y me dijo “si, pero es que esta semana me voy a cambiar de casa y no puedo, dígamelo la semana que viene”, y así día tras día. Lo que pasa es que no le daba la gana de lavármela, pero por no decir que no, se inventan lo primero que se les ocurre. Esto venía a que Freddy, Xulio y yo les habíamos preguntado a unas señoras de Managua que venían a dar unos cursillos a Somoto si podíamos volver con ellas a la capital al día siguiente. Ellas dijeron; “si claro”. El caso es que, una hora antes de volver, se me ocurrió decirle a Freddy que les recordara a las señoras que íbamos a viajar con ellas. Pero ellas dijeron que habían decidido no viajar y quedarse en Somoto ese día. Yo creo que ya lo habían decidido el día anterior, pero no les dio la gana de decir que no. Para mala suerte nuestra el último bus de Somoto para Managua ya había partido. Lo único que pudimos hacer fue ir en taxi a toda pastilla al empalme con otra carretera por donde pasaba otra línea. Allí pudimos coger el último bus, en el que se podía leer en el frontal “las torres gemelas”. Subimos, pero no había sitio, así que tuvimos que ir de pie una buena parte del camino. El recorrido del autobús de este bus no es como el que cojo habitualmente, sino que este es ruteado, es decir, que para en cuanto sitio hay. Salimos de Somoto en el taxi a las 4 de la tarde y llegamos a Managua a las 9 de la noche. Menos mal que había recurrido por enésima vez a mis pastillas antidiarreicas. En otro capítulo os contaré como va mi relación con mi mascota la ameba.

Guille nos estaba esperando en la estación de bus. Xulio y yo fuimos para su casa y al poco de llegar nos metimos en la cama. Ambos dormíamos en la misma habitación, así que estuvimos media noche hablando de historias de albergues y campamentos de verano en los que trabaja Xulio cada año.

martes, abril 04, 2006

Semana de campo

La semana pasado nos tocó ir al campo. Un organismo que trabaja en la subcuenca donde yo hago mi proyecto pretendía elaborar un mapa de uso de suelo, así que reclutaron a todos los pringaos que encontraron, entre los que nos encontrábamos Freddy, yo y los chicos del CIDeS. La verdad es que en un principio tenía interés en el tema, porque pensé que de ahí podría obtener información para mi proyecto.

Como dicen los propios nicas, en este país todo funciona al suave. Quedábamos a las 8 de la mañana para salir con los otros técnicos. Los chicos del CIDeS decidieron que las 8.30 era buena hora para llegar. Finalmente llegamos a las 9, pero allí todavía no había nadie. La gente apareció a las 9.30. Y eso era así un día tras otro. Cuando te dicen, por ejemplo, “quedamos a las 8, hora nica”, quiere decir que quedamos a las 9, mínimo. La gente es bastante informal con respecto a la puntualidad.

Nuestra herramienta de trabajo era un mapa topográfico, una fotografía satelital, una brújula y una mochila con botellas de agua. Nuestra misión consistía en concretar lo que se veía en la fotografía satelital, lo que se veía desde el aire. Había que recorrerse a pie todo el terreno que salía en la imagen para poder constatar si una mancha amarilla era un terreno de cultivo, un pasto, un bosque seco, etc.

Hace tiempo que no hago ejercicio físico, y me vino bien la caminata que nos metíamos diariamente, pero entre el implacable sol que caía a mediodía y que la zona era totalmente árida, lo pasamos un poco mal. Cuando acababa el día nuestra ropa debía de pesar por lo menos un kilo más por la cantidad de polvo que teníamos encima. Y es que esto es poco menos que un desierto. Quitando puntos muy escasos, es muy difícil encontrar algún riachuelo, están todos secos. La mayoría del bosque está talado, y solo quedan zonas con algunos arbolillos que pierden sus hojas en verano (al contrario que en España), para reducir la pérdida de agua por transpiración. El resto son cultivos de cereales que están secos y algunas zonas de arbustos bajos. Únicamente en la cima de la montaña que gobierna la subcuenca (el Tepesomoto) se puede observar un bosque primario de los de verdad. Cuando teníamos la oportunidad, parábamos debajo de algún árbol perenne que encontrábamos por el camino para disfrutar un poco la sombra. Ni una sola nube se ofrecía para darnos una tregua.

El agua es un bien escaso. Los pocos lavaderos que hay están todo el día ocupados por mujeres fregando. Estos lavaderos contaminan los escasos cauces que se mantienen en esta época. Las mujeres también dedican bastante tiempo de la jornada a sacar agua de los pozos comunales, en los que tienes que estar girando una manivela durante una media hora para llenar un cubo de agua. Casi nadie tiene un pozo en la casa, así que por la tarde es normal ver pasar a niños cargados con garrafones llenos para su vivienda. Estuvimos charlando con uno de 11 años que tenía que hacer un trayecto de unos 700m todos los días desde su casa hasta la fuente con una garrafa que debía de pesar unos 15kilos. Hacía 6 idas y 6 vueltas todas las tardes. Él parecía que lo llevaba bastante bien, se lo tomaba con filosofía. La jornada escolar es intensiva, así que por la tarde puedes encontrarte más niños dando vueltas por todos lados. Uno de ellos, de 6 años, se dedicaba a correr en un caballo de un lado para otro. Parecía una pulga agarrada a un elefante. Iba botando sobre él, y daba la impresión de que en cualquier momento iba a salir disparado por el aire, pero lo tenía todo bajo control.

Los niños no están muy acostumbrados a ver gente extranjera por las comunidades, así que cuando ven a alguien como yo se echan a reír y se esconden en alguna esquina. Freddy iba acompañado de unos prismáticos que traían a los chavalitos fascinados. Hizo una fila india y los puso uno a uno para que viesen por ellos.

El trabajo infantil es más habitual en unas zonas que en otras. En algunas comunidades los niños únicamente se dedican a jugar, pero otros tienen diversos oficios, desde hacer tejas de barro hasta pasarse el día picando piedras con un mazo.

En las aldeas, al contrario que las mujeres y los niños, no es habitual ver a los hombres trabajando. Suelen estar en el porche de la casa tumbados en la hamaca. Ellos son los encargados de las labores agrícolas, pero normalmente éstas se concentran en unas épocas concretas del año, por lo que el resto del tiempo no tienen mucho que hacer. Algunos optan por emplear su tiempo libre haciendo de jornaleros en alguna obra o cualquier otro chollo que salga, pero desgraciadamente los que se aburren demasiado se dedican a beber. Por eso, a media tarde es muy habitual ver a hombres borrachos por los caminos dando bandazos de un lado para otro o simplemente tirados en las cunetas.

Para mi gusto, estos días fueron duros de más, sobre todo por el sol insoportable que nos caía encima. Sentíamos su peso sobre nuestras cabezas. Cuando llegaba por las tardes a la oficina no podía con el alma. Supongo que esto será diferente en la época de lluvias, pero el paisaje en esta época del año es un poco deprimente.

domingo, marzo 26, 2006

Breve historia de Nicaragua

Me gustaría empezar un nuevo post diciendo que me encuentro genial y que todos mis problemas físicos han desaparecido, pero no va a poder ser. Por ahora sigo con el último tratamiento que he probado y sigo también con mis problemas de estómago. Estas pastillas son poco menos que matarratas, así que confío en que los problemas que tengo en estos momentos sean efectos secundarios del medicamento. En unos días acabaré la medicación y podré hacerme unos análisis para comprobar que ya me he librado de mi mascota (Entamoeba Histolytica).

Vuelvo a decir que mi idea era la de viajar para conocer más este país, alternando mi presencia en Somoto con la visita a otros lugares, pero mis condiciones físicas me han impedido alejarme de aquí. Por lo tanto, como no tengo grandes aventuras que relatar (por el momento), he decidido que ya iba siendo hora contaros algo sobre la historia de Nicaragua. La he titulado “breve historia”, pero no porque sea breve, ya que habría tema para rato, sino porque voy a intentar resumir todo lo que sé en el mínimo espacio posible, haciéndola así un poco más soportable para todos aquellos que no les interesa demasiado el pasado. Si a pesar de ello, no os interesa lo que cuento, siempre podréis saltaros este post.

Como todo tiene un principio, empezaré diciendo que la presencia humana en el territorio que hoy abarca Nicaragua se sitúa en torno al año 4.000 a.C. Fue en el siglo VII d. C. cuando llegaron a la zona grupos indígenas de ascendencia Azteca provenientes de México . (¿Veis qué fácil?; ya he resumido 1.900 años en cuatro líneas).

Se dice que el primer europeo en pisar Nicaragua fue Cristóbal Colón en su 4º viaje en 1.502, cuando tuvo que atracar en un cabo debido a una gran tormenta. Le llamó cabo Gracias a Dios, porque si no es gracias a Dios que el cabo estaba ahí, no lo cuentan. Diversos expedicionarios españoles se adentraron en el país, siendo el más relevante de ellos Francisco Hernández de Córdoba, el que le da nombre a la moneda, fundando Granada y León. Nicaragua se convirtió en un importante punto de abastecimiento para la conquista del Imperio Inca. Con el tiempo, la ciudad de Granada se reveló como un importante centro económico y comercial, desde el que los barcos españoles mantenían contactos continuos con los demás puertos del Caribe. Esto despertó la codicia de los piratas ingleses (Pirates of the Caribbean), que asaltaban continuamente la ruta del río San Juan, donde nuestros paisanos construyeron un castillo de defensa, la fortaleza de La Inmaculada Concepción (espero poder llegar a visitarla).

Como ya dije en otro momento, los ingleses tomaron la costa atlántica sometiendo a los Miskytos, mientras los españoles dominaban la Costa del Pacífico. Por lo tanto, Nicaragua se convirtió en el campo de batalla entre dos potencias mundiales: España e Inglaterra.

Presionados por los conflictos armados que exigían la retirada hispana, en 1821, los propios españoles proclamaron la independencia de Nicaragua. En 1824 se constituye la Federación Centroamericana, de la que pasa a formar parte. Como el invento no funcionó, en 1838 se disolvió la Federación y Nicaragua se convirtió de nuevo en estado soberano. Tras la independencia se vivió una época de incertidumbre política en la que se sucedieron 39 jefes de estado diferentes a lo largo de 30 años. La inestabilidad desembocó en una guerra civil entre Democráticos (con base en la ciudad de León) y Legitimistas (con base en la ciudad de Granada). Los Democráticos trataron de ganar la guerra contratando a un tipo llamado William Walker y su ejército de mercenarios norteamericanos. Como no, ocupó Granada, pero después de eso se autodeclaró Presidente del país y decidió instaurar un estado esclavista. Entonces los Democráticos y Legitimistas decidieron unirse para combatirlo (qué irónico, no?). Walter fue detenido y fusilado en Honduras en 1860 después de que quemara Granada. La Guerra entre los dos grupos fue solucionada proclamando Managua como la nueva capital del país (solución salomónica, ni pa ti ni pa mí).

Tras esa guerra el país fue gobernado por un grupillo de conservadores, a pesar de lo cual, se vivió una época de cierto despegue económico. A esta etapa siguió un gobierno liberal presidido por José Santos Zelaya que dio paso a un gran auge económico, político y cultural. A Zelaya se le pasó por la cabeza que sería buena idea hacer un canal interoceánico en Nicaragua, pero en 1903, Estados Unidos escogió Panamá como punto para abrir su canal interoceánico, por lo que este proyecto chocaba con los intereses del Tio Sam. El incidente de la muerte de dos ciudadanos norteamericanos durante una revuelta contra Zelaya dio la excusa perfecta al gobierno Norteamericano para presionarle y obligarle a renunciar al poder en 1.909.

Los conservadores volvieron a gobernar y volvieron también las luchas con los liberales. Con la excusa de poner paz, los EE.UU, también volvieron a meterse donde no les llaman e instauraron en el poder al títere que a ellos mejor les convenía. El general Augusto César Sandino (el que sale en la foto) se negó a capitular, a menos que cesase el dominio norteamericano y se retirasen sus tropas del país. Con trescientos hombres se adentró en las montañas del norte del país para combatir a los marines manteniendo durante 6 años en jaque a los ocupantes con apoyo del campesinado. Una lucha épica que lo convirtió en un héroe latinoamericano. En 1.932 se celebraron elecciones y en 1.933 las tropas norteamericanas abandonaron el país sin haber conseguido derrotar a Sandino. Pero previamente a su ida, dejaron formada y avituallada a la Guardia Nacional, una fuerza militar nicaragüense proclive a los intereses de USA. Al frente de ella se colocó Anastasio Somoza. A Sandino lo apresó la Guardia Nacional y lo mató. Somoza convocó elecciones y las amañó para obtener la victoria.

Con este hecho, en 1937, se dio inicio a la dinastía Somoza, en la que tres generaciones gobernaron el país de una forma auténticamente dictatorial con mano de hierro, sometiendo a la población a un temor constante gracias a la ayuda de la Guardia Nacional y de los EE.UU. Los Somoza empezaron a amasar una gran fortuna a base de gestionar el país como si fuese su finca particular. Económicamente, los años de somocismo supusieron una época de gran crecimiento para el país pero solo un sector de la población se vio favorecido, mientras que las clases bajas estaban desatendidas (más de la mitad de la población era analfabeta).

Dos hechos clave colmaron el vaso para el levantamiento popular que acabaría con la derrocación de la dinastía Somoza: el hecho de que la familia se apropiara de toda la ayuda internacional de emergencia para paliar los daños del terremoto de Managua de 1972 y el asesinato de un famoso periodista crítico con el régimen (Pedro Joaquín Chamorro). Con la presión de la lucha de guerrillas llevada a cabo por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, el último Somoza tuvo que huir, siendo asesinado en Paraguay en 1980.

Los Sandinistas retomaron el poder de la Nación, presentándose como un grupo idealista y renovador. La revolución tomó rumbo hacia el comunismo, desarrollando los servicios sociales y rebajando drásticamente el analfabetismos. Este acercamiento despertó las simpatías de la Unión Soviética y Cuba, máximos estandartes del comunismo, que ofrecieron ayuda económica al país. Durante esa época muchos estudiantes nicas fueron becados para estudiar en la antigua Unión Soviética y Cuba ofreció entre otras cosas gran cantidad de médicos.

Pero pronto el Frente Sandinista empezó a pudrirse por dentro. Algunos de sus miembros pecaron de avaricia, echaron del partido a los verdaderos líderes ideológicos, a los sandinistas de corazón, y empezaron a acumular propiedades a espaldas del pueblo mediante la expropiación. Por otro lado, a los Estados Unidos no le hacía mucha gracia el rumbo de la política en este diminuto país centroamericano, y lo veía como la puerta de entrada del comunismo en América Latina. Estos dos factores hicieron que, de nuevo, los EE.UU. promovieran una fuerza contrarrevolucionaria (La Contra), formada de campesinos desconformes con el nuevo gobierno sandinista y antiguos miembros de la Guardia Nacional. Así nació una nueva Guerra Civil entre los Sandinistas (armados por los comunistas) y la Contra (armada por los EE.UU.). Como en la lucha entre España e Inglaterra, Nicargua se volvió de nuevo el campo de batalla entre dos potencias mundiales. USA decretó el embargo comercial sobre Nicaragua, lo que junto con el minado que realizó de los puertos y la destrucción de gran cantidad de infraestructuras, hundió al país en una grave crisis de la que a día de hoy todavía no se ha recuperado. La guerra continuó a pesar de que la madre del comunismo, la Unión Soviética desapareció de manos de Gorbachov, dejando a sus hijos huérfanos, bajo la presión de los americanos. A pesar de eso, ninguno de los dos bandos conseguía derrotar militarmente al otro, así que, agotados, comenzaron conversaciones de paz que desembocaron en unas elecciones democráticas en 1990.

Para gran sorpresa de los sandinistas (y alegría de los EEUU), éstos no ganaron las elecciones, sino que las ganó la UNO (Unión Nacional Opositora), una agrupación de pequeños partidos que tenía como estandarte a Violeta Chamorro, la viuda del carismático periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por Somoza. Se consolidaba así una democracia próspera en el país que renunciaba al socialismo y acababa con el bloqueo económico. Las luchas internas por el poder dentro del sandinismo, la corrupción de algunos de sus dirigentes y el cansancio de la población han terminado por desprestigiar a esta este grupo político que se presenta a sí mismo como los representantes de la revolución popular.

Los gobiernos que le siguieron hasta la actualidad no consiguieron que el país levantara la cabeza. La sombra de la corrupción cubrió y cubre a todos y cada uno de los presidentes y grandes magistrados que gobernaron y gobiernan este país.

Bueno, creo que por hoy a llegado con esto. Siento haber dado tanto el coñazo pero no fui capaz de resumirlo más.

jueves, marzo 23, 2006

Mejor hacerlo uno mismo

Es domingo, 19 de marzo, y hoy tenía pensado visitar el famoso cañón de Somoto. Por tercera vez no ha podido ser porque mi estómago ha vuelto a las andadas. El día comenzó bien, pero después de desayunar comencé a sentir náuseas. Tenía 38 y medio de fiebre y me sentía como si me hubiesen metido una paliza. Esta vez me fastidió más que nunca, porque acababa de terminar el nuevo tratamiento que me había recetado el médico. Parece que el segundo intento tampoco ha dado resultado, como el anterior. Sigo con el bicho dentro.

A pesar de que era domingo, me fui directo al médico para comentarle lo que pasaba. La consulta queda en su propia casa, pero nadie me abrió la puerta.

De la consulta me dirigí a la farmacia más cercana para hablar con la dependienta sobre las dudas que tenía con el medicamento que me habían recetado. Charlando con la farmacéutica resultó que ella era médico (es que aquí los médicos están tan mal pagados, que la mayoría de ellos opta por abrir farmacias, que dan más dinero). Le pedí su opinión sobre el medicamento que me habían recetado y me dijo;
- Hombre, no es muy ético que diga esto de lo que receta otro profesional, pero esas pastillas no son las indicadas para tu problema.
Y es que yo ya lo sabía. Me tenía que haber recetado Metronidazol. Resultó que me había prescrito un antibiótico que no era eficaz contra las amebas.

Yo soy de la teoría de que si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo, así que de allí me fui directo a Internet. A estas alturas ya me estoy planteando seriamente cambiar mi proyecto de fin de carrera por una tesis sobre amebas. Encontré un listado de todos los medicamentos contra la amibiasis y me fui con él a la farmacia a recoger los que necesitaba; uno para matar amebas adultas y otro para matar los quistes. También me enteré por qué con el primer medicamento que tomé no había obtenido ningún resultado. Las pastillas eran las adecuadas, el problema es que el médico se equivocó con la dosis. Me dijo que tomara cuatro pastillas durante dos días, es decir, una a la mañana y otra a la noche durante dos días, y en realidad, lo que había que tomar era cuatro pastillas seguidas cada uno de los dos días.

Ya estoy empezando a estar un poco harto de esta situación. No es que me encuentre fatal, porque sólo me dan achuchones de vez en cuando, pero empieza a minar un poco mi moral. Verme cada día más delgado no deja de desanimarme.

Espero que sea verdad eso de que a la tercera va la vencida.

Fin de semana en Managua (Sábado 11 y Domingo 12/3)

El viernes llegamos a la casa de Marcel sobre las 5.30 de la madrugada, y aunque sea una hora habitual para España, para Managua es muy tarde. Un taxi nos llevó desde el Fresh Hill. Para regatear el precio utilizamos la técnica del poli bueno y el poli malo. El taxista proponía una tarifa, y mientras uno decía que “ni de coña”, el otro decía que el precio no estaba mal del todo. Así el taxista bajaba un poco. Yo creo que al final nos cobró bastante poco, por lo que hizo el viaje un poco de mal humor, yendo por las calles desiertas a 120. Yo estuve tentado a decir “bueno, el precio incluye llegar vivo al destino, no?”, pero mejor me callé, por si acaso se cabreaba más.

Una de las razones por las que la gente no acostumbra a llegar tan tarde a casa es porque el sol sale a las 6, y el sol en Managua, en esta época del año, es implacable. Marcel vive en un pequeño apartamento, hecho a modo de segunda planta sobre una casa. Tiene una terracita, un saloncito, una habitación y un baño. La cocina es compartida fuera del apartamento. Es de lo mejor que he visto, pero no se puede decir que sea barato, paga 150€ al mes. Yo creo que aquí podrían vivir perfectamente dos personas, y así salirle bastante más arreglado el precio.

Yo dormiría sobre una colchoneta que tiene en el saloncito. Y digo dormiría, porque no pegué ojo. Primero surgió el problema del sol. La puerta de la casa consiste en una vidriera con una reja que apunta exactamente al este. A las 6 ya me estaba pegando el sol encima. Cuando estaba a punto de dormirme empezaron a zumbar los mosquitos. Tuve que armarme con zapatilla en mano y pasar casi dos horas persiguiéndolos. Maté a cuatro, y lo peor de todo es que todos me habían picado ya cuando los finiquité. El problema de estas casas es que no están aisladas del exterior, todas tienen huecos y rendijas por las que pueden entrar los mosquitos o los lagartos. Hasta cierto punto es lógico, porque no se tienen que preocupar por el frío, y con tal de que no entre la lluvia, con una verja a veces ya vale.

Visto que eran las 11 y ninguno de los dos conseguía dormir, decidimos levantarnos. Cogimos una sandía enorme, la partimos y nos la zampamos de desayuno. Luego pusimos camino de la piscina municipal para darnos un baño. Tuvimos que ir en el peculiar transporte urbano de Managua (los autobuses amarillos). Los que hacen estos viajes son más viejos que los de largo recorrido, y realmente es sorprendente que anden. El billete vale 2,50 córdobas (12,5 céntimos de euro). No se puede decir que sea caro, pero es que el servicio no vale mucho más. Tienes que subir en marcha y bajar en marcha. Los vehículos van saturados; todos los asientos van llenos y en el pasillo hay tres filas de personas. Si en un autobús normal viajan unas 60 personas, yo calculo que en uno de estos viajan bastantes más de 100. Además, los autobuses no indican hacia donde van, simplemente hay una especie de revisor que saca la cabeza por la puerta de atrás para gritar el destino .Un chico que trabaja en la cooperativa de autobuses me dijo que cada uno de ellos está valorado en 5.000 dólares. Así que ya sabéis, si un SEAT Panda se os hace caro, siempre podéis venir a Managua a comprar un autobús para salir de marcha con los amigos.

La piscina no era realmente municipal. Es una piscina del ejército, y es la única piscina olímpica que hay en toda Nicaragua. Yo hice un amago de bañarme para dar un par de largos, pero me dio un achuchón que casi me deja tieso en mitad de la piscina. A parte de seguir enfermo, la noche sin dormir me sentó muy mal.
Cuando Marcel se nadó la piscina unas cuantas veces decidimos ir a comer. Nos dirigimos a uno de los nuevos centros comerciales de Managua. Es increíble ver como puedes vivir como un europeo o un americano en esta ciudad estando en pleno tercer mundo. Fuimos a una planta en la que estaban todas las cadenas de comida rápida de América Latina. Yo intenté comer un trozo de pizza, pero las nauseas me impidieron dar el segundo bocado. Así pasé otro día más sin comer.

Hacia la noche ya estaba un poco más recuperado, por lo que pudimos salir a cenar. Fuimos a un restaurante casero donde me prepararon una sopa. Luego nos dirigimos a uno de los bares de moda de Managua, el Art Café. El ambiente estaba bien, con buena música, pero es que mi cuerpo no estaba para fiestas, así que a la una ya estábamos en casa. Esa noche sólo conseguí matar tres mosquitos. La mayor parte de la hora y media que pasé persiguiéndolos fue infructuosa.

El domingo amanecí un poco fastidiado, sin mucho apetito, así que lo único que comí fue un poco de arroz en un bar mientras veía el partido del mundial de béisbol entre Venezuela y Cuba. El béisbol es el deporte nacional, importado por los marines americanos a principios del siglo XX. Tiene más adeptos que el fútbol, aunque éste está en continuo ascenso, sobre todo en el norte del país. Aunque la verdad, cualquier nica sabe más de la liga española que yo. El Barça y el Madrid son seguidos con fervor por estas tierras.

Entorno a las 3 de la tarde llamé a Guille para saber en qué lugar podría quedar con él, ya que esa noche tenía previsto dormir en su casa. Me acerqué en taxi a un centro comercial en el que se celebraba una feria de turismo. Allí los encontraría a él y a Ofelia. Estuvimos un rato viendo un concierto del cantante del que os hablé en el post anterior (Mejía Godoy). De camino a casa paramos en un restaurante Salvadoreño a cenar unas tortas rellenas de crema de frijoles. Tenían encerrado en una jaula a un mono araña que me dio bastante pena. Le saqué una foto.
Al llegar a casa nos fuimos directos a cama. Al día siguiente viajé de vuelta a Somoto. Siento no poner más fotos, pero ese día no estaba lo suficientemente animado como para llevar la cámara encima.

martes, marzo 21, 2006

Fin de semana en Managua (Viernes 10/3)

El viernes no hubo valor para levantarse a las 5 de la mañana, así que la jornada comenzó a las 7. Es lo bueno que tiene ser tu propio jefe. Llegamos a la oficina entorno a las 8 y yo pasé la mañana leyendo. Fue un día de relax, porque me fui para casa con Guille a las 12 y estuvimos media tarde charlando.

Por la noche (a las 7), había quedado con Marcel para ver una proyección de cortos en un cine de Managua. Luego me quedaría con él el resto del fin de semana. Resultó que el evento era en el cine July, un cine porno de la capital. Estos artistas son de lo más original. En la entrada estaba esperándome Marcel, que me presentó a algunos amigos nicas y a un chaval vasco que trabajaba para las Naciones Unidas.

La sala era de lo más cutre que he visto en mi vida; había unas banquetas como las de las salas de espera de los hospitales, forradas con unas telas negras, el suelo era de cemento sin llanear y los altavoces seguramente se los habrían robado a alguna orquesta. Me pesó no haber traído una toalla de casa para no tener que sentarme directamente en aquellos asientos. El espectáculo empezó aproximadamente una hora después de lo previsto, así que aproveché para sacarme alguna foto con Marcel. El pase consistía en unos veinte cortos de un minuto, más o menos, y un documental de casi dos horas. El documental estuvo bastante bien, trataba sobre una experiencia en la que le daban clases de fotografía a unos niños de un barrio marginal de Colombia. Se hizo un poco largo de más. Los cortos fueron penosos, aunque gracias a ellos, tuvimos tema de conversación para toda la noche, discutiendo el recurrido tema de "si cualquier cosa se poduede considerar arte". Para poneros un ejemplo, uno de ellos consistía en enfocar unos labios que se movían durante un minuto. Otro consistía en una mano escribiendo en un papel “al menos déjame una foto tuya”. Y chorradas así. Al terminar la proyección unos tipos hicieron un pequeño concierto delante de la pantalla con una película de Buñuel detrás. No me gustaron mucho porque eran demasiado heavys para mi gusto.

A la salida nos dirigimos a un restaurante indio para cenar. El Pita Express. A pesar de las reticencias que tenía con ese tipo de comida, puedo decir que la lo que me sirvieron estaba impresionante. Si algún día vais a un restaurante indio os recomiendo comer un humus, que es una especie de sándwich vegetal que está de vicio. Riquísimo. El té también estaba buenísimo.

De ahí fuimos a un concierto que había en el centro, de un grupo que se llama Perro Zompopo (como el lagartito). El líder es hijo de un cantante natural de Somoto llamado Carlos Mejía Godoy. No sé si os sonará de algo el nombre, pero es uno que cantaba una canción que decía algo así como “Son tus perjúmenes mujer, los que me sulibellan, los que me sulibellan…” Quizás no os suene de nada, pero es que yo la reconozco porque mi padre la canta de vez en cuando. El concierto ya casi había finalizado cuando llegamos, pero todavía pudimos quedarnos a tomar algo, ya que había bastante ambiente. Fuimos al bar Tsunami. Como ya dije en otro post la marcha en Nicaragua no es como me la imaginaba. Lo que nosotros llamamos pubs tienen mesas y sillas, y a lo más tienen una zona reservada para bailar. Lo común es ir a un bar a sentarse para charlar y beber cerveza o ron (en ese sentido no hay mucha variedad).

Luego cambiamos de local y nos fuimos a otro que se llamaba Fresh Hill. Allí ya había más movimiento. Lo que sí me pareció diferente a España es que la gente está un poco más desinhibida. Me refiero a que cualquiera se pone a charlar contigo aunque no te conozca de nada y te lo pasas muy bien, porque es como estar en una fiesta con tus amigos. Esa noche conocí a bastante gente. Marcel dice que Managua para salir es como un pueblo, que en dos fines de semana conoces a todo el mundo a pesar de que es una ciudad de un millón y pico de personas. El caso es que Marcel se mueve por los bares a los que van los universitarios que tienen más pasta. Entonces siempre se encuentra con la misma gente.

Muchas personas me ha preguntado si es verdad el mito de que las mujeres latinas se nos echan encima a los españoles… y yo diría que depende. Me he dado cuenta de que, generalizando un poco, hay dos tipos de mujeres. Las de nivel cultural un poco más bajo que te miran vergonzosas y bajan la cabeza, te ven como a un bicho raro y no se suelen acercar. Luego, por otro lado están las de nivel cultural alto, generalmente universitarias. Esas son aguilillas y suelen acercársete para hablar. A estas le gustan los españoles, pero no porque piensen que tienes dinero o porque quieren venirse contigo para España, sino porque dicen que prefieren nuestro carácter que el de los nicas. Los nicas son muy-muy-muy machistas, y parece ser que los españoles tratamos a las mujeres más de igual a igual. Es normal que estés en un bar de estos y te saque alguna chica a bailar. Si te lo propones no tienes problemas para ligar, te lo ponen fácil. Además hay que tener en cuenta que a todos nos atrae lo exótico, así que e ellas siempre les llama la atención el tipo de persona a la que no están acostumbradas. En general a todas les gustan los cheles, porque en esta sociedad ser chele significa estar bien considerado.

Todos tendemos a pensar que a los hombres españoles y europeos les motiva viajar a los países latinos porque allí tendrán bastante éxito éxito con las mujeres. Lo que a mí me impresionó al hablar con la gente de aquí es que no son precisamente los hombres los que más se desmelenan al llegar a estas tierras, sino las mujeres. Se podría decir que las españolas disfrutan (al menos en Nicaragua) de una gran fama de "libertinas".

Aquí dejo la foto de una chica nica. Se la prometí a Juan Luis, que estaba muy interesado en saber como eran estas mujeres…

viernes, marzo 17, 2006

Fin de semana en Managua (Jueves 9/3)

Intentaré cambiar un poco de tema en este post, porque me estoy volviendo un poco pesado, así que hablaré de la última vez que salí de Somoto.

Cuando llegué a Nicaragua, mis planes consistían en pasar una semana en casa de Guille para adaptarme a la situación y luego viajar a Somoto. Allí trabajaría, y cuando tuviese la oportunidad me desplazaría para conocer otras partes del país. Mis problemas de estómago truncaron mis intenciones e impidieron que me desplazara tanto como yo desearía. La semana pasada cumplí un mes en Somoto, así que decidí salir de este pueblo aunque no fuese en plenas condiciones.

El plan consistía en viajar el jueves a Managua, quedarme allí un día o dos, y luego ir con Marcel a las playas del Pacífico. Marcel es un chico catalán que trabaja de voluntario en Amigos de la Tierra. Es un tipo singular. Estudió Empresariales en Barcelona y trabajó en una multinacional en París. Según él, ganaba mucha pasta y se estaba forrando, pero su vida no le convencía, así que decidió darle un giro y se fue de voluntario con una ONG a Cali (Colombia), de allí a El Salvador, y desde hace dos meses está aquí, en Nicaragua. Dice que en Agosto, si no le sale algún trabajo remunerado, se tendrá que ir para casa, porque ya se le está acabando el dinero que ganó en Francia. Hay muchas historias como las de Marcel por aquí. En la oficina de Ingenieros Sin Fronteras trabaja un vasco que era ingeniero de telecomunicaciones. Cuando se aburrió de su trabajo, se compró un barco y aprendió a navegar durante un año. Al tener dominado el tema se le ocurrió cruzar el Atlántico en solitario y venirse hasta Nicaragua.

Yo tenía que coger el autobús a Managua a las 3 de la tarde. El problema que tenía era que el viaje duraba tres horas y media y mi estabilidad intestinal no estaba asegurada. Por lo tanto recurrí a las pastillas antidiarreicas, que, aunque no me solucionen el problema de forma permanente, te aseguran que no irás al baño en unas cuantas horas. Es como ponerte un taponcillo.

A la estación me acompañó Freddy. Allí me sacó una foto con un cartel de Euskadi, en el que se anunciaba que la construcción se había llevado a cabo con fondos procedentes del País Vasco. No os podéis ni imaginar el dinero que llega aquí procedente de otros países. De hecho, la primera fuente de ingresos de Nicaragua es la cooperación internacional. Si andas por Somoto te puedes encontrar carteles de Castilla la Mancha, Cataluña, Madrid, Unión Europea, Japón, Finlandia, Canadá, Banco Mundial, Naciones Unidas, etc, etc, etc. Más de la mitad de esta ciudad fue hecha en base a fondos de ayuda internacional. Y esto mismo ocurre con la mayoría de localidades del país. Desde mi punto de vista, esta situación se está convirtiendo más en un problema que en una solución, porque las cosas se están construyendo con dinero de otros y la economía está sustentada en las ayudas internacionales. Si el día de mañana deja de llegar dinero del exterior este país se paraliza. No han conseguido aprovechar la ayuda para realizar una economía sostenible, la gente se ha hecho dependiente del dinero externo que muchas veces se utiliza sin ningún control ni acierto. Quizás sea un poco drástico, pero pienso que a este país le vendría bien pasar unos años sin cooperación internacional para que se despertase la economía y la gente se concienciase de la necesidad de ser un país competitivo. Lo pasarían mal un tiempo, pero seguramente luego las cosas irían a mejor. Por otra parte, el caciquismo está a la orden del día y todas las mañanas aparecen en el periódico casos de desfalco por parte de políticos. Estos casos son olvidados una semana después, siguiendo impunes y en sus cargos los autores del delito. Esto es consecuencia de la pasividad del pueblo que admite como algo normal esta clase de hechos.

Siguiendo con lo que estaba, llegué a la estación y me empezaron a asaltar los buseros preguntándome a dónde iba. Opino que esta tradición tiene poco sentido, porque lo que ellos intentan es convencerte para que montes en su autobús. Menuda tontería, yo no voy a estar en la estación por casualidad y porque uno de ellos me diga “Granada!!!!, Granada!!!!”, yo no voy a decir “anda, me ha convencido, me apetece ir a Granada”. A pesar de que el de Ocotal y el de Jinotega intentaron persuadirme, me monté en el bus que tenía previsto, el de Managua, e inicié mi viaje no sin el temor de que me diese un apretón por el camino. En ese caso me tendría que bajar del autobús en algún punto de la carretera Panamericana y después de buscar un arbusto, encontrar la manera de llegar a Managua. Por suerte para mí, no sucedió.En el autobús tuve la oportunidad de adquirir tortas de maíz, enchiladas, frescos, jocotas, superconos… y una gran variedad de alimentos que son paseados por el pasillo del autobús en cada parada.

Me tocó sentarme en el segundo asiento. A mí no me gusta demasiado viajar en la parte de delante del autobús, porque tienes la oportunidad de contemplar la conducción del busero, que se podría calificar, en el sentido más amplio de la palabra, como “arriesgada”. Ver como adelanta a camiones y coches en plena curva o cambio de rasante es un sinvivir, con el que consigue que a los que vamos delante se nos pare la respiración durante unos segundos. Lo más habitual es que en todos los viajes tengas al menos un sustillo.

Casi cuatro horas después llegamos a Managua. La idea era que cogiese un taxi para ir a la oficina de Amigos de la Tierra, donde estaría alguien esperándome. Creo que en este post me estoy yendo un poco por las ramas, pero es que este es un buen momento para hablaros de los taxis y de los cheles. Los taxistas de Nicaragua son personas que gozan de mala fama, se dice que son estafadores, agresivos y listillos (en el fondo no son tan diferentes a los nuestros). El viaje en el taxi suele ser barato. Dependiendo de la distancia, de la oferta, y de la cara de tonto que te vean, puede variar entre 15 y 40 córdobas (más o menos entre 1 y 2 euros). No tienen taxímetro, así que el precio lo tienes que regatear. Eso es lo bueno que tienen. Lo malo es que tienes que compartir el taxi con otras personas, y por lo tanto, el conductor tiene que desviarse para dejar a otro en su destino. Es como un pequeño autobús. Normalmente intentan subir a toda la gente que pueden, y si ven a alguien con cara de despistado por la calle les pitan para que se den cuenta de que están disponibles para llevar más gente. Yo he viajado con siete personas más en un taxi: el conductor, una señora con dos niñas en el asiento del copiloto y cuatro atrás. Aquello parecía el “Qué apostamos”.

Otro tema es el de los cheles. Los cheles somos todos los del piel clara (viene de la palabra leche). Se identifica al chele como el extranjero o la persona con un nivel social más alto. Los famosos, los políticos, los presentadores de televisión y las personas de elevado poder económico son cheles y evitan juntarse con gente de piel morena. En los medios de comunicación sólo aparece gente de piel clara y en un anuncio publicitario jamás verás al prototipo nica. Posiblemente veas a un español o a un americano. Los propios nicas ejercen una discriminación positiva hacia los cheles. En todos los sitios te tratan como si fueses de un nivel social más alto. Un ejemplo, es que cuando entras a un banco, hay un vigilante que te revisa de arriba abajo. Si eres chele te deja pasar casi sin más. Como dije antes, esta es la parte buena. La mala, es que además de verte la cara blanquita, te ven cara de dólar, o de tonto, no sabría decir. Casi siempre te intentan cobrar más de lo que valen las cosas y cuando vas a un mercado o algún sitio parecido te acosan para que les compres. Cuando voy con Freddy a comprar algo siempre habla él. Cuando le dicen el precio ya puedo hablar yo. Los niños y los borrachos se te acercan para pedirte dinero, y como no seas un poco contundente, no te los sacas de encima. Y no es que lo pidan para comer, sino que los borrachos es para mantenerse como están y los niños para comprarse chucherías. Pobre de ti si se te ocurre darle un peso, porque entonces él y sus amiguitos se convierten en tus sombra. El otro día se me acercó uno en Somoto y me dijo:
- Chele, dame un peso.
- No tengo. –Le dije.
- Chele, dame un peso. (así repetido cinco o seis veces).
Lo ignoré y seguí andando, pero el chaval me perseguía. Cuando me volvió a pedir un peso le dije.
- Dame tú a mí un peso. Venga, dame un peso.
La respuesta lo dejó descolocado y me dejó en paz.

Con lo que estaba; bajé del autobús y me dispuse a coger un taxi. La ventaja de coger un taxi, es que, además de ser barato (porque te ahorras una caminata de más de una hora por un euro), es que te llevan exactamente a donde quieres ir. Porque yo, por mí mismo no sería capaz. Yo iba a “De donde era la Vicky” (que sabe dios lo que era), dos cuadras al sur, una arriba y dos al sur. (¿Os conté que hay una dirección que es “De donde era el arbolito”?). Entonces, ya dije que había que regatear y que normalmente si te ven chele, te intentan cobrar de más. El truco consiste en hacerte el desinteresado, como que no tienes prisa y no te importa parar a otro taxi para comparar precios, y antes de poner un pie en el coche, preguntarle cuanto te cobra. De lo que te diga, le restas una media de 5 ó 10 pesos y le dices que le das eso. Normalmente cuela, pero creo que es porque esos 5 ó 10 pesos ya se los suben contando con que tú se los bajes.

Yo me acerqué a un taxista y le pregunté cuanto me cobraba. Me dijo 35 (que no es mal precio porque queda lejísimos). Yo acepté y me dijo que me fuera sentado en el taxi. El tipo cogió y se fue a a ver la televisión a la estación de bus, a la espera de que más gente le solicitase un viaje aprovechando así para hacer varios juntos. Media hora después, cuando ya tenía suficiente gente y yo ya estaba medio mosqueado, se me acerca otro taxista (es que son una cooperativa) y me dice: “¿Ya preguntó el precio?”. Y yo le dije “35”. Mientras él ponía cara de “Mecachis…”. Si no hubiese preguntado me diría que eran 45. Cuando ya éramos 5 pasajeros, se puso en camino.

Al llegar a Amigos de la Tierra me estaba esperando uno de los chicos que trabajan allí. Me dijo que era el cumpleaños de Ofelia (la mujer de Guille), así que estaba previsto salir a tomar algo esa misma noche. Fuimos de nuevo al mismo restaurante al aire libre que la última vez; El Mirador de Tiscapa. Éramos Guille,Ofelia, yo, y toda la gente que trabaja en la oficina. Esta vez sí que pude llevar la cámara para sacar algunas fotos, aunque son un poco desastrosas, porque estaba muy oscuro. Os aseguro que el Photoshop hace maravillas, porque antes no se veía nada.

Como era jueves no había mucho movimiento pero sí que había orquesta en vivo. Todos salieron a bailar a la pista de baile. En principio la representación española se abstuvo (Guille, Marcel y yo), pero finalmente, Marcel y yo nos decidimos a hacer un poco el ridículo. No sé si se podría definir como bailar lo que hicimos, pero nos lo pasamos bien.

Yo quería algo más potente...

Como decía un profesor de mi facultad: la información es poder. Lo malo de la información es que en casos puntuales se convierte en un arma de doble filo, porque descubres cosas que quizás hubiese sido mejor desconocer. Desde que enfermé me he dedicado a informarme sobre la amibiasis y ahora estoy hecho un experto. El problema es que, como ya dije, hay cosas que habría sido mejor no leer. Es una enfermedad simple, una infección, pero si tienes un poco de mala suerte y no la tratas a tiempo hasta se puede convertir en mortal. Por lo tanto, estoy medio acojonadillo, noto dolores por todos sitios y me asusto por cualquier sensación anormal. Me estoy volviendo hipocondríaco perdido.

Mi médico me recetó un antibiótico, y me he puesto a investigar sobre él en Internet. Resulta que existe otro antibiótico más indicado para la amibiasis que el que estoy tomando en estos momentos. Y yo me pregunto… ¿por qué no me lo recetó?. Creo que a estas alturas ya sé yo más sobre amibiasis que el propio médico; podría hacer una tesis sobre el tema. Estoy pensando que esta noche volveré a junto de él para “convencerlo” de que me lo recete. Esta situación me recuerda a una escena de la película “El Club de la Lucha”, en la que el protagonista (Eduard Norton) iba a junto el médico para convencerlo de que le recetase un somnífero y se los iba recitando todos de memoria. Yo iré y le diré; “buenas noches, doctor, perdone las molestias, es que estaba pensando que quizás me convendría tomarme Metronidazol 750 en vez de Citrofoxacina 500”. El miedo que tengo es que al tipo le parezca mal que ponga en duda sus decisiones. Hay que arriesgar. Me gustaría tomarlo aunque sólo fuese para estar un poquito más tranquilo.

Pensándolo mejor, esperaré a que termine el tratamiento con el que estoy ahora; a ver que pasa…

miércoles, marzo 15, 2006

Más pastis

Anoche hubo suerte y pillé al doctor Ordóñez en casa. Acordamos que habría que optar por algo más potente, así que me recetó unos antibióticos. Me dijo que mis males eran resultado de la maldición del Cacique de Irinagen. Esto del cacique, no tiene nada que ver con el ron (como estará pensando en estos momentos alguno que yo sé), sino que es una leyenda nica. Cuando los españoles conquistaron estas tierras mataron a toda una población (la de Iriangen), y su líder (el Cacique), les maldijo, de modo que todos los que llegasen aquí sufrirían enfermedades. Y yo, como español, sigo sufriendo la maldición. Es curioso, salgo de Galicia, justo cuando nos libramos de la maldición del Cacique de Fraga y ahora me toca la del Cacique de Iriangen.

El médico también me comentó que tenía que mantener una dieta suave, sobre todo a base de comidas cocidas, para no forzar mucho la hernia de hiato. Eso ya lo llevo haciendo unas cuantas semanas. Como en este pueblo resultaba imposible comer suave en ningún restaurante, Freddy y yo decidimos comprarnos una cocinita de dos hornillos, una bombona de butano, una cacerola y una sartén. Montamos nuestro restaurante improvisado en un cuarto del CIDeS que tenía un pequeño fregadero. Por tanto, ahora me dedico a hacer famosa en este pueblo la cocina española al estilo estudiante. Las tortillas de patatas son todo un éxito. La variedad también resulta un poco limitada, porque en el supermercado Palí hay poca cosa, pero siempre se puede recurrir a la pasta.

Ahora sólo me queda tomarme mis pastillas durante 5 días y esperar a ver qué pasa. Como esto no lo solucione, esta enfermedad va a acabar con mi salud y con mi bolsillo, porque, así a lo tonto, ya llevo gastados en medicinas casi 200€. Por lo menos no gasto nada en el médico. El primer día que fui a junto de él, me acompañó Fofo el del CIDeS. Supongo que no quiso cobrarme la consulta porque ellos eran conocidos, pero desde aquella no me ha cobrado. No todo iba a ser mala suerte, no?

martes, marzo 14, 2006

El foso de los cocodrilos

Por Somoto no hay gran cosa que hacer, pero a pesar de eso, los días pasan rápidamente. Lo malo, es que casi todos ellos son iguales. Para Freddy y para mí la vida transcurre entre el CIDeS y el restaurante “Antojitos Bambi”, donde solemos ir a comer cada día el mismo plato de gallopinto o de carne estofada (en el caso de la carne estofada, decir “el mismo plato” no es una recurrencia lingüística). Tras semana y media manteniendo el mismo menú, yo ya empezaba a estar un poco harto de comer siempre lo mismo, pero optaba por la resignación y el apetito para afrontar un nuevo almuerzo. Los problemas llegaron cuando, un día, empezó a fallar el apetito. Yo lo achaqué a la monotonía de la comida, así que no le di mayor importancia. Pero es que la cosa iba a peor, y cada vez tenía menos ganas de comer. Un par de días después, llegaron las náuseas, y mi alimentación se hizo totalmente imposible.

Esto pasó un viernes, y Freddy, mi compañero, se fue para su casa en Managua, quedándome yo en Somoto. A pesar de que ya dije que los días pasan despacio, estos días se hicieron largos, muy largos. Como se suele decir, “más largos que un día sin pan” (expresión que se adapta perfectamente al caso). A medida que pasaban las horas, me sentía cada vez peor, hasta llegar a la situación en la cual, no podía ni beber, porque simplemente meter agua en la boca me hacía vomitar. Las náuseas son, para mí, una de las peores sensaciones que hay. Es un sufrimiento continuo que no te abandona. Definitivamente, prefiero los vómitos, porque un vómito te hace sentir bien cuando acabas, te libera. Estaba hecho polvo, me sentía cansado y muy desmoralizado.

En otros post anteriores ya dije que ya había sufrido variedad de enfermedades estomacales, así que la situación no me resultaba extraña. Pero esta vez, era distinto. Encontrarse en un ambiente extraño, a unos 10.000 km de tu casa (más o menos), y no tener alguien que te haga compañía en estos momentos, te hace sentir todavía peor. Me acordé de mi familia, de mis amigos, de toda la gente que conozco y hasta de Rosalía de Castro (“Adeus ríos, adeus fontes, adeus regatos pequenos, adeus terra dos meus ollos, non sei cando nos veremos…”). Ahora sí se lo que es la morriña.

Pasé dos días tirado en cama prácticamente sin moverme. Desde el viernes que se fue Freddy hasta el domingo. Decidí entonces que debía ir a un médico o algo parecido. Bueno, en realidad ya lo había decidido el viernes, pero no me encontraba con las suficientes fuerzas para ir, y al principio tenía la esperanza de que fuera mal de un día.

Encontré una farmacia en la que atendía un médico, así que me dirigí a ella con la esperanza de que me hiciese un pequeño diagnóstico. La verdad es que resultó ser un tipo bastante incompetente. Al comentarle los síntomas, así a la brava, me recetó unos antibióticos, y me dijo: “tómate una pastilla y ya verás como mañana ya estás mejor”. Fue todo lo contrario. Al día siguiente tenía el estómago destrozado.

Uno de los chicos que trabaja en el CIDeS se ofreció a llevarme al hospital para que allí pudiesen hacer un diagnóstico más profesional.
Los hospitales aquí son bastante precarios, y sólo entrar en uno te invade el miedo. Ves niños llorando por todas partes. Me atendieron sorprendentemente pronto. Yo creo que fue porque Fofo, el que me llevó, es un tipo de contactos dentro del pueblo.

La imagen de médico me resultó a la vez simpática e inquietante. Era el vivo retrato del médico mexicano de los Simpson. Resultó ser todo lo contrario que el médico de la farmacia, un tipo bastante competente. Estuvimos charlando un rato sobre mis problemas anteriores de estómago y me oscultó durante un buen rato. Llegó a la conclusión de que mis problemas actuales se debían a la hernia de hiato que tengo en la boca del estómago desde hace tiempo. Como resultado de ingerir comida con mucho condimento, grasienta y pesada, día tras día, esta hernia habría provocado todos mis malestares. Me recetó un estimulador de la motivilidad gátrica, un protector estomacal, un restaurador de la flora intestinal y unas pastillas contra los gases estomacales. Gracias a todos estos medicamentos volví a tener apetito y pude comer. Aunque a pesar de todo, seguía sin encontrarme en perfectas condiciones.

La semi-recuperación no fue gratuita. Y es que los medicamentos en Nicaragua son un auténtico artículo de lujo. Todo lo que me recetó el médico para tomar a lo largo de dos semanas me costó 814 córdobas (40,70€). Teniendo en cuenta que un campesino puede ganar entorno a 100€ al mes, son, todavía, más artículo de lujo. Lo más curioso de todo es que ni tan siquiera compras una caja de pastillas, las pastillas se dispensan por unidades y te las dan en una bolsita de plástico. Por una parte, es una buena idea, porque no gastas más dinero que en las pastillas que vas a consumir, y por otra, nadie tiene, como todos nosotros en nuestras casas, un arsenal químico de restos de medicamentos. Por otra lado, no te ofrecen el prospecto, así que te tienes que fiar de lo que te haya dicho el médico. Si eres como yo, de los que nos gusta releernos el prospecto ochenta y cinco veces hasta que nos lo aprendemos de memoria, da bastante rabia.

Aquí, la seguridad social, es muy, muy limitada, y sólo se atienden casos de urgencia. Los medicamentos hay que pagarlos al completo y si el médico te hace una cura, por ejemplo, tienes que pagarle las gasas y el betadine. Yo no conozco ningún caso, pero estoy bien seguro de que hay gente que se ha muerto por no poder costear las medicinas que le hacían falta.




Mis compañeros del CIDeS juegan en el equipo de fútbol de Somoto. Este pueblo es la capital departamental del municipio de Madriz (está bien escrito). Por tanto, este equipo se llama “Real Madriz”. Además de eso, visten de blanco, y su estadio se llama “Santiago”. Todo pura coincidencia.

El domingo que terminaba la liga (aquí está empezando el verano), yo estaba dispuesto a ir a ver al estadio el último partido. En el pueblo había una gran expectación y casi todos irían al estadio. El Real Madriz jugaba contra Bluefields.

Bluefields es una localidad de la Costa Atlántica de Nicaragua, el Caribe. Un día hablaré un poco más de las partes que componen Nicaragua, pero intentaré hacer un breve resumen de la situación de la Costa Atlántica. Nicaragua cuenta con unos 6.000.000 de habitantes. Las poblaciones de mayor importancia, y el grueso de la población del país, se encuentra concentrada en la mitad oeste del territorio. La otra mitad alberga entorno al 20% de la población. Los accesos a esta zona son muy complicados, no hay carreteras asfaltadas, y los viajes pueden demorarse días. Existen un par de poblaciones grandes, pero casi todo son comunidades indígenas en las que la más representativa es la de los Miskitos. Los españoles intentaron colonizar esta zona en el siglo XVII, pero no lo consiguieron por los métodos convencionales (con las armas), así que recurrieron al armamento pesado (los curas). Los Myskitos se los cargaron a todos. Luego llegaron los ingleses, que fueron más efectivos y colonizaron la región (ya disponían de armas de fuego, aunque dicen que la introducción de las bebidas alcohólicas fue un factor decisivo para alcanzar la dominación). Consecuentemente, en esta parte del país se habla inglés. También se cuenta la historia de que en el siglo XVII, un barco portugués lleno de esclavos procedentes de África encalló en el norte de la costa, por lo que los habitantes son de raza negra y generalmente altos, al contrario que el típico nicaragüense, que es morenito y chaparrito. Las marcadas diferencias culturales, religiosas, de raza y de lengua, hacen que esta zona sea habitualmente excluida del resto del país. Ni tan siquiera en época de elecciones les prestan mucha atención. Se podría decir que son bastante ignorados. Creo que fue a principios de los 80 cuando se rodó aquí una película que quizás conozcáis. Se llama La Costa de los Mosquitos, en la que Harrison Ford hacía de un hombre que, cansado de su vida moderna, llevaba a su familia a esta zona paradisíaca para montar una fábrica de hielo.

Todo este rollo venía a que yo tenía previsto ir al partido contra Bluefields, pero no pudo ser. Una diarrea galopante tras una semana de recuperación me impedía alejarme a más de 100 metros de un water. Además, podía comer, pero sufría náuseas de vez en cuando. Al ver que la cosa no iba a mejor, decidí volver al hospital para que me volviese a ver el médico. El problema fue que allí no estaba el médico que me atendió la otra vez, sino que en su lugar estaba un médico cubano. Esto de los médicos cubanos y los nicas estudiados en Europa del este es una vieja historia de comunistas que otro día contaré. Le conté mi situación y mis antecedentes al doctor, y éste, con pesar, me dijo: “quizás tu problema necesite cirugía”. Creo que el interpretó rápidamente lo que decía mi cara, y arregló el tema diciendo; “pero no te preocupes, que los médicos nicaragüenses son de los mejores, hasta viene gente de Honduras a operarse aquí”. Yo pensé para mí “sí claro, ya me dejas de lo más tranquilo, como la gente de Honduras se viene a operar aquí, si tengo que escoger entre Houston y Somoto, pues me operaré en Somoto…”. De todos modos, me dijo, debería consultar previamente a un especialista, así que me dio la dirección de un cirujano del pueblo.

Para allí fui yo a las 8 de la noche, pensando por el camino cuanto me costaría el billete de vuelta para mi casa.
El nuevo médico, el doctor Ordoñez (el número 4), me dejó gratamente impresionado. Un hombre serio y aparentemente con grandes conocimientos. Me recomendó que dejase pasar unos días para ver como evolucionaba, me tomara unas pastillas antidiarréicas, y volviese en unos días para contarle como me encontraba. Achacó mis problemas a mi hernia de hiato y a lo que se llama “la diarrea del viajero”. Es una diarrea de sintomatología leve que afecta a un 50% de los habitantes del primer mundo que visitan los países tropicales. Se debe a la mala calidad de las agua que aquí se consume, pues contienen mayor cantidad de microorganismos, a los que no estamos acostumbrados.

Le hice caso y dejé transcurrir unos días para que la naturaleza hiciese su trabajo, pero la cosa no iba a mejor. El peor día fue en el que fui al water y me encontré con unas gotitas de sangre. Cuando me levanté y vi unas pintitas rojas en las heces casi me caigo de culo. Pensé que mi sentencia de muerte estaba firmada y solo me quedaba volver a casa para estar con lo míos. Quizás así contado parezca que exagero un poco, pero es que hay que verse en la situación, porque no es lo mismo que te pase esto en casa que a medio mundo de distancia.

Corrí desesperado de nuevo a junto el doctor Ordoñez. Sabiamente, me dijo, que antes de imaginarse cosas extrañas hay que contar con toda la información que esté al alcance de nuestra mano. Así pues, me mandó hacer un examen de heces y otro de orina. Fui a un laboratorio a solicitar un par de tarritos para muestras y una paletilla. Yo me esperaba encontrar con el típico tarrito transparente de tapita roja para muestras. En cambio, me encontré con un par de botes de cristal de potitos para bebé. El tiempo se me hizo muy largo hasta que me entraron las ganas de ir al baño. Estuve dándole vueltas a tema, pensando como haría para poder depositar mis “desechos” en el tarrito, que, además de ser pequeño, tenía una pequeña boca que pondría a prueba mi puntería. La estrategia elegida fue hacerlo en una bolsa y de ahí, con la paleta al tarrito. Un poco humillante, pero efectivo.

En cuanto tuve la muestra me fui pitando al laboratorio. Al cabo de una hora ya tenían los resultados: estaba infectado con una entomoeba histolytica. Es una ameba que coloniza el aparato digestivo, volviéndose un parásito. Se adhiere a las paredes del estómago y el intestino absorbiendo nutrientes. Se transmite por medio de la comida o el agua que ha estado en contacto con residuos de otros animales. Los quistes son la forma de resistencia de este parásito hasta que encuentran condiciones ambientales adecuadas para su desarrollo, son unas pequeñas cápsulas invisibles que depositan los animales contaminados en sus heces. Estos quistes resisten las condiciones ambientales hasta que tienen la oportunidad de entrar en contacto con otro alimento, por medio del contacto directo o siendo transportados por el aire. Cuando los alimentos o agua contaminados son ingeridos por un consumidor poco precavido (como yo), se repite el ciclo, produciendo vómitos, diarreas, cansancio, pérdida de peso, y una especie de moco y sangre en las heces. En teoría, con un poco de artillería química este bicho debería de salir de dentro de mí.

Me tomé religiosamente las 6 pastillas que mi médico me recomendó para eliminarla. Desde que me empecé a encontrar mal ha pasado un mes, desde que me tomé estas pastillas han pasado dos semanas, y todavía sigo sufriendo los síntomas, perdiendo peso y con un continuo malestar. Hoy mismo he decidido volver a hacerme unos nuevos análisis, para ver si me la había quitado de encima, o por el contrario era verdadera la hipótesis que estaba empezando a barajar, de que me estaba volviendo hipocondríaco perdido y todos mis males eran fruto de mi mente.

El resultado fue que por lo de ahora no soy hipocondríaco y las amebas siguen a sus anchas dentro de mí. De hecho, estoy peor que la otra vez, y ahora, a parte de tenerlas, tengo una infección en el intestino. Esta noche volveré al médico e intentaré que me recete el matamebas más potente que conozca.

Estoy de muy mal humor, bastante desanimado, tengo constantes molestias, y a día de hoy (14 de marzo), debo pesar unos 8 kilos menos que cuando llegué a Nicaragua, aunque no lo sé exactamente, prefiero no pesarme. Tengo tan poca grasa que siento los huesos del culo al sentarme. Esta se supone que sería una gran experiencia, y poco a poco se está convirtiendo en mi peor pesadilla. Me he planteado varias veces volver a mi casa, pero he pensado que la enfermedad seguirá conmigo, tanto aquí, como ahí, y posiblemente en Nicaragua sabrán tratar mejor un malestar que en España no existe. Una última razón para no volver es que tendría que comprar el billete a España, y curiosamente, el billete de ida, vale sólo 100€ menos que el de ida y vuelta.

Pienso que este es un buen momento para recordar un cuento que leí en algún sitio, que a mi parecer se adapta bastante bien a la situación y a todos esos momentos en los que pienso que habría estado mejor quedarme en casa viendo la tele mientras me como un bocata de chorizo:

Había una vez un rey que tenía un castillo. Como su territorio vivía constantemente acosado por invasores, decidió proteger su residencia con unas impenetrables murallas y un foso con cocodrilos hambrientos. Tras años de conflictos, las guerras cesaron. El rey se aburría mucho en su magnífica fortaleza, así que, para entretenerse, convocó al pueblo al otro lado de la gran muralla, y les dijo:
- Estimados súbditos: ya que estamos en una época de tranquilidad y prosperidad, he decidido hacer un concurso. Consistirá en que, el hombre que consiga atravesar el foso de las fieras y ascienda por el muro, llegando hasta el balcón donde me encuentro con mi familia, recibirá un generoso premio. Podrá optar entre recibir su propio peso en oro, o en tener una vida colmada de placeres casándose con mi hija, la princesa.
Prácticamente no había terminado de hablar, cuando la muchedumbre, asustada, vio como un campesino luchaba ferozmente con los cocodrilos y subía como una exhalación por la muralla hasta llegar a la par del rey.
- Oh!!, qué súbdito más valiente –exclamó el rey-. Has ganado la apuesta. Ahora dime, muchacho, ¿por qué optas? ¿Por obtener tu propio peso en oro o por casarte con mi maravillosa hija la princesa?.
- Me disculpará usted, mi majestad – contestó el hombre-. Yo tengo otra petición. Únicamente me gustaría saber ¿quién fue el idiota que me empujó?.


Este tipo de experiencias son a la vez el idiota y el rey; porque ofrecen el potencial de obtener emocionantes vivencias, pero su desarrollo es un proceso duro en el que puedes encontrarte con problemas que desgasten tu entusiasmo y te hagan sentir como en el foso de los cocodrilos. Pero, es eso consiste la vida, los cocodrilos son el riesgo, y sin riesgo no hay emoción, y cuando no hay emoción: ¿para qué vivir?.

Esto es lo que puedo contaros por ahora de mi enfermedad. Espero que las próximas noticias sean buenas.

miércoles, marzo 08, 2006

La comida

Quizás penséis que soy un poco pesado con el tema de la comida, pero para mí es un tema prioritario en la vida. Desde hace unos años he sufrido en mis carnes variedad de enfermedades referentes al aparato digestivo que han dejado huella en mi subconsciente: es inevitable que le preste atención.
Cuando llegué a casa de Guille, la primera semana aquí, pensaba “qué maravillosa es la comida nicaragüense”, pero resultó que lo que se comía en esta casa no era un ejemplo representativo de este país. No en todos los hogares hay un libro de cocina Macrobiótica.
La primera imagen que aparece en mi mente cuando pienso en comida nicaragüense es un plato de arroz con frijoles. Quizás no sepáis muy bien como son los frijoles. Son una especie de haba pequeñita de color granate. Pura proteina vegetal. Y el arroz, el de toda la vida.
Cuando llegué a Somoto me encontré con la triste realidad, ya que aquí teníamos que comer en los restaurantes. Al tercer día empecé a darme cuenta de que el menú era bastante invariable. Consiste, básicamente, día tras día, en cuatro platos:
-Arroz con frijoles (Gallopinto)
- Carne estofada (o triturada, según lo que sobre del día anterior; como en España)
-Pollo frito
-Ensalda de repollo empapada en vinagre

De beber:
- Frescos (zumos de frutas como cacao, maracuya, naranja, etc, rebajados con muchísima agua, con medio kilo de azúcar y mucho hielo)
- Gaseosa (Para ellos todas las bebidas con gas son todas gaseosas. La Fanta, por ejemplo, es gaseosa de naranja, o la Mirinda, que aquí todavía existe). Las botellas de los refrescos son enormes, de 12 onzas, 354ml.
- Jugos (Zumos enlatados que tienen poco de zumo. Calculo que tienen aproximadamente un 97% de azúcar. Si les quitas el agua te queda un bloque de azúcar. Son como el caramelo que le echa mi madre a las natillas. Después de beberte una lata de esto te queda una película blanca recubriendo el paladar y la lengua. Eso suponiendo que seas capaz de acabártelo antes de que te dé un ataque diabético.)
- Café. Mucho más suave y dulce que el de España. Siempre se bebe solo. A mí me gusta. Está bueno.
- Las infusiones. No son para tomar con la comida, pero las menciono porque me hace gracia cómo se preparan. Se preparan a lo bestia. Metiendo la rama de manzanilla en agua caliente. Ahí va la foto.

Tengo que puntualizar que a los nicas les encantan los sabores dulces (le echan a todo mucho, mucho azúcar) y los sabores fuertes, como el chile o la fruta verde con sal. Un denominador común para la gastronomía del país es el alto nivel de condimentación que utilizan en sus platos. Todo lleva un poquito de chile, o tabasco o alguna salsa de tomate.

A parte de los platos principales se sirve el bastimento, que es un plato de pequeño tamaño que sirve para acompañar. Pueden ponerlo en un platillo a parte o en el mismo plato. Suele ser:
- Una torta hecha de harina de maíz y agua a modo de filloa. Totalmente insípida. Es lo típico.
- Una ensalada de repollo con una crema de mantequilla y trocitos de tomate.
- Plátano frito en rodajas finas.
- Plátano maduro frito en tacos grandes (muy, muy dulce)
- Cuajada amarga
- Queso amargo (muy fuerte)
- Queso frito
- Alguna salsa.

Quizás penséis que exagero al decir que hay poca variedad, pero tenéis que pensar que estos platos que he expuesto no son sólo los del almuerzo, también se utilizan para el desayuno y para la cena. La excepción es que para desayunar no hay carne. A cambio te puedes encontrar con huevos revueltos.

La carne se suele tomar estofada acompañada de algunas verduras (zanahorias y chayote, una especie de calabaza que no sé como se llamará en España). También nos podemos encontrar con el pastel de carne. Quizás no sepa mal, pero para mí, solo la idea de mezclar en el mismo concepto la palabra “pastel” y la palabra “carne” me revuelve el estómago. También es habitual la carne asada que fríen en la misma calle.La carne más común es la de pollo. Para la carne de pollo sólo tengo alabanzas, porque realmente tiene un buen sabor. La de España es totalmente insípida, al contrario que la de aquí. Luego tienen carne de res, que es menos habitual y mucho más cotizada. El bistec que yo más he visto ha sido el jalapeño. Consiste en hacer un bistec bien tostadito con una salsa de cebolla por encima. Aquí os va una muestra. Por último está la carne de cerdo (chancho). Según me han comentado, este tipo de carne no es muy recomendable, sobre todo si la compras en mercados (o la comes en restaurantes, que la traen de mercados), ya que es habitual criar al cerdo atado a un árbol de la misma calle. Allí, el animalito come de todo lo que se le pone al alcance de la boca, incluso residuos orgánicos animales (qué forma más sutil de decir caca, ¿verdad?)

Los frijoles son realmente el elemento estrella. Pueden ir solos y en puré, pero que no os engañe la vista. Siguen siendo sólo frijoles. A veces para acompañarlos se sirve en el plato un poco de crema de leche amarga, que se revuelve con los frijoles. Esta combinación resulta bastante pesada, y estómagos delicados como el mío no lo agradecen en absoluto.

Para solventar la poca diversidad de comidas, a veces se hacen combinaciones de los platos principales. Nos encontramos así con las repochetas, que son las tortas de maíz con queso bravo o cuajada derretida dentro, cubiertas de crema de mantequilla y ensalada de repollo. O las enchiladas, que en vez de llevar queso dentro llevan carne triturada.

Me gustaría destacar que en este país es muy difícil encontrar muchos alimentos que en España consideramos básicos, como el pan, la leche y el pescado. En Nicaragua casi no hay panaderías, y en el caso de que las haya casi no venden barras de pan. Lo que más venden es pan de molde, pan dulce y pan francés (baguets). Por otro lado, la leche no se suele vender en las tiendas de barrio. En algunas sí, pero es leche natural, de la vaca del tendero. Sólo puede encontrarse leche envasada en los supermercados, y normalmente pasteurizada (en bolsas). En tetrabrick nadie la compra, entre otras cosas porque es carísima. Vale entorno a 1,5€ el litro. Una posible razón para que haya tan poca leche es que las vacas de aquí no producen tanta como las de allá. Esto es debido a que los pastos de aquí son del tipo C4 y los de Europa son C3. Los C3 son más digeribles por el estómago del animal. Por eso las nuestras son más gorditas, y dan más leche. Con respecto al pescado, puedo deciros desde que llegué aquí he comido sólo una vez una cosa que me dijeron que era pescado, pero yo tengo mis dudas. Dicen que en la costa del pacífico hay barcos de pescadores que llegan cargados de peces. A mí que me expliquen a dónde va a parar, porque yo no lo veo por ningún lado. Existe la leyenda urbana de que hay un restaurante en Somoto donde te pueden servir pescado. Es puro mito, porque yo he ido a ver la carta y por allí no aparece.
Las patatas son bastante escasas y caras. Que no os engañe la foto de más arriba donde aparecen unas patatas fritas. Supongo que son caras por ser escasas. Hubo una campaña de información en el país en la que el gobierno intentaba incentivar a la población a que comiese patatas (papas), y hasta mandaron a un cantante famoso que hiciera una canción sobre la patata, pero parece ser que no funcionó. Este alimento no está arraigado en la cultura. Lo de esta gente es comer arroz. Comen tanto arroz que, a pesar de que su es un país eminentemente agrícola, tienen que importarlo, porque el que cultivan ellos no les llega.

En el caso de que nos centremos en el ámbito rural la cosa empeora. Esta gente desayuna gallopinto, almuerza gallopinto y cena gallopinto. Y siempre con café.

Como digo de vez en cuando, si esto lo lee un nicaragüense, que disculpe mi exposición si parece ofensiva, pero es la opinión de alguien que está acostumbrado a algo totalmente distinto.

Primeros días en Somoto

Freddy ya había pasado la semana pasada en Somoto. Su trabajo consistía en pasar de lunes a jueves aquí e irse los fines de semana a Managua, porque allí tiene su familia. Por lo tanto, ya sabía donde podíamos dormir. Una opción era el Hotel Panamericano, donde podríamos tener una buena cama y televisión por cable por 80 córdobas a día. No es que sea un mal precio (4€), pero para vivir resulta caro. La segunda opción era una especie de escuela. Esa escuela cuenta con cuartos donde alojan a gente de aldeas durante unos días para darles capacitaciones sobre diferentes materias. Fuimos allí a solicitar acogida. La gerente se hizo la generosa, y del precio inicial de 60 córdobas, nos lo dejó en 40. El cuarto no estaba mal. Era una habitación llena de literas y un baño. En el baño, como pasa en todos los sitios que yo he visto, no hay agua caliente. No es que naturalmente esté muy fría, pero ducharse a las 5 de la mañana da un poco de reparo. La verdad es que no hay un mejor sistema para ahorrar gas y agua. Gas, porque ya no lo usas, y agua, porque sales pitando de la ducha. A veces disponen de un sistema simple que consiste es una resistencia eléctrica en la alcachofa que calienta un poquito el agua. Pero yo paso de usarla. Prefiero ducharme frío que frito.

Un par de días después, Fofo (Luis Alfonso), el director del CIDeS, nos dijo que había una habitación llena de trastos en el edificio de las oficinas, y si conseguíamos un par de colchones, podríamos instalarnos allí gratuitamente. También existía un baño (aunque medio destartalado). Tras dos días de trabajo conseguimos adecentar un poco el lugar y nos cambiamos de residencia. Freddy me preguntó; “¿qué te parece?”, y yo le respondí: “barato”. Cuando tuvimos todo adecentado, tras haber limpiado, comprado unas sábanas y matado media docena de cucarachas, Freddy me dijo algo que no se me olvidará: “Oie maje (maje es “tío”): vos porque sos del primer mundo y no te das cuenta, pero esta habitasión está de averga (averga es “cojonuda”)”. Pues eso, teníamos una habitación de averga. Las cosas iban bien.

Los primeros días los pasamos relacionándonos con la gente del CIDeS y conociendo un poco la zona donde íbamos a trabajar.
La primera salida la hicimos a una aldea de la montaña (aquí les llaman comunidades). Tras una hora de viaje en todoterreno por caminos intransitables, llenos de piedras y al borde de barrancos, llegamos a un pueblecito llamado el Apante. No os podéis ni imaginar lo mal que están estos caminos. Por ellos ni tan siquiera se puede circular en bicicleta.

Los pueblos de la montaña son un mundo aparte de la ciudad de Somoto. Esta gente acumula un retraso de unos 60 o 70 años con el resto de la humanidad. No hay agua ni electricidad. Las casas suelen ser de de barro sujetado por unas estacas de madera. Alguna gente sabe leer y escribir, pero el nivel cultural es muy, muy bajo. Ante cualquier urgencia es imposible llegar desde aquí a algún lugar civilizado en menos de una hora, y eso, suponiendo que cuentas con un buen todoterreno. La gente se desplaza a Somoto andando o en burro, y el viaje, fácilmente, puede llevarle todo el día. Sus habitantes tienen la característica de se personas muy humildes y bastante tímidas. Se puede decir que ellos están hechos de otra pasta. Yo no aguantaría vivo aquí ni una semana.

Nosotros fuimos a la aldea para ofrecer una capacitación de manejo de café. Aquí os dejo unas fotografías en las que se ve a la gente de la montaña recibiendo clase. La próxima vez que toméis café, pensad que quizás, ha sido cultivado por estas personas. Otros días subimos a las aldeas a hacer capacitaciones sobre manejo de patatas y de frutales (cacao, cítricos, etc).

La siguiente salida propuesta fue al cañón de Somoto. Hace un par de años un equipo de geólogos checos visitó esta zona del país para realizar un estudio tectónico. Para su sorpresa, parece ser que se encontraron una formación geológica única en el mundo; un cañón formado a partir de una grieta de un terremoto y horadada por una erupción volcánica. Éste era un lugar al que los paisanos nunca le habían dado demasiada importancia, pero desde que se hizo el estudio es un lugar de visita obligada. Volvimos a coger el todoterreno para ir al lugar, ya que su situación es un bastante recóndita. Nunca pensé que un Land Rover con cinco personas dentro podría atravesar un río con piedras en el fondo que son como pelotas de fútbol. De camino hicimos una parada junto a un viñedo en el que estaba el propietario vendimiando. Charlando con él, me comentó que su viña daba tres cosechas a año, una cada cuatro meses. Además, daba unas uvas gigantescas. Aquí os dejo una foto para que las veáis sobre mi mano. Tened en cuenta que mi mano, también es grande.

Un par de kilómetros antes de llegar al cañón tuvimos un percance. Al cruzar el cauce de un río seco, el conductor llevó el todoterreno sobre una zona en la que la arena era profunda. Allí embarrancó. Era el cauce de un río que en verano se seca. No había forma humana de sacarlo. Tres niños de la zona nos miraban como, desesperados, intentábamos mover el coche. Así estuvimos unas cuatro horas. Ahora sé lo que siente Carlos Sainz en el París-Dakar. Embarrancamos a las 9. A la 1 del mediodía, tras mucho esfuerzo, lo sacamos. Yo ya estaba calculando cual era el asiento más cómodo para dormir esa noche. Al final, no teníamos ni tiempo ni ganas de ir a cañón, así que volvimos a Somoto.

sábado, marzo 04, 2006

Cómo es Somoto

Somoto es un pueblo de unos 16.000 habitantes del norte de Nicaragua. La zona donde se sitúa es eminentemente árida, así que este lugar, en pleno verano (En Marzo), es poco menos que desértico.

Si fuese necesario definir Somoto con tres palabras, esas serían: polvo, sol y tranquilidad.
Es un sitio soleado. Desde que yo llegué (va a hacer un mes) aquí jamás ha llovido. La temperatura suele ser siempre agradable. Sólo hace calor excesivo a mediodía, pero el resto del tiempo, incluso en la noche, hace una temperatura ideal. Aquí todo el mundo usa una visera o un gorro de cowboy, porque el sol es como la saraiba en Galicia, que parece que no moja, pero empapa, y aquí el sol, parece que no quema, pero abrasa.


El polvo es omnipresente. Sólo las calles principales están adoquinadas (el adoquín es más resistente que el asfalto). Las otras son de tierra con muchas piedras. Por tanto, hay polvo por todos lados. En la ciudad hay varios limpiabotas, y todos tienen trabajo.
Otra característica relevante es la tranquilidad. El pueblo es tranquilo, muy tranquilo. Pero no por el hecho de que no haya gente en la calle, que sí que la hay. Lo que pasa es que la gente anda despacio, con calma. Es raro ver a alguien gritar y nunca se produce demasiado alboroto. Algo que me llama mucho la atención y que forma parte de la cultura Nica es la costumbre de sentarse en una esquina sin más. Sobre todo, a última hora de la tarde es habitual ver a gente sentada en los bordillos de las aceras o apoyados contra una pared. Vosotros pensaréis que esto no tiene nada de particular, que se hace en todos los sitios, pero es que aquí es más que una costumbre, es una forma de vida. Es común que las calles estén llenas de gente sentada en grupos o simplemente dejando el tiempo pasar.

Las casas aquí, como no, son de una sola planta. Suelen ser casas con aspecto antiguo (aunque sean nuevas), pintadas de diversos colores. Sus paredes son aprovechadas en la mayoría de los casos para dibujar anuncios. El primer puesto del ranking se lo lleva Coca-cola. En segundo lugar están los partidos políticos (que aquí hacen campaña publicitaria de forma permanente), y en tercer lugar, e irrumpiendo con fuerza, en busca del primer puesto: Movistar. En este pueblo hay anuncios por todas partes.

Los medios de locomoción preferidos son la bicicleta, el burro y la motocicleta de montaña, por este orden. Casi todo el mundo se desplaza en bicicleta. La ciudad es bastante grande y de relieve plano, lo que la hace totalmente indicada para su uso. Luego están los caballos, aunque también se ven bastantes burros. Los caballos son baratos: uno normalito que te lleve y que te traiga puedes sacarlo por 1000 pesos (50€). Las motos son el medio de locomoción preferido de la gente que ya tiene un poco más de dinero o tiene un trabajo cualificado. En el caso de los coches, son escasos, y los que hay suelen ser viejos y destartalados, de marcas irreconocibles (normalmente japonesas, como Datsun o Isuzu, por ejemplo). La gente que mueve un poco de dinero o tiene un negocio de mercancías tiene un todoterreno pick-up (con cajón en la parte de atrás), que ellos llaman camioneta. A veces se ve pasar un mustang rojo tuneado con llamas y lucecitas que parpadean por la calle central. Hace un contraste llamativo. Pertenece a un médico que se fue a USA a trabajar para comprar el mustang y luego volvió con él para presumir en su pueblo.

Por la calle los comercios invaden las calles. En un principio se limitan a poner artículos en la puerta, pero más tarde acaban vendiendo cosas en toda la acera. En todas las esquinas se vende de todo, pero lo que más abunda es la comida. Destaca la venta de fruta (mandarinas, piñas, sandías, jocochas, etc.). Los nicas tienen afición por la fruta verde tomada con sal. Para una persona que no esté acostumbrada no es recomendable. Existen frutos tan amargos, que en comparación, comerse un limón llega a parecer una anécdota. Las jocochas verdes son tan amargas que al comerlas crees que se te van a salir las glándulas salivares de la boca. También es habitual encontrarse en la calle las típicas fritangas, donde asan todo tipo de carnes acompañadas por plátanos o tortas de maíz. A parte de frutas y fritangas hay cualquier otro tipo de alimentos. Hay carros que venden plátanos, viejos que venden frescos (zumos con mucho, mucho azúcar rebajados con agua, servidos en una bolsa plástica atada, lista para que muerdas una esquina y chupes de ella), chicas que venden tortas…


Por Somoto corretean muchos niños, más de la mitad de los habitantes tienen menos de 15 años. La población aumenta a un ritmo vertiginoso. Y es normal, porque cada familia tiene una media de cinco hijos. Es raro que una persona de mi edad no tenga por lo menos un par de ellos. A estas alturas ya no me sorprende que me pregunten cuantos niños tengo.
No sé si debería hablar de esto, porque quizás algún nicaragüense que lo lea se puede sentir ofendido, pero en el fondo todos saben como son las cosas. Uno de los problemas principales de este país y también, como no, de este pueblo, es la desestructuración de las familias. Puedes encontrarte con un chico alardeando de haber dejado embarazada a una niña de 12 años. Es habitual ver niñas de 14 años embarazadas, y de 20 con tres o cuatro hijos. Es habitual que su marido no trabaje o deje abandonada a la mujer con 5 ó 6 hijos a su cargo. Puede pasar también que él sea alcohólico o ludópata. Es normal que los hombres tengan hijos con varias mujeres o que a ellas les atraigan los hombres casados. Están a la orden del día los malos tratos y las violaciones dentro del ámbito familiar. Al andar por la calle no es difícil ver a las 2 de la tarde a un hombre tirado en la acera, babeando mientras duerme, con una botella en la mano, o simplemente borracho andando sin rumbo de un lado a otro de la carretera. Oí hablar de un hombre que presumía de tener dos hijos con dos mujeres distintas, que coincidieron de parto, el mismo día en el mismo hospital. Allí, hablando entre ellas se dieron cuenta de que sus hijos eran del mismo padre. Este país es una mina para el "Diario de Patricia".

Por otra parte, está la religión. Ese es el contrapunto a tanto desorden sociológico. Los nicas se muestran absolutamente creyentes. En todas partes aparecen símbolos religiosos, aunque de diversas religiones. Yo estimaría que entorno al 50% de ellos son católicos, un 20% evangelistas, un 10% testigos de Jehová y otro 10% mormones. El 10% restante pertenecen a otras religiones o sectas. La gente suele hacer demostración pública de su fe. Mi opinión personal es que, generalmente, cuando alguien se ve en una situación difícil (cosa que suele pasar en estos países), necesita echar mano de algo, algo superior que esté ahí para ayudarle. Y ese siempre es dios.
A veces me pregunto si este viaje cambiará en algo mi vida, pero hay una cosa que sí tengo clara, y es que me hará más tolerante con todas las religiones, porque yo no sé si dios existe, pero sí se que a veces hace falta pensar que existe.

Pero bueno, como ya dije, esta es mi opinión personal. Advertir también que no todos los nicas son así, hay de todo, y mucha gente con una vida perfectamente compuesta y equilibrada, aunque generalmente, esto se da en personas con un nivel cultural más alto que el típico hombre de a pie.

Camino de Somoto

El lunes me dediqué a preparar mi viaje a Somoto. Se supone que el martes viajaría hacia esta ciudad para poder empezar a realizar mi proyecto, que, en principio, consistiría en estudiar y censar las obras de conservación de suelos de la subcuenca Agua Calientes.
A primera hora de la mañana llegué a la oficina de Amigos de la Tierra. Allí apareció mi nuevo compañero de viaje, Freddy.
Freddy es ecólogo, y su trabajo consistiría en viajar conmigo para que él pudiese supervisar el proyecto que se va a realizar en la zona. Yo, como parte de este proyecto, estaría a sus órdenes. Este chico me dio buenas vibraciones en cuanto lo conocí. Es un tipo campechano, de 32 años, de aspecto y acento cubano. Al poco rato de conocernos ya teníamos una conversación bien distendida.

Para el martes, día en el que viajaríamos juntos a Somoto, quedamos a las 7.00 en el mercado de mayoreo, donde está la estación de autobús más importante de Managua. Guille se ofreció a acercarme al lugar. Llegamos a las 6.40 y Freddy todavía no había llegado. Por la estación merodeaban los conductores de los autobuses anunciando a puro grito a dónde se dirigían. De uno en uno se te iban acercando para preguntarte a dónde ibas. Entre los muchos que se me acercaron uno me preguntó si yo iba a Somoto. Le dije que sí, y antes de que pudiese reaccionar, cogió mi maleta y se la llevó. Tuve que salir corriendo detrás de él para que se detuviese. Lo que quería era subírmela al techo del bus. Yo de ese sistema no me fío, así que lo convencí para que me la metiese en un minúsculo maletero que tenía en la parte baja. Después me dirigí a comprar el billete (70 pesos)
A las 7.00 el autobús salió de la dársena y se situó en medio de la estación. Al vehículo empezaron a subir personas con bolsas de frutas, frescos, tortas de maíz, etc. Todavía no he contado que en Nicaragua se vende comida en todos los sitios y a todas horas. El bus empezó a andar despacito y los vendedores, tras dejar su mercancía, iban bajando en marcha. Freddy no apareció, así que tuve que hacer el viaje solo.
El autobús era el típico autobús amarillo. Los asientos no están divididos, sino que tiene una especie de bancos para dos personas. Lo cierto es que el autobús era mejor por dentro de lo que me había imaginado. Incluso tenía un buen equipo de música. Casi todo el camino lo realizamos al son de Bob Marley.
El recorrido lo hicimos por la carretera Panamericana, que es una carretera que cruza desde Sudamérica hasta Norteamérica. Esta vía es la excepción que confirma la regla dentro de Nicaragua. Está en perfecto estado, y es realmente difícil encontrarse un bache. Me imagino que todo el dinero que hay disponible para vías de comunicación irá en gran medida a la Panamericana, pues es la verdadera vértebra de comunicación, atendiendo además al hecho de que aquí no existe ni un solo metro de vías de ferrocarril. Por ella es habitual ver pasar los trailers típicos de las películas americanas, unos monstruos de unos 25 metros con unas cabinas gigantes. También de vez en cuando pasan por ella grupos de moteros subidos en sus Harleys Davison. Suelen ser gringos que deciden coger esta carretera para vivir la aventura sudamericana.
El camino de Managua a Somoto duró tres horas y media, pero se hizo más llevadero de lo que yo pensaba. Fueron 270 km a lo largo de grandes rectas que atravesaban llanuras secas rodeadas de montañas. La parte norte de Nicaragua tiene un clima llamado tropical seco. El paisaje en esta época del año puede recordar al paisaje de Castilla en el mes de septiembre.
Los Amigos de la Tierra en Somoto trabajan conjuntamente con una agrupación perteneciente a la alcaldía llamada CIDeS (Centro de Iniciativas para el Desarrollo de Somoto). En esta agrupación está compuesta por unos chicos encargados de ejecutar los proyectos para los que consigue financiación Amigos de la Tierra. Por tanto, resumiendo un poco, podríamos decir que Amigos de la Tierra consigue la pasta, decide lo que hay que hacer, y el CIDeS ejecuta.
Cuando llegué a Somoto estaba un poco perdido. Había llegado a la estación y mi objetivo era dirigirme a la oficina del CIDeS para conocerlos, y después buscarme la vida para saber donde alojarme esa primera noche. Estaba un poco desanimado, porque mi apoyo, Freddy, me había fallado, y ahora no tenía a nadie que me orientara. Lo primero que hice fue acercarme a una especie de kiosco que había en la estación y comprar un paquete de galletas. Aprovechando la compra le pregunté a la dependienta si sabía donde estaba el CIDeS. En la guía de Nicaragua que leí antes venir a este país decía que algunos nicas tenían un pequeño problema con la lateralidad. Después de esta experiencia comprobé que era cierto, pues la chica me dijo que tenía que ir dirección sur, y a las tres cuadras debía de girar a la izquierda mientras señalaba a la derecha. (En esta ciudad las calles tampoco tienen nombre).
Tras un pequeño recorrido llegué a la cabecera de la calle principal. Allí se ve calló el alma a los pies.
Yo había leído y oído que la ciudad tenía 16.000 habitantes, pero parecía un pueblo de cuatro gatos. La imagen que se me pasó por la cabeza fue la de la película The Mexican, en la que Brad Pitt llegaba a un pueblo parecido a este. Y es que es la viva estampa de un pueblo mexicano. Calles solitarias a media mañana, empedradas algunas y de tierra otras, con una eterna nube de polvo recorriendo el ambientes y un perro famélico buscando la sombra. Me pareció tristísimo. Volví a pensar, por segunda vez; “¿Quién me mandará a mí meterme en estas historias?”
Empecé a subir la calle que llevaba al CIDeS y mi pinta de extranjero saltaba a la vista. Mis zapatillas de cordones fosforitos, el color claro de mi piel y la maleta Samsonite de ruedas que arrastraba me delataban. La gente me miraba, unos con el rabillo del ojo y otros descaradamente.

Por fin llegué al CIDeS. Fui bien recibido. Lo primero que hice fue llamar a Guille a Managua para saber qué había sido de Freddy. Sorprendido, me dijo que lo había visto llegar cuando el autobús se iba, y que él se imaginaba que había viajado conmigo. Yo le respondí que no lo había visto.
El misterio se aclaró al cabo de una hora cuando Freddy apareció por la puerta. Me contó que había tenido problemas para encontrar un taxi que lo llevara de su casa a la estación, por lo que llegó tarde. Cuando llegó a la estación, el autobús en el que yo viajaba salía, pero él, en vez de subir, se dirigió a buscarme por las dársenas, porque pensó que seguiría allí esperándolo. De esta manera, llegó a tiempo, pero no cogió el autobús. Entonces no le quedó otra opción que esperar al siguiente.
Ahora nos faltaba la segunda prueba: saber dónde pasaríamos la primera noche.

lunes, febrero 27, 2006

Granada

El domingo decidimos dedicarlo al turisteo. El primer lugar al que fuimos fue un pueblo llamado Catarina. Queda a unos tres cuartos de hora de Managua. La carretera que lleva al lugar, en cualquier otro país del mundo, sería declarada zona catastrófica, pero parece ser que en este país el mal estado del pavimento es la tónica habitual. El firme tiene unos baches que no se merecen tal nombre. Deberían llamarse cráteres. La carretera está completamente llena de agujeros de unos diez centímetros de profundidad que hacen imposible la conducción. Tienes que prestar más atención a sortear los baches que a la conducción en sí. De hecho, algunos conductores optan por llevar el vehículo sobre los arcenes de tierra. Dicen que esta situación es debida a que se utilizan unos materiales de muy baja calidad para realizar el asfaltado. Por el camino puedes ver a niños con palas extendiendo la mano hacia la carretera. Piden una limosna por dedicarse a tapar los agujeros con tierra.

En Catarina existe un mirador desde donde se puede contemplar la laguna de Apoyo, también de origen volcánico. Es una vista espectacular, ya que al fondo de ésta se puede ver el gran lago de Nicaragua (Cocibolca). El lago de Nicaragua es gigantesco, es tan grande que parece que estás contemplando un mar, en vez de un lago. Es el segundo lago de mayor tamaño de América Latina (después del Titicaca).

En ese mismo mirador hicimos una parada para comer. Hay varios restaurantes de los que salen los camareros incitándote a entrar. Por la zona se mueven algunos grupos de músicos dispuestos a amenizarte la comida. La comida es bastante más cara que en un restaurante normal, pero es lógico, ya que en todos los lugares turísticos del mundo parece que tu dinero vale menos.

Si después de comer te apetece darte un paseito, puedes alquilar un burro para bajar por un sendero hasta la base del lago.

Tras comer seguimos nuestro camino por carreteras impracticables hacia la ciudad de Granada. En el viaje le pude sacar una foto a un deslizamiento de tierras que me llamó la atención. En él se pueden observar con detalle los estratos del suelo y reconocer el origen volcánico de estas tierras.

Granada fue fundada en 1524 por Francisco Hernández de Córdoba, (del que recibe su nombre la moneda del país), que era amiguete de Hernán Cortés (el de los billetes de 1000 ptas.). Este mundo es un pañuelo. Quien les iba a decir a ellos cuando se tomaban juntos las cañas en los bares que quinientos años después ambos estarían estampados en billetes.

Granada es la ciudad de fundación española más antigua de América. Desde su fundación siempre fue considerada una ciudad de gran importancia comercial debido a su puerto hacia el gran lago de Nicaragua. Esta ciudad ha tenido una historia bastante movida, desde multitud de invasiones de piratas o bombardeos estadounidenses, hasta erupciones volcánicas, pasando por grandes incendios. Desde su creación ha sido una de las más importantes de Nicaragua, así como lo atestigua su importante bagaje cultural. Multitud de artistas han hecho de esta ciudad su residencia.

Como es habitual en Nicaragua, Granada no parece una ciudad, sino un pueblo, debido al estilo de expansión horizontal de sus construcciones, aunque en ella sí puede ser habitual encontrarse con casas de dos plantas. Tiene sobre 80.000 habitantes, pero cualquiera diría que no tiene más de 10.000. Está estratégicamente situada al pie del volcán Mombacho y a la orilla del lago.

Lo primero que nos encontramos al entrar en la ciudad fue una pequeña procesión, de una veintena de personas llevando un Cristo. Un poco más adelante pudimos ver un cortejo fúnebre en el que una carroza de caballos llevaba la caja del difunto. La carroza cerrada, del tipo diligencia, era conducida por un viejo encorvado, esquelético y arrugado que vestía un frac negro y un sombrero de copa. Tiraban del carruaje dos caballos blancos engalanados con cintas. Era una imagen de lo más macabra. Fue una pena que no me diese tiempo a encender la cámara para sacarle una foto.

Nosotros dejamos el coche en el Parque Colón. Unos niños se nos acercaron para preguntar si queríamos que nos cuidasen el coche. Guille les dijo que sí. Es un sistema parecido al que utilizan los yonkis en la estación de autobuses de Pontevedra, sólo que aquí no les queda más remedio que cuidarlo, porque les pagas al irte con el coche, por lo que tienen que estar cerca para cuando llegues. Al irnos les dio 10 pesos. Una propina muy generosa. El parque Colón es un parque grande, donde hay una fuente y un quiosco de música. En la cabecera de la plaza está la Catedral de Granada. Es una construcción simple pintada de color amarillo vivo. El interior es realmente austero. Solamente tiene una imagen en el altar.

El resto del pueblo está constituido por casas pintadas de colores muy llamativos. Puedes encontrarte algún local con cierto sabor Yanki. Nosotros hicimos una parada en una heladería que me recordaba a las películas americanas… con su ventilador, sus taburetes de barra, redondos y giratorios y unas baldosas romboidales blancas y negras. Me imaginaba allí a un poli americano zampándose unos donuts. No me hagáis mucho caso, igual son tonterías mías. También visitamos un restaurante, de estilo colonial, como no, con un maravilloso patio interior, al aire libre, rodeado de maderas y plantas. En este lugar servían platos españoles. Había hasta morcilla de Burgos.

Esta es una ciudad que tiene un marcado carácter turístico. Las ayudas de cooperación que recaen aquí van destinadas en mayor medida a la restauración del casco histórico. Es fácil encontrarse con extranjeros, mucho más escasos en otras partes del país. Multitud de ingleses y alemanes ocupan las terrazas de lujosas cafeterías.

No sé qué mas puedo decir de Granada, simplemente que es una ciudad que vale la pena visitar. La ciudad de Granada es patrimonio histórico universal.

Sábado

El sábado nos levantamos temprano. Guille estudia en la Universidad Agrícola los fines de semana, así que decidí ir con él, pues ese día, haría unas prácticas de campo sobre un tema que a mí me interesaba. El madrugón fue bastante inútil, ya que al final no hubo clase, se suspendió debido a que había huelga de autobuses y muchos alumnos no tenían medios para asistir.

En Managua todo el mundo se mueve en autobús. Son los archiconocidos autobuses escolares estadounidenses de color amarillo que fueron desechados de USA a mediados de los 90. De hecho, en algunos de ellos todavía se puede leer “BUS SCHOOL”. Supongo que los EEUU no encontraron espacio suficiente para montar una chatarrera gigante de autobuses, así que los enviaron a Nicaragua como “ayuda humanitaria”. Que de eso saben mogollón. Los conductores de autobuses nicaragüenses compiten entre ellos por ver quien pone en su vehículo la pegatina con el eslogan religioso más original, de tal modo que te puedes encontrar una enorme variedad de frases ingeniosas, del tipo;

Dios es amor

Dios me ama

Con Dios soy invencible

Jesucristo me cuida

Jehová es mi camino

Tu envidia es tu desgracia

Sólo Cristo es tu amigo

Etc. etc. etc.

Comprobado que nos habíamos quedado sin clase, nos fuimos a hacer la compra. En Managua hay cuatro tipos de sitios para hacer la compra.

    1. Los centros comerciales o supermercados de alto standing. Estos son los lugares más indicados para que un europeo pueda hacer la compra, porque, salvo pequeñas diferencias, son como los de casa. El problema es que el precio de los productos también es como el de casa, o peor.
    2. El Palí. Para que me entendáis os diré que el Palí es la versión centroamericana del Día. Las cosas están amontonadas, hay poca variedad, y los productos frescos no son todo lo frescos que al comprador le gustaría. Presumen de precios bajos y te cobran la bolsa, porque si no la quieres no está incluida de antemano en el precio. En realidad sus precios no están tan distantes de los de los centros comerciales.
    3. Los mercados. En el caso de Managua es el mercado Huembes. Son unos mercados como los españoles en los que se puede encontrar de todo, desde alimentos a artesanía.
    4. El Mercado Oriental. Es el sitio donde se puede encontrar los productos más baratos. Aquí compra la pobl
    ación de bajos recursos de Managua, esos que nadie sabe como llegan a fin de mes. Este mercado es una de las respuestas a esa incógnita. Se distribuye a lo largo de una gigantesca superficie a modo de laberinto. Dicen que es muy fácil perderse. También dicen que es un lugar peligroso, en el que a alguno ya le han robado hasta las gafas. He leído que aquí puedes encontrar desde alfileres hasta gasolina para aviones. Sin ánimo de ofender, y sólo para que os hagáis una idea de su aspecto, visto desde fuera parece una megabarriada de gitanos. Yo, por supuesto, no he entrado.

    Guille distribuye la compra entre los tres primero tipos de mercados. Los productos envasados se pueden comprar en el Palí, la leche y la carne en el centro comercial “La Colonia”, y las frutas y verduras en el mercado Huembes.
    Pues
    en eso estábamos cuando nos dirigimos al mercado Huembes. Este mercado es una serie de naves unidas bajo las cuales se distribuyen diversas zonas de venta. En la parte exterior se pueden encontrar multitud de artículos de artesanía, así como hamacas y mecedoras. Más hacia dentro encontramos los típicos locales de artículos de turisteo, como camisetas y gorras de Nicaragua. Lo más interesante está en el centro del mercado, donde se almacenan toneladas y toneladas de frutas y verduras apiladas en montones (plátanos, tomates, papayas, mangos, ayotes, naranjas, melones, piñas, etc). Algunos vegetales se venden por peso y otros por número, sin atender a ninguna razón lógica. Por en medio de los puestos no es difícil ver corretear alguna gallina. También hay puestos de carnicería, bastante desaconsejables desde mi punto de vista. Todavía no conocen la tecnología del frío para la conservación de la carne y la forma en la que la presentan es bastante repugnante. Siguiendo el paseo nos podemos encontrar puestos de variedades, en los que venden semillas a granel (lentejas, frijoles, arroz…) y bolsas de plástico con especias y colorantes. Esto le da a esta parte del mercado un olor especial. Durante toda la visita, las vendedoras (y los vendedores en menor medida), se afanan en llamar tu atención y en convencerte para que les compres. No paran de decirte: “Chelito, chelito…”

    Cuando llegamos a casa estábamos bastante cansados, pues al salir la noche anterior casi no habíamos dormido. Como no teníamos muchas ganas de trabajar, decidimos pasar el rato cortándonos el pelo. El pelo rapado y la barba más o menos extensa es un look muy expandido entre los españoles que trabaja en cooperación internacional en Nicaragua . Yo, no iba ser menos. En el caso de Guille, el cambio no fue muy sorprendente, ya que siempre muestra el mismo aspecto, pero en mi caso, me quedó claro que el poco pelo que tengo en la cabeza me hace un grato favor cuando crece. Realmente, es cómodo esto de tener la cabeza rapada, pero creo que no lo volveré a hacer. Me da la sensación de que no me favorece demasiado. Creo que os pondré una foto del antes y del después y podremos hacer una especie de encuesta popular mediante los comentarios de abajo del post. Espero que todos dejéis vuestra opinión. Incluso podéis ser crueles si lo estimáis necesario.

    martes, febrero 21, 2006

    Vida de noche

    El viernes por la noche decidimos salir a tomar algo. Por lo que he visto hasta ahora, la fiesta en América Latina no es tan impresionante como esperaba. (O quizás sea que yo no he ido al lugar indicado). Normalmente los lugares en los que sale la gente por la noche son locales grandes diseñados para cenar y para bailar.

    Nosotros fuimos a uno que se llamaba “El Mirador”, que se sitúa al pie de la laguna de Tiscapa, de la que ya he hablado anteriormente. Hay una vista preciosa. Es un local al aire libre, lleno vegetación y lucecitas. Un lugar de ocio para toda la familia. Tienen una orquesta, al más puro estilo de fiesta de pueblo español, que anima a la gente que sale a bailar. La música no es exclusivamente latina, y tocan un poco de todo. Ya os digo que quizás haya ido al sitio equivocado, pero el ritmo latino no es lo que nos imaginamos.

    Para cenar pedimos un caballo-bayo, que no es carne de caballo, sino que es una fuente de carne con pequeños trozos de otras cosas, como plátano. Para beber lo normal es pedir cerveza. Hay dos marcas de cerveza nicaragüense: Toña y Victoria. Las dos son muy suaves, casi más suaves que la Corona. También se suele tomar ron. La marca de aquí es Flor de Caña. También es muy suave, se puede tomar solo, con un chorro de lima exprimida o con un poco de coca-cola, pero siempre con mucho hielo. Esta bebida no se paga por vaso, sino que te sirven una botellita pequeña para que vayas sirviendo y un bol lleno de hielo.

    Éramos cuatro en la mesa, y el camarero sólo trajo una carta. Por supuesto, se la pusieron al que parecía más mayor, a Guille. Más tarde me comentó Guille que si traen la carta y hay un hombre y una mujer, siempre se la ponen al hombre. También me contaron que si la mujer paga la cuenta, el hombre recibe el cambio. Está bien este sistema. Habría que exportarlo ;-)

    Sobre la una o a las dos de la madrugada la gente se empieza a ir para cama. No parece que haya mucha vida nocturna. Siento no poder ofreceros fotos en esta sección, pero es que me dejé la cámara en casa.

    Las Delicias

    Creo que ya comenté que Ofelia (la esposa de Guille) trabaja par un colegio de niños huérfanos. Se encarga de llevar a cabo proyectos agrícolas para obtener dinero para la sustentabilidad del centro. La escuela tiene bajo su propiedad una finca denominada Las Delicias, donde tienen una plantación cafetalera. El otro día me invitó a ir con ella a visitarla.

    Yo pensé que iríamos los dos solos, pero el viaje consistía en ir en el todoterreno de una vieja ricachona, con un cura jovencito con cara de espabilado, con Ofelia, y por supuesto con la vieja. La finca queda en un lugar denominado “El Crucero”. Está en la cima de una montaña que queda a una media hora en coche desde Managua. Me imaginaba que me iba a encontrar con una finquita con una especie de jalpón, pero lo que había allí era una señora casa que dominaba una extensión al más puro estilo Falcon Crest. Para que os hagáis una idea, se están planteando hacer dentro de ella una ruta de senderismo.

    Los cafetales se cultivan en una pendiente muy pronunciada (entorno al 25%) bajo árboles de sombra. Al fondo del valle, donde acaba la pendiente, cultivan plátanos. No nos dio tiempo a ver la finca por la parte de abajo, pero me dijo Ofelia que allí podíamos encontrar monos. Aquí os dejo una foto de una planta de café. Sólo sale un granito porque en esta época no hay muchos.

    Cuando salimos de la finca eran sobre la una de la tarde. De camino a Managua, cogimos un desvío por un camino de tierra y empezamos a bajar desde la parte alta de la montaña al valle. Era una zona boscosa y totalmente salvaje. Ofelia me dijo que íbamos a echarle un vistazo a un restaurante nuevo que habían abierto.

    ¿Unrestaurante en el medio del monte?. Como no sea una tasca para leñadores, pues no sé yo…

    Cuando vi el restaurante quedé alucinado. Era una casa preciosa de una sola planta al pie de un jardín, con una cascada, un estanque con peces de colores y un puentecillo de madera que cruzaba un pequeño río. Este era un verdadero restaurante VIP. Me entró la curiosidad y no pude contenerme en preguntar cuanto costaba una cena. Resulta que por 10 dólares arreglas una espléndida comida. Más o menos lo mismo que cuesta un chuletón en el restaurante el Ché de la Adina.

    Al irnos del allí, la vieja y el cura se pusieron a hablar de comida, así que les debió de entrar el hambre y nos fuimos de camino a otro restaurante. Ofelia y yo, como mandados que éramos, tuvimos que acompañarles. Esta vez nos llevaron a uno que se llamaba Mi Pueblo, que estaba en un mirador de una montaña. Puro lujo. ¿Alguna vez probasteis a comer en el medio del bosque como si estuvierais en un restaurante? Pues en eso consiste. Aquí se lo pueden permitir, porque no hace frío ni de día ni de noche y en esta época llueve de pascuas en ramos. En las fotos podéis vernos a Ofelia y a mí en la “puerta” del restaurante.

    Encargamos para comer un par de sopas de gallina (son una especie de cocido que lleva de todo, mazorcas, pimiento, yuca, etc. y por supuesto, algo de gallina), unas tortas con una especie de ensalada con crema blanca y un plato de plátano frito con queso frito. No estuvo mal, pero ya empezaba a sospechar a estas alturas que la comida nicaragüense no estaba hecha para mí. Para beber, lo habitual son los frescos. Son unos zumos rebajados con agua y con bastante azúcar. Más adelante os hablaré más extensamente de la comida, porque se merece un capítulo a parte.

    El caso es que acabamos de comer y la viejecita se ofreció a pagar la cuenta. Era evidente que tenía pasta por la manera de vestir, por la manera de hablar y porque era blanquita. Sacó de mastercard canceló la deuda. En ese momento entendí por qué el cura era tan amiguito de ella (jeje). Para mí fue una situación curiosa. Sentí lo que siente un tío con pasta cuando entra en un restaurante de lujo. Sentí que podía pedir lo que quisiera sin preocuparme por la cuenta. Lo cierto es que tampoco pedimos una comida especialmente cara, pero al entrar en un sitio de este estilo en España habría hecho que me sintiese desplazado.

    Mucha gente me pregunta si las cosas aquí son muy baratas… y yo les respondo; esto es una locura. Hay cosas muy, muy baratas y cosas muy caras. Por ejemplo. La gasolina vale lo mismo que en España, pero este no es un buen ejemplo porque el precio lo estipulan los mercados internacionales. Otro ejemplo es la leche. Un tetrabrick de un litro te puede costar 1,5€ al cambio. El aceite de oliva vale más que en España. Un bote pequeñito de protector solar te cuesta al cambio 8€. En el otro extremo está, por ejemplo, una comida en un restaurante medio, que te puede costar 25 córdobas (20 córdobas son un euro), o una coca-cola en un bar, que te cuesta 5 córdobas. Un viaje en taxi son 15 córdobas. Un viaje de 270km en bus son 70 córdobas (un kilómetro en el trayecto Gatwik-Heathrow te sale 165 veces más caro que un kilómetro en el trayecto Managua-Somoto; haced el cálculo y comprobadlo). Una noche en un buen hotel con televisión por cable son 90 córdobas. Yo opino que esta variabilidad de precios se debe a las características económicas de este país. Por un lado, los salarios son bajos, muy bajos. Un obrero cobra 150 dólares al mes. Por tanto la mano de obra es barata. Las comidas son baratas porque se realizan con materia prima sin procesar, que es barata, porque los productores cobran poco. Por otro lado, en Nicaragua no se fabrica casi ningún producto elaborado, casi no hay fábricas, entonces todo es importado, por eso los productos procesados son extranjeros (y caros). Si compras cualquier producto envasado (como galletas, zumos, ropa, etc.) podrás leer en la etiqueta que están fabricados en Costa Rica, Honduras, Mexico o El Salvador… Nunca en Nicaragua. El problema de este país es que sale más barato poner a 20 tíos todo un día a cavar una finca que hacer el mismo trabajo en una hora con un tractor. Y si optas por la opción del tractor, a ver de donde lo sacas, porque yo por aquí no he visto muchos.

    Seguramente os preguntéis como hace un obrero para llegar a fin de mes con tres o cuatro hijos (de media), una esposa y una amante. Pues no lo sé. Quizás el secreto esté en comer a base de arroz con frijoles y no beber demasiada leche. Lo cierto es que no se ven pobres por la calle, no hay gente pidiendo. Bueno, quizás algún borrachin, pero es con la intención de volver a nivelar la contidad de alcohol en sangre. No creo que nadie se muera de hambre, porque en último caso hay árboles frutales en la calle. Sólo tienes que subirte a uno.

    Algo que me llama la atención en el precio de las cosas es que para las cosas baratas los precios se dan en córdobas y para las caras en dólares. Si te compras y móvil o alquilas un coche el precio te lo dan en dólares. No creo que sea para reducir cifras, porque cantidades más grandes manejábamos los italianos y los españoles cuando no había euro. Igual es que los dólares dan más seriedad a las cantidades importantes.

    9 de febrero

    En este día experimenté mi primera experiencia de adaptación al horario Nica. Me levanté a las 5 de la mañana. Lo curioso del tema es que la mayoría de la gente no empieza a trabajar hasta las 7 o las 8. Entonces, os preguntaréis: ¿y para qué se levantan a las 5?. La respuesta es que se lo toman con mucha calma. Desayunan con tranquilidad, riegan un poquito el jardín, se acicalan, etc. En el caso de Guille está mas justificado el madrugón porque tarda bastante en llegar al trabajo, pero él también se lo toma con calma. Creo que todavía no he visto un Nica corriendo, ni tan siquiera apurado. El único momento en el que tienen prisa es cuando tienen un volante entre las manos. Os dejo unas fotos de la calle en la que está la casa de Guille. Es una zona muy tranquila.

    Desayunamos y nos fuimos a dejar a Ofelia en la escuela en la que trabaja, una especie de hogar de acogida para niños huérfanos. Ella es la encargada del desarrollo de proyectos agrícolas para financiar económicamente a la escuela. Luego nos dirigimos a la oficina donde trabaja Guille. Está situada en una zona de casas acomodadas, de clase media-alta. La casa está compartida por tres ONGs que se reparten el alquiler. Las tres son españolas. La oficina es pequeñita, y está a su máxima capacidad. El espacio no da más de sí. En la foto aparece Guille delante del mapa de Centroamérica.

    Para nosotros Centroamérica es un concepto “difuso”, pero para ellos es su punto de referencia en el mundo. Cuando tienen que hacer una observación de su país la hacen siempre con respecto a Centroamérica.

    En lo oficina conocí a Ricardo, un madrileño que lleva unos 4 años en Nicaragua, pero ya habla como los nicas. De hecho, cuando lo conocí le pregunté de qué parte de Nicaragua era. Está asentado y amarrado, parece que no tiene intención de volver a España. También está Marcel, un catalán que se vino para aquí como voluntario hace 6 meses. Él también parece a gusto en Managua. A éste le va a costar más abandonar el acento catalán.

    Al salir de la oficina tuvimos la oportunidad de ir a un banco para que yo pudiese cambiar los dólares que traía de España a Córdobas. Cuando entras en el banco hay un vigilante jurado que te revisa y te pasa un detector de metales. Me sorprendió bastante el hecho de que al realizar el cambio de moneda, lo realizasen según el cambio oficial, de 17,21 córdobas por dólar, pues así ellos no manejan margen de beneficios. Por lo tanto, el cambio de euros a córdobas es entorno a 20 córdobas por euro. Lo curioso del sistema bancario es que la cajera tiene que teclear uno a uno todos los billetes que te entrega. Si cambias 150 dólares a córdobas te tienen que dar un buen fajo de billetes. Como consecuencia suceden dos fenómenos: que las cajeras de los bancos tienen una habilidad manual que dejaría en ridículo a Lukie Luck, y la segunda es que generalmente en los bancos hay unas colas que te pueden hacer esperar horas. El truco es ir a la hora que no hay nadie.

    Si tienes mucha urgencia a la hora de cambiar dinero puedes recurrir a los Coyotes. Los coyotes son unos individuos que siempre tienen un fajo billetes de córdobas en la mano y suelen estar en puntos fijos de la ciudad. Son la versión nica de los vendedores de la ONCE. Se dedican a cambiar dólares a córdobas. Según la cara de pardillo que te vean o la confianza que tengas con ellos te ofrecen un cambio más o menos ventajoso. No se puede decir que Nicaragua sea un país muy inseguro, pero en todos lados sorprende ver a un tío agitando un fajo de billetes en plena calle. El sistema está bien estudiado, van armados con pistola y en caso de que alguien intente darles el palo la tienen para usarla. Además siempre están en contacto con otros coyotes, algunos con vehículo, por lo que si el ladrón escapa siempre lo pillan y lo suelen dejar tieso. A mí me hace gracia ver a coyotes que son viejecitas sentadas en una silla al borde de la calle. No me las imagino encañonando a alguien con una pistola.

    Aquí se suele comer entorno a las 12 o 12.30 y la jornada laboral acaba a las 6, más o menos. En el caso de Guille, hace jornada continua y a las 3 sale de trabajar para irse a comer a casa.

    Al llegar a casa, básicamente te dedicas a descansar, porque un día caluroso no invita a otra cosa.

    Sobre las 8 ya es hora de irse para cama. (Como los Lunis).

    Uno de los inconvenientes (o ventaja) de este clima es la gran biodiversidad que fomenta. En el caso de las plantas, pájaros, etc. es fantástica, pero es terrible en el caso de los insectos. Hay muchos y muy variados bichos. Para poneros un ejemplo, en España tenemos la típica hormiguita de toda la vida (la negrita), y quizás, si nos ponemos, podemos encontrar algún otro tipo de hormiga, una así como rojita. Pero aquí te puedes encontrar hormigas pequeñitas, medianas, grandes (como camarones), rojas, negras, granates, transparentes, cabezonas, culonas, con cuernos… Vamos, que hay de todo. En realidad hay menos mosquitos de los que me esperaba encontrar. Aquí los llaman zancudos. Sobre todo al principio me tenían atemorizado. Suponía que al picarte un mosquito estabas condenado a la muerte. Pero parece que no.

    Cuando te metes en cama puedes escuchar multitud de ruiditos, desde la carcoma rugiendo madera hasta el gallo cantando por la mañana, pasando por multitud de sonidos sin identificar. Pero la naturaleza es sabia. Creó un ser que me ha tenido fascinado desde que llegué, el Perro Zompopo. Es una especie de lagartito naranja, que hace un ruido fuertísimo teniendo en cuenta su tamaño (unos 4 centímetros). Su sonido es parecido al de un chascar de dedos. Este animalito se dedica a subirse al techo para colocarse al lado de la bombilla. Desde ahí, con una agilidad tremenda se dedica a comerse a los mosquitos y otros bichos. Quedarse parado mirando como caza es todo un espectáculo. Me encanta. Me voy a llevar una parejita para casa.

    domingo, febrero 19, 2006

    Managua

    Al día siguiente de llegar, me pasé la primera mañana en la casa de Guille. Creo que tenía pendiente contaros por qué no era muy aconsejable salir en mis condiciones. Managua es una ciudad muy peculiar. En primer lugar, lo que llama la atención es que no hay edificios. Sólo hay un par de ellos que tienen más de 10 plantas (y son muy antiguos, por cierto), y los que tienen más de dos plantas se cuentan con los dedos de las manos. Esto tiene como resultado una ciudad expandida a lo largo y a lo ancho, una ciudad enorme repleta de pequeñas casitas de una planta rodeadas de una gran cantidad de árboles.

    La primera razón para no salir de casa es que, como la ciudad está tan expandida, lo que buscas, generalmente, está muy lejos. Es muy raro que puedas ir andando a donde quieres ir. Una segunda razón es que las calles son todas idénticas, con el mismo empedrado, las mismas aceras, los mismos árboles y las mismas casas con los mismos anuncios pintados en las paredes de Coca-cola y Movistar. Orientarse es prácticamente imposible si no has vivido aquí mucho tiempo. En una ciudad normal, se suele recurrir a los edificios singulares, plazas o incluso escaparates para poder saber donde estás, pero aquí las zonas o edificios singulares escasean. Para más complicación, es una ciudad relativamente plana, por lo que hay pocas elevaciones desde las que puedas ver a dónde quieres ir. La tercera razón, y más increíble, es que Managua no tiene nombre de calles, ni números de casa, ni nada de nada. Las distancias se miden en cuadras (lo que le llaman los americanos “una manzana”) y en varas (de distancia inferior a un metro). Además al Norte le llaman Norte o “lago” (porque Managua linda al norte con un lago, lago de Managua o Xolotlán), al Sur, Sur, al Este, Arriba y al Oeste abajo. Lo curioso de este sistema de coordenadas es que el Este no está más arriba que el Oeste, ya os dije que Managua era una ciudad relativamente plana. Como puntos de referencia se utilizan lugares que fueron famosos en algún motivo en el pasado. Por lo tanto, un ejemplo de dirección en Managua puede ser el siguiente:

    “Donde era el cine González, cuatro cuadras al sur, dos cuadras arriba, dos cuadras al sur, veinte varas abajo”

    Lo más gracioso de este sistema es que el cine González fue destruido en el terremoto del 72, por lo que sabe dios donde estaba el dichoso cine. Y así pasa con la mayoría de los lugares de referencia. La verdad, es que un cartero en Managua vale un imperio. También es cierto que hay que tener valor para mandarle una carta importante a alguien.

    Lo primero que se te ocurre cuando llegas a Managua es buscar un plano de la ciudad, pero lo cierto es que no existe. No hay planos. Existen una especie de bocetos de la ciudad hechos un poco “a lo loco”, y aún así son difíciles de conseguir. En el caso de que consiguieras uno no sería de mucha utilidad, porque como las calles no tienen nombre y no hay muchos lugares de referencia, no sabrías ubicarte en el mapa.

    Como ya os comenté, a la mañana de mi primer día en Managua intenté salir de casa, pero la verdad es que di un paseito de cinco minutos y me fui para casa otra vez, estaba empezando a temer que no sabría volver.

    Sobre las 3 llegaron Guille y Ofelia de trabajar, comimos, y Guille me invitó a dar una vuelta por Managua. Cogimos el coche y la primera parada la hicimos en un ciber. Allí pedí una llamada a España, que realizan a través de Internet, por lo que salen bastante baratas. El problema es que la calidad de la llamada depende del ancho de banda disponible en ese momento en el ciber. Cuando yo llamé, debía de ser mínimo, porque al llamar a mi casa no se entendía nada de nada. De hecho, mi madre me colgó el teléfono sin poder averiguar que era yo el que llamaba. Volví a llamar y solamente le pude decir a mi padre que había llegado bien a Nicaragua.

    Después nos dirigimos a la loma de Tiscapa. Es una pequeña elevación en la que se puede ver la ciudad desde lo alto. Antes de subir nos sucedió un detalle que representa cómo funcionan a veces las cosas aquí.

    La loma de Tiscapa es una especie de zona verde delimitada y vallada, por lo que antes de subir con el coche, tienes que cruzar un control que tiene un vigilante. Al llegar al control hay un cartel que pone “ABIERTO AL PÚBLICO DE 8 AM A 6 PM” además de otro que pone “NO SE PERMITE ENTRAR EN ESTADO DE EBRIEDAD NI DROGADO”. Todavía no eran las 5 y en la entrada al lugar había una hilera de conos que impedían el paso. Paramos delante de ellos y el vigilante que estaba sentado en una silla, se levantó y se nos acercó.

    -Está cerrado. Dijo.

    -Ya, pero es que aún no son las 6, respondió Guille.

    -Sí, pero es que hoy cerramos antes.

    -Permítanos pasar, solo subimos a echar un vistazo y bajamos.

    -No va a poder ser… Es de mi responsabilidad lo que puedan hacer si les dejo pasar al estar cerrado…

    -Ya comprendo, ya… dijo Guille. Entonces, cuanto sería?

    -Pues 20 pesos

    Guille le dio los 20 pesos y nos quitó los conos para que pudiésemos subir, mientras que el tío ponía cara como de que nos estaba haciendo un favor. Por supuesto, el lugar estaba abierto al público. Con esto no quiero decir que aquí las cosas sean siempre así, pero hay la posibilidad de que suceda.

    El mirador de Tiscapa está pegado a una laguna de origen volcánico. El volcán pertenece a una cordillera de volcanes que cruzan Nicaragua de norte a sur. Esta laguna está ubicada casi en el centro de Managua. En la cima hay una estructura metálica con forma de silueta humana, pintada de negro. Esta figura se repite por otros puntos del país al puro estilo “toro de Osborne”, y representa al exgobernante del país, Augusto César Sandino (Sandino para los amigos). Le saqué una foto para que juzgarais vosotros mismos, pero para mí que tiene un sospechoso parecido a… ¿lo habéis adivinado? A la silueta que representa a Castelao. La estructura fue diseñada por Ernesto Cardenal en 1990 y se dice que este individuo anduvo por tierras gallegas. Sacad vosotros mismos las conclusiones.

    También saqué una foto en la que salgo delante del lago y con la impresionante Managua al fondo. La ciudad está escondida debajo de una gran cantidad de árboles, presentes en todas las aceras, que la camuflan al verla desde arriba, ya que las construcciones suelen ser de menor altura. También se ve un edificio blanco-grisáceo con una especie de chimenea. Esa cosa extraña es la nueva catedral metropolitana de Managua, que merece la pena contemplar debido a su exorbitante mal gusto. Siento que las fotos sean tan pequeñas, pero no me las dejan subir más grandes al blog en este momento.

    Hacia el otro lado de la loma está la parte vieja de Managua, que fue casi en su totalidad destruida en el terremoto de 1972. Hasta esa fecha Managua, por lo que tengo entendido, era una ciudad de estilo colonial, de aspecto semejante a la Habana. Hoy en día quedan en pie algunos edificios emblemáticos, como la Asamblea Nacional y el Palacio de las Comunicaciones y otros, pero del resto sólo quedan algunos escombros y barriadas de casas bajas. Esta zona fue abandonada, lo que provocó la actual expansión horizontal de Managua. La ciudad se encuentra situada sobre una falla de gran actividad sísmica, que provocó otro terremoto de gran intensidad en 1931. Según la Sra. Sara, una señora de unos 60 años que trabaja para Amigos de la Tierra, está a caer el próximo temblor, ya que tienen una periodicidad de unos 30 años. Dice que cuanto más tarde, peor será, porque se está acumulando la energía. Igual tiene razón, pero si decide descargar, espero que me respete tres meses. Esa es una de las razones por las que las casas en Managua no suelen subir más de una planta.

    sábado, febrero 18, 2006

    Primer día

    El viaje desde Miami no estuvo mal, salimos un poco retrasados. El avión era de American Airlines. Era un poco antiguo, pero bastante amplio y cómodo. Te dejan una manta para pasar el viaje, así que la apoyé contra la ventanilla y me eche a dormir desde que despegamos hasta que aterrizamos. Aquí no nos dieron cena, pero a cambio nos obsequiaron con una bolsita de 50g. de chasquis. También nos dieron los papeles que hay que entregar en la aduana de Nicaragua. Por lo menos en estos preguntaban cosas normales, no idioteces.

    Aterrizamos a las 21.00, hora Nica. Desde el aire Managua se ve como una ciudad muy grande, pero grande a lo ancho, no a lo alto, porque no hay edificios. Todo son construcciones bajas, la mayoría de una planta, o como mucho de dos.
    Al salir del avión, un calor sofocante te deja medio atontado, pero cuando te sacas el la chaqueta polar que lleva contigo todo el viaje ya se hace más llevadero. La terminal del aeropuerto me dejó muy sorprendido, me esperaba algo mucho menos elegante. Entregamos los papeles de aduanas, pagamos 5$ (todavía no sé a cuento de qué), y pude recoger mi maleta sana y salva. En contra de lo que habría apostado, mi maleta también llegó a Managua.

    Al salir por la puerta allí estaban Guille y su mujer, Ofelia. Me alegré mucho de verlos. Tenía la sensación de que hacía siglos que no veía una cara conocida. Me aclaró que la terminal estaba recién reformada. Cuando salimos del aeropuerto, la primera sensación fue la de percibir un olor muy familiar. Olía a tarde de verano. Olía como huelen los jardines en Galicia a las 7 de la tarde de los días más calurosos. Un poco a hierba, un poco a tierra e incluso un poco a cloro. La sensación ambiental es la misma que se tiene en esas tardes de agosto en las que de repente aparecen hormigas con alas por todas partes. La temperatura sería de unos 25-30 grados.
    Guille tiene un Toyota Yaris sedane. Nunca había visto uno. Aquí casi todos los coches son japoneses. No se ven coches europeos. Es un coche un poco raro, porque la consola de mandos no se encuentra detrás del volante, sino en el centro del coche. Un detalle interesante; no tiene calefacción.

    La casa de Guille se encuentra casi en la otra punta de la ciudad. Vive en lo que se podría llamar el extrarradio, pero no tal y como nos lo imaginamos nosotros, porque todas las casas son del estilo extrarradio. Es una casita de dos plantas, con un ligero aire colonial. Es muy bonita, las maderas del interior son todas nobles. No sabría decir cuanto tiempo tiene esta casa, quizás tenga menos de 10 años, pero estilos de construcción de determinadas partes de la casa te hacen recordar casas más antiguas. En el exterior tiene un pequeño jardín en el que hay cocoteros, arbustos de chile (el chile son una bolitas que da esta planta, y con solo rozarlas con un dedo y pasártelo por la boca, te puedes hacer una idea bastante exacta de lo picantes que son), plataneros, y otras plantas y árboles que no reconozco.

    A mí me tenían preparada la habitación de invitados, con una cama muy grande de matrimonio cubierta de sábanas blancas. Todavía eran las 22.30, pero nos fuimos a dormir porque para Guille y Ofelia la jornada laboral empieza muy temprano, se levantan entorno a las 5 de la mañana. Yo no tenía pensado levantarme a esa hora, pero como la noche anterior no había dormido, también me metí en cama. Aquí en Nicaragua, la palabra mediodía tiene más sentido que en ningún otro lado, porque el día empieza sobre las 6, y anochece a las 6 de la tarde. Lo de medianoche también le viene al pelo.

    Antes de meterme en cama rocié un poco de spray repelente de mosquitos sobre mí y sobre las sábanas. Estaba un poco acojonaillo con el tema de los mosquitos, pero Guille me tranquilizó diciendo que esta era una época de pocos mosquitos, aunque de todos modos me metiera debajo de las sábanas. De noche hace calor, tanto como en los peores días de agosto en Sanxenxo, pero los nicas (los habitantes de Nicaragua), duermen con el abanico encendido (el ventilador). A mí también me pusieron uno. Se agradece muchísimo, refresca y además te podría espantar a los mosquitos (si los hubiese). Dormí como un bebé.

    Hoy me desperté a las 9.00. En la casa vive una prima de Ofelia, que es la encargada de cuidar a los niños (Carlos y Yalí) cuando ellos no están, además de limpiar la casa y hacer la comida. Ella misma me preparó el desayuno. Me ofreció un plato con taquitos de sandía (impresionante), plátano, y melón (melón de color naranja, un poco más dulce que el de España) y aguacate. Por encima se le echan cereales, pero no cereales tipo Kellogs, sino semillas propiamente (avena, salvado de trigo…). Normalmente se pasa por encima una miel que es más ligera que a la que estamos acostumbrados. También me puso media pota de café (un café muy suave, se toma sólo) y para mi sorpresa, unas magníficas filloas. Pero no algo parecido a filloas, sino filloas totalmente iguales a las de mi casa.

    Al acabar de desayunar decidí buscar un teléfono para llamar a casa. Esta es una zona muy tranquila, y es difícil encontrar establecimientos. Cerquita hay una tienda (una venta) en la que se anuncia “teléfono público”. Fui a solicitar una llamada, pero me dijeron que no podían hacer llamadas internacionales. La opción que tenía era irme a un ciber, pero queda a más de una hora de camino, y hoy hay huelga de autobuses. De todos modos todavía no me atrevo a salir solo a más de 100 metros de la casa de Guille. Ya os contaré el porqué. Realmente esta es una ciudad muy singular.

    jueves, febrero 09, 2006

    Miami

    A las 14.20, hora local, llegué a Miami (19,20 en Londres, 20,20 en España). Miami es impresionante. ¿Recordáis la entrada de CSI Miami? Pues desde el aire es así. Tiene una larga costa de playa y hacia dentro de la península hay una especie de lago con islas llenas de chalets, conectadas todas entre sí con puentes. Me encantaría poder visitar esta ciudad algún día. Es uno de esos sitios que tienen una luz especial que te alegra el día. Es un lugar muy agradable.

    Al llegar tuve que pasar tres controles de aduana. En el primero tuve que entregar los papeles que había cubierto. El típico poli americano, rubito cara-culo, me dijo de malas maneras que estaban incompletos y me mandó de vuelta a cubrirlos. Los datos que faltaban, lo ponía bien clarito en el papel, los tenía que cubrir el personal de aduana, es decir, él, pero como no se quería molestar prefería que los cubriese yo y luego solamente comprobar con el pasaporte si estaban correctos. En el segundo control, el policía era de Guatemala, y de buen rollo, aún estuvimos un ratito charlando sobre Nicaragua. Muy buen tipo. El tercero era el que revisaba el equipaje de mano, pero me dejó pasar sin vérmelo.

    Cuando me dejaron tranquilo, lo primero que hice fue buscar mi billete a Nicaragua. Si queréis un consejo, cuando viajéis en avión, facturar el equipaje y coger la carta de embarque con toda la antelación posible, porque nunca sabes los problemas que puedes tener ni cuanto tiempo puedes tardar en llegar a la puerta de embarque. A veces hay líneas de autobús entre terminales, y tienes que contar con eso.

    El Miami ya no tienes tantos problemas con el idioma. Todos los carteles están en Castellano e Inglés. Es lógico, porque el aeropuerto de Miami es la puerta de entrada de toda Sudamérica. Calculo que el 80% de los empleados del aeropuerto son latinos. Los latinos aquí son como los indios en Londres.
    Como todavía eran las 4, decidí salir del aeropuerto a dar una vuelta. Por aquí cerca no hay mucho más que ver que el aeropuerto, porque es tan grande que por mucho que andes no te alejas de él.

    Me llamaron la atención los coches que circulaban por la calle. Casi todos son de gama alta, Mercedes, Porsches, Audis, Mustangs, etc. Se llevan la palma los todoterrenos. Casi la mitad de todos los automóviles son todoterrenos. También hay muchas limousinas. Sorprendentemente, no se ve ni una sola moto. No lo entiendo, porque aquí hace un tiempo fantástico para andar en moto.

    Son las 17.00 horas. (23.00 en España). Hace 35 horas que salí de casa. Buscaré algo de comer e iré en busca de la puerta de embarque. Ese es mi lema; siempre mejor con tiempo de más.

    17.30. Ya me he zampado un bocadillo vegetal con una especie de Nestea (5,75$). Espero que este bocata no me siente mal, porque calculo que el pan era por lo menos del Pleistoceno.

    lunes, febrero 06, 2006

    Aqui empieza todo.

    Hoy me he levantado a las 10.00. Estaba un poco nervioso. Lo noto porque casi no tengo hambre y tengo un párpado que da saltitos, que va a su bola. Aún así he dormido bien. Estaba muchísimos más nervioso el día que me fui a hacer la endoscopia. Me duché, me afeité y fui haciendo la maleta.

    Salí a las 12.00 hacia Santiago de Compostela, donde cogía mi primer vuelo. Llegué allí, con mi madre y mi hermana a las 13.30. Mi otra hermana también pasó a despedirse. De allí poco tengo que contar, porque estar en el aeropuerto de Santiago es como estar en casa. Facturé mi maleta de 20Kg a Madrid. Antes de embarcar me compré El País. Auguraba un mal día para visitar barajas.

    A las 15.30 cogí el avión, y tras menos de una hora de viaje empezábamos a aterrizar en Madrid. Cuando nos acercábamos, no se veía la ciudad por ningún lado. El motivo es que en un día soleado como el de hoy, la impresionante nube de polución que cubre la ciudad hace un efecto espejo, que impide ver algo más allá de los campos de cultivo que la rodean. Aterrizamos en la pista central y el avión nos dio un paseíto de un cuarto de hora hasta llegar a la flamante Terminal 4 de Barajas.

    El edificio mola mucho, la estructura tubular y la cubierta son preciosas, pero a mí no me parece nada funcional. Sólo hay una zona de recogida de equipaje, y como el edificio es tan grande, si te toca aterrizar en la otra punta de la Terminal, de unos 20 minutos andando no te libra nadie. Cuando bajas del avión, te dicen que si haces trasbordo, que espabiles, que el tiempo estimado para embarcar en otro vuelo son 25 minutos. Ja. Me río yo de esos 25 minutos. Los 25 son los que tardas en encontrar la cinta por la que sale tu equipaje. Resultó que a mi cinta (por error, supongo) llegaban las maletas de medio aeropuerto. Así que la cinta estaba echando las maletas por fuera, y sus dueños esperando por ellas en otras cintas. Ya empezaba a dudar que apareciese mi maleta por algún lado después de casi 45 minutos de espera, por increíble que parezca, llegó a la cinta.
    Tras comerme el bocata que traía desde casa, a las 18.00, decidí comenzar la búsqueda de mi mostrador de facturación. Eso fue fácil. Más complicado fue llegar a la puerta de embarque. Para empezar sabía que estaba en la Terminal 4. Después averigüé que estaba en la Terminal satélite de la Terminal 4, y pillé el metro que llevaba a ella. Allí supe que mi puerta era una de las llamadas MRSU. Me dirigí a ellas, y reduje la búsqueda a la S y de ahí a la S33. Toda una aventura. Llegué a la S33 casi una hora después de facturar, a las 19.30. Me río yo de los 25 minutos.

    El vuelo a Londres con British Airways estuvo muy bien, mejor que el de Iberia a Madrid. Lo cogí a las 20.45. Los asientos eran muy cómodos, de cuero y muy amplios. Sólo de verlos te entraba el sueño. La tripulación no dijo ni papa en Castellano. Parece que los ingleses le tienen alergia al idioma. Para encontrar una persona que hable Castellano desde el momento que coges este avión lo tienes muy complicado. De hecho, en este vuelo sólo viajan ingleses o españoles en viajes de negocios. Los españoles solemos preferir Ryanair.

    En el avión nos sirvieron la cena, consistente en una especie de mini-pizza, un cubilete con arroz con uvas pasas, un heladito y una coca-cola de 15cl. Tengo comido cosas peores.

    A las 23.05 (22.05 en UK) llegué al aeropuerto de Gatwick. No es un aeropuerto tan moderno como el de Madrid, pero está bien. Está enmoquetado de arriba abajo. Un punto a su favor es que tienen red wireless. Lo que menos me gustó fueron los 15 minutos de caminata hasta la cinta de equipaje, pero a diferencia de Madrid, allí está tu maleta esperándote. En ese momento pensé que tenía que empezar a pensar en cómo iba a llegar al aeropuerto donde cogía mi vuelo a Miami a la mañana siguiente, a Heathrow. Si eres un poco atento, y el aeropuerto es un desastre, siempre encontrarás información por algún lado. Encontré un cartel en el que ponía Bus to Heathrow. En momentos como este te preguntas porqué no habrás aprovechado mejor las clases gratuitas de Inglés que te dan en el colegio. No valoramos las cosas hasta que no las necesitamos. Descubrí que era mucho más fácil que me entendieran a mí que yo entenderlos a ellos, así que les preguntaba cosas de modo que responder sí o no, o una cantidad. Fui a una ventanilla de cambio de moneda y pregunté allí si sabían cuanto costaba el billete de a Heathrow. Eran 18 libras. Una animalada. Resulta que 50€ son casi 30 libras (1 libra = 1€ = 277 pts). Entonces, el billete de bus son unos 30€. Pues menos mal que se anuncian como la compañía con las tarifas a mitad de precio… He visto billetes de avión ida y vuelta a Santiago a Gatwick más baratos. Decidí cambiar 50€ en 30 libras., y con ese dinero me dirigí a la parada del autobús. Allí me llevé una desagradable sorpresa al ver que hacía 15 minutos que había pasado el último autobús de la noche a Heathrow. No es que me preocupase perder el avión de la mañana siguente, que era a las 9 y pico, pero prefería pasar la noche allí. Fastidiado, iba caminando hacia un taxi para preguntar cuánto me podría costar el viaje (le echaba, por lo bajo, 60€), cuando detrás de mí apareció un autobús. Bajó un negro a toda leche, miró para un lado, miró para el otro, y me preguntó a dónde iba. Tan pronto como le dije que iba a Heathrow me cogió la maleta y me la enchufó en el maletero. Le pregunté dónde había que pagar, pero él sólo decía; come on, come on… Así que subí al bus. Ya dentro deduje por qué había aparecido el bus fuera de hora. Había un par de asientos que olían a vómito, un vómito del demonio. Me senté. Me pareció un poco raro que me cobrasen a mi llegada al destino. ¿Qué harían en el caso de que no tuviese pasta?. Qué de buena fe es esta gente, pensé.
    Según los horarios, el viaje dura sobre una hora y media, son 40 millas (1 milla = 1,6 km.), pero el conductor lo resolvió en menos de una hora. También hay que tener en cuenta que por la autopista no había ni dios.

    Os voy a decir una cosa; es cierto, estos desgraciados conducen por la izquierda. Impresiona bastante al principio, sobre todo al coger las rotondas.

    Cuando llegamos al aeropuerto y el bus paró, el negro salió disparado a sacar las maletas del maletero. Me quedé a un lado para esperar a que me cobrara. Pero no lo hizo. El tipo no me hizo ni p. caso. Entonces me fijé como la gente que le daba las maletas le pasaba el ticket y él se lo cortaba.
    Ostras. Y yo sin ticket.
    Deduje entonces que el tipo llegó tarde a la parada por limpiar el vómito, sólo estaba yo, que no tenía ticket, y por no hacerme volver a dentro a pagarlo me subió sin pagar. Otra teoría es que le di pena porque me hice un lío al decirle que iba a Heathrow. El caso es que, viendo que él estaba a lo suyo, pillé mi maleta y empecé a andar poco a poco hacia lo lejos. Si le debía algo, ya me llamaría. Y no me llamó. Para que luego digan que los negros no son de fiar.

    La parada de la que bajé estaba en medio de ninguna parte. Allí decía que era la parada del aeropuerto, pero yo no veía ni aeropuerto ni farrapos de jaitas. Me puse a andar por una hacera, hasta que al cabo de una media hora encontré una señalización en la carretera que indicaba hacia la Terminal 3. Esa era justamente la mía. Andando, andando, llegué a ella.
    Entré allí, y había exactamente la misma gente que en la autopista; ni dios. Era la nave de facturación, del tamaño aproximado de dos campos de fútbol. Aquello parecía una peli de terror. Estaba acojonao. Volví a salir y apareció por allí un tipo con chaleco fluorescente y le pregunté donde podía comer algo. Me dijo que pillara el eleveitor y subiera una planta. Aquello ya era otra cosa. De vez en cuando me cruzaba con alguien. Había una cafetería muy chula regentada por dos primos de Apu, el el badulake de los Simpson. Pensé que al ser inmigrantes sería comprensivos, pero el cabronazo que me atendió me hablaba la leche de rápido y hacía como que no me entendía.

    Eran las 00.00. Conseguí pedirle un café mediano y dos pasteles. Me puso un vaso de café de medio litro y los dos magdalenas raras. No protesté porque tal cantidad de café me venía al pelo para pasar toda la noche despierto. Ojo al dato; me cobró 4,75 libras (casi 8 eurazos por dos magdalenas y un café). Después de ahorrarme las 18 libras del bus me podía permitir esto y un buen desayuno de mañana. Además, ¿que voy a hacer yo con 30 libras en Nicaragua?. Ahora mismo, a la 1.00 estoy en la cafetería escribiendo esto, acabando el café y la primera magdalena (bajan mal, son un poco empalagosas). Les pregunté a qué hora cerraban el chiringuito, y me dijeron que la Terminal cerraba de 2 a 4. No sé donde pasaré esas dos horas. Fuera hace mucho frío. Lo bueno es que no voy a ser el único, hay un par de individuos durmiendo en unos asientos del pasillo.

    3.00. Soy más cazurro de lo que pensaba. Resulta que el morenito me dijo que la cafetería cerraba de 2 a 4, no la Terminal. Fue un alivio. Esto parece un hospital de guerra, la gente está zapateada por todos los asientos y por el suelo durmiendo, con la cabeza apoyada en los equipajes. Intenté pasar un poco el rato conectándome a Internet, pero estos ladrones sólo me dieron 20 minutos de conexión por 2 libras. Por encima, me olvidé en el asiento la bolsa con mi otra magdalena. Cuando volví a por ella ya no estaba.

    Por ahora me dura el efecto del café, sigo despierto, pero mi a estómago no le hizo mucha gracia, me cuenta que se siente como si le hubiesen metido un par de patadas. Por cierto, el café era de lo peor; malísimo. Espero aguantar despierto hasta que embarque, a las 9.30, y así dormir como un campeón en el avión.

    Son las 7.30. Aquí la vida comienza entorno a las 5.30. Los primeros en llegar son los indios. Hay indios por todos lados. Son los que hacen el trabajo sucio. Sobre las 6 empiezan a llegar los dependientes y abren las tiendas y restaurantes. Hay que echarle narices para irse a comer a un Burguer King a las 6 de la mañana. Como ya estaba harto de estar sentado, en cuanto abrieron los mostradores de facturación para mi vuelo fui a llevar la maleta. Volví a coger el eleveitor para volver a la planta baja, donde no había nadie la noche anterior, y ahora estaba repleta de gente. Además de indios, había mogollón de árabes con turbante (y parece que con mucha pasta). Aquí operan las grandes compañías árabes, como Air Qatar. Se sabe bien donde están, porque delante del mostrador tienen alfombras persas.

    Gracias a dios no cojo aviones a menudo, porque sino me saldría una úlcera de estómago. Mi aparato digestivo está en este momento destrozado. El gran desayuno que esperaba tomar lo he tenido que reducir a un zumo de naranja y media chocolatina. La combinación de nerviosismo y falta de sueño me resulta fatal.

    Cuando facturé me prometieron enviar mis maletas a Managua, por lo que no las recogería en Miami. Además, me dieron un par de papeles para entregar a mi llegada a EE.UU. Estos papeles son unos cuestionarios simpáticos dignos de ver: te preguntan si eres retrasado mental, si eres adicto a las drogas (me pregunto cómo entraría Julio Iglesias), si eres un terrorista, o incluso si fuiste un genocida entre 1933 y 1945. Impresionante. Para terminar tienes que firmar una declaración jurando que dices la verdad y que lo has comprendido todo. Y si no tienes ni idea de Inglés, te lo aprendes, porque ellos no se molestan en traducir el papelito.

    Las últimas horas en Londres fueron fatales. Como íbamos a EE.UU., cómo no, nos hicieron ir a una sala especial, donde estuvimos encerrados una hora. También revisaban los equipajes de mano aleatoriamente. Me estaba quedando sopa y no veía la hora de llegar al avión para echarme a dormir. A las 9.15 nos metieron en un Boeing 747. Menudo bicharraco. Tiene dos pisos y en cada fila hay 10 asientos. No pude ver como era la bussines class, pero debería de ser impresionante, juzgando como era la clase turista.

    La British Airways me tiene impresionado. Creo que los de Iberia tienen mucho que aprender de estos. Aunque sólo sea la simpatía. En tu asiento al llegar te tienen un verdadero kit de supervivencia para las 10 horas de viaje: una manta, una máscara para ojos, un par de calcetines (¿?), y un pequeño cepillo de dientes con su pequeño bote de pasta. En cada asiento hay una pantalla en la que puedes ver 18 canales de televisión, aunque sólo en las películas puedes seleccionar doblaje en Español. El resto son series , dibujos animados, monólogos y deportes. También hay un canal en el que te muestran en un mapa la posición actual del avión, la velocidad que lleva, y el tiempo restante de viaje.

    A las 11 nos dieron de comer. De las opciones que me dieron sólo entendí la de porllo con arroz, así que fue lo que pedí. El pollo llevaba una salsa matagigantes al más puro estilo machote mexicano. Intragable. Comí un poco, pero mi estómago me recordó mas tarde que hubiese sido mejor no haberlo hecho.

    A las 3 de la tarde nos sirvieron la merienda, que estuvo mucho mejor; una bolsa de fruta y un bocadillo vegetal. Con todas las comidas te ponen un cubilete de unos 15ml. de leche. Yo lo utilizaba para sacar el sabor que la comida de la boca. Me imagino que será para eso.
    En el viaje hubo un momento que lo pasé mal. Me estaba mareando, el arroz me daba vueltas, tenía nauseas y todavía no había dormido nada. Fue un momento de bajón. Fue un momento de esos en los que te preguntas; “¿Qué necesidad tengo yo de meterme en estas historias, con lo cómodo y tranquilo que podía estar en casa?”. Si en ese momento tuviese un botón, que pulsando, me llevase a casa, lo habría pulsado. Pero fue un rato. Luego se me pasó.

    viernes, febrero 03, 2006

    Bienvenidos

    Me llamo Manuel Franco (Manuel para algunos, Manolo para otros, y Manolito para mi tía Lala). A pesar de que soy de ascendencia gallega, raza de emigrantes, aunque sólo lo sean por obligación (como decía Castelao, “en Galicia non se pide nada, emígrase”), hasta hace bien poco, casi no había comprobado lo que había más allá del Bierzo. Así que, viendo que la vida pasa deprisa, y siendo consciente de que hay prácticamente las mismas posibilidades de morirse resbalando en la bañera de casa que bajando en canoa por un río del Congo, decidí “obligarme” a realizar un viaje. Un viaje que fuese cuanto más original mejor.

    Mis aspiraciones, en un principio, eran bastante modestas, irme a Francia de erasmus, a Toulouse. El tema salió mal. Dejémoslo ahí porque este blog es demasiado joven para presentar palabras malsonantes.

    Supongo que todos tenéis un amigo, que por unas razones o por otras, ha influenciado vuestra vida, hasta el punto en el que se puede decir, que sería bastante distinta si esa persona no hubiese existido. A algunos, esas amistades los llevan a meterse en política, a otros en la droga, a practicar deportes, a invertir en bolsa (jeje), o a elegir estudios. En mi caso, mi amigo Pablo me ha traído a Nicaragua. No lo va a hacer él, que lo hará Américan Airlines, pero estoy bien seguro de que si él no existiese nunca llegaría a ir a ese lugar.

    Tras agotar la opción de Toulouse ya me imaginaba un curso más en Ourense, realizando mi proyecto de fin de carrera. Lo bueno de no ir a Francia es que tenía un dinerito ahorrado que pedía a gritos volver a la circulación. Dispuesto a realizar el proyecto en Ourense me fui a junto una de mis profesoras para que me asesorara sobre lo que podría hacer. Me dijo que existía la posibilidad de hacer el proyecto fuera de la Universidad. Entonces se me encendió la bombilla y me acordé del hermano de Pablo, Guille, que trabaja en una ONG en Nicaragua (Amigos de la Tierra). Ellos llevan a cabo en Nicaragua proyectos de desarrollo sostenible, generalmente relacionados con temas agrícolas. Yo estudié Ingeniería Técnica Agrícola, así que supuse que podría ofrecerme algo que yo podría hacer. Inmediatamente me puse en contacto con él. Le pareció buena idea, y ahí empezó todo. Me propuso hacer parte de un proyecto, en el Norte de Nicaragua, en el municipio de Somoto, sobre la conservación de suelos.

    Con este blog, pretendo, principalmente, estar en contacto con mis amigos y mi familia, para que sepan un poco de cómo me van las cosas aquí, ya que las comunicaciones con España son complicadas. Por otro lado, me gustaría contar cosas que me hubiesen contado a mí antes de empezar este viaje, por si a algún insensato se le ocurre hacer algo parecido. Pienso que son cosas útiles aunque viajes a otro sitio distinto de Nicaragua. La tercera razón, es para que al que le interese, pueda conocer más cosas de otro país. Es cultura general que no viene de más, aunque mi punto de vista en Nicaragua sea como el de un extraterrestre describiendo la Tierra. Si tenéis correcciones y comentarios al respecto de lo que cuento, espero que participéis dejando vuestra opinión.